5 de julio 2002 - 00:00

Más consecuencias de haber adelantado las elecciones

• Los más veteranos analistas políticos no recuerdan otro período preelectoral como el de ahora en los últimos 50 años, por lo menos, donde la fijación de un calendario de votación nacional provoque la necesidad de tanto razonamiento frente a las casi innumerables posibilidades que se abren. Desde las embajadas extranjeras que deben informar a sus cancillerías, pasando por las filiales que reportan a sus casas matrices en el exterior, siguiendo con los políticos que deben definir sus posiciones personales y las de sus partidos hasta los periodistas, a los que no les alcanza la tradicional nota de prensa acotada para resumir todo el panorama posible que se viene, son las víctimas de este febril ajetreo que comenzó con el anuncio del gobierno el martes: elección presidencial en marzo, quizá junto con adelantada de legisladores. Antes, en noviembre, elecciones internas obligatorias y simultáneas entre partidos y candidatos, que es la gran novedad sin precedentes en la historia política de la Argentina, para poder participar en la votación en marzo.

Tampoco está claro entre los funcionarios del gobierno cómo encarar las internas de noviembre (véase importante declaración del vocero presidencial, Eduardo Amadeo, en nota vinculada), aunque está claro un intento de Duhalde pensando que el justicialismo irá, en definitiva, monolíticamente a las urnas de marzo y, entonces, le conviene favorecer que haya múltiples partidos rivales cuya creación se favorecerá.

Agréguese la incógnita, enunciada pero sin resolver aún, de una reforma electoral que permita -también por primera vez en la historia nacional- presentarse como candidato a presidente a ciudadanos sin partido, pero reuniendo 4 por mil de firmas en no menos de 5 distritos del país y se tendrá la real magnitud del casi infinito panorama de posibilidades que se abren.

Por si faltara poco a tal desmadre de las tradiciones políticas argentinas más arraigadas -aunque se estimen las nuevas variables como positivas- el gobierno le agrega el posible intento de convocar a una nueva reforma a la Constitución nacional. «Basta, cartón lleno, me voy a dormir o se me hace un nudo en la cabeza», decía ayer con ironía un político del radicalismo. Frente a la imposibilidad de resumir en notas al viejo estilo de prensa, este diario -como ya lo hiciera en su edición de ayer- va enunciándole al lector, en forma breve y concisa, algunas de las posibilidades que diariamente van apareciendo en distintos diálogos de análisis que se suceden en gran cantidad de reuniones.

• Todo lo que sea internas les agrada a los radicales. Han vivido más para ellas, quizás, que para gobernar o legislar. Pero ésta de noviembre, abierta, obligatoria y como precondición para participar en los comicios generales de marzo les origina muchas conjeturas. No saben si aún lo son, pero si los radicales quieren mantener el slogan de ser «única alternativa histórica al peronismo» tienen que mostrar en la interna de noviembre un número considerable de votantes. Por lo menos detrás del justicialismo en cantidad de concurrentes a las urnas, si aspiran a seguir sosteniendo también que el radicalismo es «uno de los dos más grandes partidos políticos argentinos». Las últimas derrotas y el haber tenido que recurrir a una nefasta y gestada con fórceps Alianza con la izquierda del Frepaso en 1999, pegada a su ala derecha delarruista del partido -una total incongruencia- ya hizo trastabillar ese año el slogan de «uno de los dos más grandes». El resultado de ese gobierno (el desastre de De la Rúa como presidente) agravó la situación, no le dio tiempo de recuperarse de su segundo abandono precipitado de la presidencia de la Nación (el primero fue Raúl Alfonsín en 1989) y se enfrentan con despiadados motes -que se oirán en este proselitismo próximo- como que un presidente radical sólo es un recreo en las permanentes internas para intentar ocupar ese cargo. Si los consideran «reyes del internismo» no pueden aparecer en noviembre próximo con un escaso caudal. Crear una nueva interna en el radicalismo lo ven fácil para ellos y casi la tienen preparada desde que olfatearon que el gobierno de Duhalde se caía y adelantaría las elecciones. Tenían preparado al gobernador del Chaco, Angel Rozas, y lanzó otro sector («Fredi» Storani) en Villa Gesell, hace pocos días, a Rodolfo Terragno. Ya tienen dos y un Raúl Alfonsín que preventivamente renunció a la senaduría para «volver a la lucha partidaria» para cocinar una buena interna «a lo radical», sin mucha sangría por agresiones ilevantables luego de la campaña y comprometiéndose a repartir cargos y empleos públicos para todos, cualquiera sea el que gane la interna o sea, respetando una tradición partidaria muy arraigada.

• El problema que los acosa a los «correligionarios» es también cómo lograr una cantidad de votos respetable en una «interna abierta» donde no parece que vaya a haber muchos «'ciudadanos independientes'» que se molesten en ir a votar a una interna radical cuando no es obligatoria». Menos entre figuras tan poco diferenciadas como podrían ser Terragno y Rozas. Pero, a su vez, sufren más: que se les vayan hasta los tradicionales afiliados de su internismo, los que convoca Storani porque saturó con ellos al emplearlos en el PAMI o los famosos taxis de acarreo de Leopoldo Moreau con sus no menos voluminoso caudal de empleos otorgados en la ANSeS. Si faltaran problemas, Elisa Carrió les puede arrebatar una masa considerable de radicales desilusionados en la estela turbulenta del posaliancismo. Se ve como poco sólido al inefable Leopoldo Moreau atacando constantemente a la ex mística radical y jugando de «izquierda interpartidaria» para que no se vayan con el Arismo de la Carrió. López Murphy les arrebatará los radicales racionales en economía que les quedaban. Raúl Alfonsín -antes del derrape de la Alianza en el gobierno- ya apenas lograba convocar menos de un voto (exactamente 0,8) por cada 10 electores generales bonaerenses (en 1999 con voto obligatorio).

• Otra preocupación radical es que también haya correligionarios que ante una poco atractiva interna partidaria se vayan a la del justicialismo. Sólo se permitirá al ciudadano votar una vez, lógico, a cualquier partido, pero según Amadeo, (ver página 4) cada ciudadano, afiliado a un partido o no, podrá votar en la interna que quiera. Por ejemplo ir a «votar contra Menem» con sufragio a cualquiera de sus opositores justicialistas. En realidad esta posibilidad no es sólo radical. La izquierda y hasta el ARI de Elisa Carrió, que casi seguro tendrá lista única y por tanto sin interna porque nadie se le opondría a la fundadora, salvo alguna parodia internista demasiado visible, hasta incitaría a sus seguidores a que vayan a la interna justicialista ¿Para votar por quién? Para Elisa Carrió sería preferible que los aristas voten por Menem porque lo quieren tener enfrente antes que a Reutemann en la elección presidencial de marzo. En cambio se conjetura que el más pícaro Luis Zamora -que tampoco tendría interna si va con fórmula única- mandaría a votar por el santacruceño Néstor Kirchner porque busca crear una izquierda nueva dentro del justicialismo.

• En 1988 la elección interna abierta del justicialismo permitió a Carlos Menem destrozar como candidato a Antonio Cafiero, ganar allí y luego a Eduardo Angeloz la primera de sus gestiones presidenciales. «Veníamos bien hasta las tres o cuatro de la tarde y luego vino una impresionante cantidad de votantes que terminaron votando todos para Menem», confesaba hace 14 años Cafiero, que no entendió cómo perdió esa interna con un riojano al que esperaba derrotar cómodo. Cafiero, en 1988, era casi «la fija» que «paga dos pesos, devuelve la plata» y eso azuzó a vaya a saber cuántos independientes o de otros partidos que aprovecharon esos comicios internos «abiertos» para apoyar a un gobernador provinciano como Menem que recién se proyectaba y en el cual los analistas, como con Juan Perón en 1946, apenas reparaban.

• Lo mismo de 1988, que lo benefició, lo puede acechar ahora a Menem: como pinta para «fija» en los aprontes de la interna justicialista pueden venir independientes de otros partidos a votarle a los adversarios que le pueden hacer sombra. Si es, como hasta ahora se piensa, que en la interna de un partido puede votar también cualquier «independiente» de ese partido, aunque sea afiliado de otro. De esta posibilidad trata aceleradamente de convencerlo el cordobés José Manuel de la Sota a Carlos Reutemann que siempre fue reacio a enfrentar a Menem. Hasta el santacruceño Néstor Kirchner, de muy escaso relieve dentro del justicialismo, pero con mucho dinero para proyectar su figura, podría salir beneficiado de quienes aunque en marzo vayan a votar libremente a quien quieran, en esta interna de noviembre del PJ tratarían de parar a Menem. El riojano para la izquierda es una obsesión. Que desde un partido de masas -que esa izquierda sueña con poseer- haya salido un político victorioso en las urnas que llevó a su partido y al país a pegarlo a Estados Unidos, es algo indigerible para los adoradores de Marx y su vicario en la tierra Fidel Castro.

• Las internas de diciembre podrían ser un plebiscito «Menem sí o Menem no», aprovechando muchos esa votación en el PJ. Y podría entonces ser inclusive distorsionante de la realidad ideológica de los partidos políticos, por lo señalado. Además, podría darle un caudal de votos recogidos al justicialismo en una proporción abrumadora sobre los demás partidos que tampoco condiga con la realidad ni termine reflejándose en la elección presidencial de marzo en el mismo grado, cuando ya todos -y obligatoriamente- vayan con su voto a consagrar presidente de la Nación. Hábil para darse cuenta de que muchos piensan en noviembre votar Menem o antiMenem, dentro de la interna abierta del PJ, Kirchner el miércoles, cuando firmaron los gobernadores en Olivos frente a Duhalde, lo hizo agregando que quería el voto obligatorio para esas internas de noviembre de todos los partidos. En una provincia con escasos 200.000 habitantes, un número que equivale al de un barrio de la Capital Federal, el santacruceño no tiene otra manera de llamar la atención que mantener sus posturas permanentes y hasta a veces grotescas de rebeldía. En una elección sólo de internas obligatorias negarle la abstención que desee a un ciudadano sería anticonstitucional. No puede haber imposición a quien no quiera hacer política partidaria. Pero figuras justicialistas -Kirchner no es el único aunque el más chico- apoyarían la obligatoriedad a todos los ciudadanos para tratar de captar el voto antiMenen.

• Por lo anterior, en las actuales cavilaciones políticas, es obvio que por lejos la interna del justicialismo en noviembre va a ser la más importante. Para muchos, ya se dijo, quien gane esa interna tiene allanado el camino a la presidencia de la Nación en la elección de marzo. Es casi obvio esto.

• El cronograma electoral argentino comienza a repercutir en el exterior. En Brasil hacen el siguiente cálculo. Nos acecha un futuro populista y distribucionista forzado -en definitiva decadencia asegurada para un país- con la proyección hoy mayoritaria y al parecer irreversible de Lula a la presidencia de la nación en noviembre, justo cuando la Argentina casi seguro va al camino inverso de apoyo empresario y acercamiento con el Fondo Monetario y Estados Unidos tanto si gana la presidencia Carlos Reutemann como Carlos Menem, y es lo más probable que entre ellos dos esté el futuro presidente de la Argentina. La consecuencia que sacan es lógica: los capitales que huyen de Brasil por el temor a Lula, podrían converger sobre la Argentina donde, además, por una devaluación brutal de 250% los precios están regalados, incluyendo las empresas. Además en Chile, aunque aún falten años, es casi segura la llegada en elección general del centroderecha con Joaquín Lavín al poder desplazando 20 años de gobierno socialistas moderados y democristianos. Los brasileños ven una gran atracción y apoyo de Estados Unidos hacia esa conjunción del sudeste sudamericano con detrimento posible para su país embarcado en un lulismo que espanta capitales e inversiones.

En Chile empiezan a observar lo mismo y más si la llegada eventual de Carlos Menem de nuevo al poder es acompañado por la fuerte gravitación que tiene en él una chilena tan famosa como Cecilia Bolocco, su esposa. Un eje Argentina-Chile preocupa más aún a Brasil.

Y se sumaría Uruguay. Es indudable que el presidente Batlle tiene una larga amistad y admiración por Menem, además de coincidencia en ideas y enfoques en el manejo económico. Sin el mismo grado de amistad lo mismo sucedería con un Reutemann presidente. Uruguay sabe que por más que se enoje e intente lo contrario, su economía sube o baja considerablemente en función de que le vaya bien o mal a la Argentina por dos conductos importantes, el financiero y el turístico. Por tanto Batlle -que hace poco debió cancelar un ansiado y buscado almuerzo con Menem y venir a disculparse, forzado y a disgusto con Eduardo Duhalde por un traspié grueso del mandatario oriental- es uno de los más contentos con el anuncio del cronograma electoral argentino y las perspectivas que se abren con el cambio de gobierno. Más aún: hay uruguayos que piensan que ya sólo con este cronograma, las angustias de Uruguay comenzarán a ceder -estabilizarse por los menos- aunque falta un año para que asuma un nuevo presidente argentino.

• Pero el cronograma electoral lanzado por el duhaldismo no es una panacea para la destruida economía argentina. El próximo presidente recibirá un país sin soluciones de fondo encaminadas aún cuando haya acuerdo con el FMI, sin que el gobierno de transición haya afrontado algún costo político con medidas antipopulares de austeridad y, por el contrario, haya desperdiciado tiempo en iniciar la recuperación. No podrá ser dadivoso -ni lejanamente populista- el próximo presidente, aunque esté más cerca su llegada, por la destrucción que le deja Eduardo Duhalde. Será peor que la actual situación en términos económicos (avejentados los equipos de producción por falta de inversiones en mantenimiento y renovaciones, salarios más deteriorados que querrán recomposición porque aún con la ayuda del FMI hay ajustes de precios contenidos por falta de demanda en esta recesión, deuda pública que se acercará a los 180.000 millones de dólares, vencimientos acuciantes de esa deuda que será necesario renegociar, etc.). Además -esto se teme mucho-el populismo visceral que caracteriza y seguirá caracterizando a Eduardo Duhalde lo expone a que en su despedida agudice el déficit del presupuesto como hizo al terminar su mandato como gobernador bonaerense. Desde la «ley cultural» para asegurarse buena prensa del monopolio «Clarín» en el llano, al temible «seguro de cambio» para la deuda privada externa con precios a una paridad dólar retroactiva, son acechanzas que pueden agravar aun más el país que reciba el sufrido próximo presidente argentino.

• Si se teme a la demagogia de Duhalde como despedida, no es menor el temor que causan legisladores que posiblemente puedan ser votados junto con la elección presidencial en marzo para asegurar un mejor Congreso futuro que sustituya en parte o todo al penoso actual. Pero como casi seguro no se podrán acortar los actuales mandatos que seguirán hasta el 10 de diciembre, 8 meses después, los que ya saben que se van pueden transformar el Parlamento en un desquicio de sanción de leyes demagógicas y quizá con la anuencia del gobierno que también se irá y antes. Entre la elección de marzo y la asunción del nuevo presidente el 25 de mayo próximo se calcula que puede haber un festival de leyes demagógicas en la Argentina en ese temible mes intermedio de abril del año próximo. Aún así hasta diciembre de 2003 cuando renueva por mitades el Congreso (si no se logra renovar todo), si se mantiene el esquema actual, conducir la Argentina puede transformarse en un continuo juego de sanciones parlamentarias y vetos del nuevo Poder Ejecutivo. Para pruebas veamos esta sanción a hurtadillas en el Senado de que no se podrán privatizar servicios estatales de salud como el PAMI. Presentó el proyecto, lo gestionó en comisión y lo hizo aprobar en recinto el senador y sindicalista Luis Barrionuevo. El mismo Barrionuevo que desde servicios funerarios a alimentarios se ha enriquecido con el PAMI estatal.

Elecciones internas partidarias novedosas y elección presidencial adelantada ¿Podrán cambiar mentalidades como la de los sindicalistas y de legisladores desaprensivos para el país que alegremente le votan sus proyectos mezquinos, privados o aplauden cuando se expresa que no pagaremos la deuda pública y nos separamos del mundo?

Dejá tu comentario

Te puede interesar