José Manuel de la Sota sigue en su largo carreteo, sin levantar altura, como aquel «barrilete remendado» que describió premonitoriamente José María Díaz Bancalari la primera vez que se discutió la candidatura del cordobés en el PJ bonaerense. A las dificultades que ya encuentra en la provincia de Eduardo Duhalde, donde el PJ viene evitando un pronunciamiento explícito en favor del gobernador, se le sumaron en los últimos días las del gobierno nacional, que encontró problemas técnico-legales para desembolsar los u$s 100 millones que le permitirían a De la Sota rescatar parte de los Lecor que emitió en su momento la provincia. Sin embargo, ayer, al parecer presionado por el propio Eduardo Duhalde, el jefe de Gabinete terminó por suscribir el decreto correspondiente, que hace temer por su futuro jurídico a varios funcionarios del gabinete. De la Sota tendrá así sus u$s 100 millones y el PJ una polvoreda por las quejas que se levantarán en las demás provincias. El bloque de diputados del PJ será tal vez el escenario más inmediato para que se haga sentir esta disidencia.
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A las limitaciones que enfrenta De la Sota se le sumó en las últimas horas una más: la prescindencia, al parecer definitiva, de Carlos Reutemann en la interna del partido.
Las razones de esa neutralidad son varias y bastante comprensibles. Por un lado, hay un argumento en el que suelen insistir en estos días los seguidores más cercanos del gobernador de Santa Fe: «Es obvio que 'Lole' tiene más votos que De la Sota, no sólo porque arrastra a su provincia sino por las adhesiones que tiene en la sociedad en general. ¿Por qué va a reducir todo eso a las dimensiones de De la Sota, cuando todavía no está claro que pueda mantenerse en la candidatura?». Pero no es la única razón por la que Reutemann será especialmente parco para pronunciarse en la interna. También hay algún disgusto por la manera en que el delasotismo se ha inmiscuido en la provincia de Santa Fe, indicando a Jorge Obeid como su hombre local. Obeid, que aspira de nuevo a ser gobernador, es un opositor interno al jefe provincial.
•Ambivalencia
Si Reutemann tiene motivos propios para mostrarse indiferente al choque entre los distintos candidatos, hay una razón más general que lo justifica: la prescindencia del resto de los mandatarios del PJ. Hasta Felipe Solá se mantiene en una pasable ambivalencia, dominada por la lógica que ha adquirido la interna de su distrito, donde su candidatura a la reelección parece prosperar más de lo que concibe Duhalde. Los mandatarios del Norte, ya es sabido, no avalan a ningún candidato y en todo caso siguen respaldando a Juan Carlos Romero, quien lidera el grupo y mantiene su proyecto presidencial.
La neutralidad de Reutemann, expresada con medias palabras y gestos desde su convalecencia rural (recién hoy le colocarían una bota para que pueda desplazarse con alguna comodidad después de la operación que le realizaron en la pierna), confundió a varios de sus acólitos y, sobre todo, desconcierta a De la Sota. Angel Baltuzzi y Julio Gutiérrez están ya arrepentidos de haber viajado a Córdoba de manera atolondrada para participar del acto de lanzamiento proselitista que montó el gobernador de la provincia.
Para De la Sota también significa un costo importante la renuncia de Reutemann. Cuando le preguntan si tiene o no el apoyo del gobernador de Santa Fe, debe hacer malabares para responder: «No le puedo pedir que haga campaña por mí», «tenemos coincidencias», «él está administrando la provincia» son las frases de ocasión del cordobés, quien espera en vano un pronunciamiento en su favor. El silencio lo perturba especialmente y acaso no exprese sólo una prescindencia sin emoción: muchos hombres de Reutemann están convencidos de que su jefe en realidad fue víctima de De la Sota. Creen que el cordobés apresuró adrede la postulación del santafesino para que, haciéndolo retirar de la carrera por el acoso, le quedara la cancha libre.
En materia de recuento de distritos, el alejamiento de Reutemann también complica a De la Sota, quien no contaría con Santa Fe en bloque, tampoco con la provincia de Buenos Aires y dificultosamente con la de Córdoba, que está fracturada por la propia crisis de su administración. Tal vez se cumpla la profecía de sus adversarios: a mediados de agosto el candidato medirá sus posibilidades en una encuesta (la está realizando en este momento la empresa del brasileño «Duda» Mendonça) y, si no son alentadoras, desistirá del empeño. Sería una pesadilla para Duhalde.
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