18 de enero 2006 - 00:00

"Me juzgan por no ser peronista ni radical"

Aníbal Ibarra no descuidó que su alegato tuviera los componentes políticos necesarios para decorar los argumentos jurídicos. Así intentó mostrar que el proceso que busca su destitución era una maniobra alentada desde la política. Le adjudicó esa autoría a su contrincante Mauricio Macri.

«Todos los cargos tienen que ver con lo que hice mal o bien durante mi primer mandato. El juicio político tiene que ser del mandato vigente de ningún modo puede dirigirse a un mandato fenecido, terminado»,
lanzó Ibarra. Y calificó la jugada como «un golpe institucional».

Ibarra
buscó instalarse en ese plano para plantear la pelea ya no en el territorio de las leyes sino el de un enfrentamiento entre la derecha y la izquierda. En ese extremo ubicó a los legisladores que impulsan su destitución y en el otro a los que defiende su continuidad.

La «politización» del caso Cromañón, ya la había insinuado el ex fiscal Julio Strassera cuando en un reportaje recordó que el vicepresidente de la Legislatura, Santiago de Estrada, fue embajador de la dictadura militar en el Vaticano y que Sandra Ferrero -la legisladora que presidió la Comisión Cromañón y produjo el crítico informe contra Ibarra- había sido socia de Eduardo Massera.

• Perdedores

Ayer el frentista no descuidó esos detalles y además de facturar la traición de Farías Gómez avanzó contra los fiscales que lo acusan y hasta deslizó que eran antidemocráticos por haber incluido en el juicio político la primera gestión de su gobierno.

«Qué autoridad tienen para analizar el mandato terminado, ratificado luego por una elección. No se puede ser mal perdedor, ustedes tres perdieron la votación y también ellos»,
le escupió Ibarra a Jorge Enríquez, Jorge San Martino y Rubén Devoto.

También advirtió que los diputados que pretenden su remoción quieren «corregir el voto popular», como fue «el sueño de los militares en la década del '60 y el '70».

Ibarra
cerró su discurso con polémica: mencionó una serie de tragedias ocurridas en los últimos 15 años en el país, y deslizó que el proceso que se lleva a cabo en su contra se debe a que no pertenece al peronismo ni al radicalismo.

En ese grado de exasperación no pudo dejar de mencionar a Elisa Carrió. No lo hizo en el recinto legislativo, pero sí cuando abandonó la casa de las leyes. Es que la líder del ARI se resiste a realizar un pronunciamiento sobre la suerte de Ibarra y hay quienes aseguran que ni siquiera atiende los llamados que los operadores del jefe de Gobierno le hacen con insistencia.

«Si plantea un contrato moral, debería saber que el primer contrato moral debe ser el respeto al voto de la sociedad»,
se despachó Ibarra mientras un coro de seguidores festejaba la definición.

Por el contrario, agradeció a los dirigentes que se pronunciaron en diferentes tonos de respaldo, y mencionó al ex presidente radical
Raúl Alfonsín; al socialista Hermes Binner; a los intendentes de Córdoba, Luis Juez; y de Morón, Martín Sabbatella; al ministro de Educación, Daniel Filmus, y «a las organizaciones de derechos humanos, culturales y sociales» que motorizaron una concentración para apoyarlo.

Cuando falta poco tiempo para que se defina su suerte en la Legislatura, los incondicionales de
Ibarra repiten una paradoja: «Cuando mejor estamos con la sociedad, peor nos va con los votos» en la Legislatura.

Y sin anticipar el desenlace descreen todavía que una eventual destitución clausure su carrera política:
«Con 50 por ciento de imagen positiva, Ibarra tiene futuro», señalan y hasta arriesgan que podría presentarse como candidato a senador por la Ciudad en 2007.

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