«Quiero pruebas, quiero pruebas», clamó Carlos Menem en el country armenio. Se refería a la promesa de una nueva amistad o conciliación que le prometieron, entre sí, Eduardo Bauzá y Alberto Kohan, de la cual hasta ese momento no tenía resultados. Finalmente, en las últimas 48 horas, los dos lugartenientes acercaron un proyecto consumado: suman los equipos de trabajo que ambos pilotean (Kohan, 12 comisiones, unas 400 personas; Bauzá 7 y unas 250 personas) y, como muestra del entendimiento, hasta se trasladarán a un edificio único: el gremio petrolero (a cargo de Antonio Cassia). Fin de las desavenencias, por ahora.
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Es que la pugna Kohan versus Bauzá, o viceversa, se arrastra desde los tiempos en que Menem gobernaba La Rioja y, por supuesto, se acentuó durante los diez años que permaneció en la Casa Rosa-da. Con altibajos, nunca llegaron a congeniar, más bien se enfrentaron con propósitos de exterminio. Como es obvio, esa confrontación persistió una vez alejados del poder y se renovó durante el inicio de la campaña. Hasta que se produjo un choque superior y, en La Rioja, Menem decidió intervenir. Hasta ese momento, como siempre, había observado con delectación esa puja, hace 20 días entendió que podía perjudicarlo.
La gota que derramó el vaso fue la designación de Alberto Pierri como delegado organizador del peronismo bonaerense, idea que llevó Bauzá y al cual Kohan resistió. No tanto por cuestiones personales, ya que tiene buen trato con Pierri, sino porque él mismo había desarrollado un abanico de punteros en la provincia que se podía complicar con ese nombramiento, ya que podía quebrar la horizontalidad de Roberto «Roby» Fernández (Quilmes), Luis Patti (Escobar), Alberto Lestelle (Olavarría), Enrique «Patón» Pérez (Balcarce), Sergio Bivort (Pilar), entre otros. Pero Menem, finalmente, entendió que requería de una conducción e impuso a Pierri para alegría de Bauzá y cierta decepción de Kohan. Luego, sobrevinieron otros conflictos y, por último, como si fueran colegiales -en La Rioja-el candidato conminó a sus dos colaboradores: «Se arreglan o no sigo más con ustedes». Y los encerró en una pieza hasta que se amigaron. Una semana más tarde les hizo sacar una foto juntos y desde esta semana integraron los equipos en el SUPE. Todo por la postulación.
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