Muchos asistentes a la cumbre del PJ bonaerense en Olivos escucharon ayer una frase de Carlos Ruckauf: «Cuando Eduardo Duhalde toca campana, todos vienen y mueven la colita delante de él». El canciller y ex gobernador acuñó esa sentencia -de sólida raigambre canina, se entiende-después de haber experimentado en carne propia la conducta de los caciques provinciales y su relación con el máximo líder territorial.
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Por eso, no sorprendió demasiado que en la quinta presidencial aparecieran «punteros» que se consideran seguidores de Néstor Kirchner o de Adolfo Rodríguez Saá, mezclados con duhaldistas leales como Eduardo Camaño, José María Díaz Bancalari, Daniel Basile y Osvaldo Mércuri, quien no duda en agitar una precandidatura a gobernador, en desafío a Felipe Solá.
• Desde la vereda adolfista, desembarcaron los intendentes de la primera sección electoral Enrique «Quito» Salzman (Marcos Paz), Jorge Varela (Campana) y Julio Gioscio (Mercedes). Salzman y Varela ni siquiera se preocuparon en justificar por qué ya no frecuentaban las citas del comando de campaña de Rodríguez Saá. Simplemente, saludaron a Duhalde y sus amigos como si nunca hubieran desafiado las directivas del oficialismo. Es más, se los considera reencauzados en la vida doméstica del peronismo distrital.
Distinto es el caso de Raúl Othacehé, una suerte de jefe de aquel trío de jefes comunales. Muy cerca de Aldo Rico, «El Vasco» se mantiene en el redil del caudillo de San Luis y, en la víspera, prefirió no dar señales de vida en el entorno duhaldista.
• Los kirchnerianos Luis Ledesma y Luis Ilarreguy resultaron un enigma. Nadie atinó a certificar si estos senadores provinciales habían peregrinado a Olivos porque sentían culpa de haberse lanzado, sin bendición de la cúpula partidaria, hacer proselitismo por Kirchner.
Pero la mayoría se inclinaba por pensar que se trataba de una misión espía enviada por el mismo santacruceño. Alberto Fernández y la plana mayor del comando de Kirchner imaginaban que, del plenario duhaldista de ayer, podía surgir un eventual apoyo oficial.
El matancero Alberto Balestrini fue el primero en detectar la presencia de Ledesma. No es para menos: el robusto legislador cuenta votos para Kirchner, a cambio de que este último lo ayude a pelearle la butaca de intendente al mismo Balestrini.
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