Moyano, pac-man, ya piensa en los ovnis

Política

La índole voluble del poder, su carácter esquivo, ha tendido desde antiguo un vínculo entre los políticos y las ciencias de la adivinación. Desde los oráculos griegos y los augures romanos. En la Argentina, esa propensión ha dado más de una rareza.

Desde la asesoría que ejercía la Madre María sobre Hipólito Yrigoyen, hasta las visitas que el célebre vidente inglés conocido como Mister Lucky realizaba, bien temprano, al despacho de Juan Perón, llevado de la mano de Ramón Carrillo. Hasta el día en que apareció Evita y le aclaró al ministro de Salud: «Carrillo, a este hombre no lo quiero ver más por acá. Sepa que al General la única que le dice cómo es el futuro soy yo».

Esas propensiones de Perón por las adivinanzas terminan, una y otra vez, en López, como él llamaba al «Brujo» José López Rega. Isabelita sigue, todavía ahora, visitando Egipto y las tumbas de los faraones, siguiendo las enseñanzas del ya fallecido «Lopecito».

En la misma tradición, con matices, se inscribió Carlos Menem. Ni bien asumió su gobierno, le tocó leer un texto escrito por el muy católico Gustavo Béliz. Era el Día de la Industria. Los empresarios le escucharon al riojano, quien por entonces era una incógnita, predicar que «el país no saldrá de su crisis confiando en la magia, la astrología, la alquimia, la adivinación...». Enseguida Menem levantó la cabeza y quitándose los anteojos aclaró a su audiencia: «Disciplinas por las que guardo el mayor de los respetos».

Más sobrio en sus efusiones y para sorprender que fue sólo un alto consumidor de encuestas, Eduardo Duhalde también recurrió a la orientación de expertos en esoterismo. Fue él quien descubrió, en su Instituto Cosmobiofísico de Investigación, a Pedro Romaniuk, el depositario de las premoniciones de otro profeta, Benjamín Solari Parravicini. Gracias a las evidencias coleccionadas por Parravicini, Romaniuk le hizo creer a Duhalde que, por sus rasgos de personalidad y momento histórico de intervención, bien podría coincidir con el identikit de «El hombre gris». Ese personaje es una especie de semimesías que -imaginó Solari- Sacaría a la Argentina del marasmo. Como estos acertijos nunca tienen una precisión exacta, hay quienes apuestan a que «El hombre gris» es Néstor Kirchner.

Mañana, los gremialistas de la CGT que conduce Hugo Moyano se inscribirán en esta tradición ya secular. Romaniuk irá a visitarlos y hablará de sus temas: el fin del mundo por culpa de la agresividad, la derrota de los violentos, la aparición de un orden en el que sólo sobreviven los buenos. Alternativas que pueden resultar terriblespara el dueño de casa, claro.

Habrá que ver si «Don Pedro», como lo llama su anfitrión Vicente Mastroccola, cruza algunas barreras conceptuales y le habla a Moyano de los ovnis. Tratándose, en definitiva, de medios de transporte, es posible que el secretario general de la CGT quiera indagar más sobre el tema: ya se quedó con 5% del Belgrano Cargas, que no es un plato volador pero tampoco un camión. Es un tren. Todo es cuestión de conversar y conseguir un subsidio.

En tiempos de inflación, cuando todavía no se conoce el destino de los precios ni, por lo tanto, de los salarios, y cuando desde el seno mismo de la CGT se tejen alianzas peligrosas en su contra, es posible que Moyano quiera acceder a alguna consulta privada con Romaniuk, antes o después de su exposición en el salón Felipe Vallese. El futuro se ha vuelto brumoso para el camionero. Es cierto que hay colegas suyos -tal vez también él mismo- que tienen otras expectativas con el profeta que los visitará en la calle Azopardo. Como es sabido, gremialismo y turf son casi sinónimos en la tradición argentina. Por eso anoche ya había varios jefes de sindicato pidiendo audiencia. Suponen, cabezas frescas, que «Don Pedro» les puede tirar alguna «fija» para el sábado en San Isidro.

Dejá tu comentario