18 de julio 2008 - 00:00

Moyano teme una ola expansiva de derrotas

El secretario general de la CGT, Hugo Moyano,evaluó ayer con sus dirigentes más cercanos el posible impacto que la derrota del gobierno en el Senado respecto del proyecto de retenciones móviles podría tener sobre la central obrera y, en particular, sobre el moyanismo.

El análisis posterior a la derrota se produjo luego de que el camionero se mostró la noche del miércoles alineado con los Kirchner al punto que, por expreso pedido del ex presidente, concurrió a la carpa K montada frente al Congreso junto a sus lugartenientes Omar Viviani y Juan Carlos Schmid.

Fueron pocas horas de euforia. Pasada la medianoche, Moyano recibió un anticipo de la mala noticia que se confirmaría un rato después. En esos momentos, en la carpa, el camionero dialogaba con Norberto Di Próspero, titular del gremio que nuclea al Personal Legislativo.

Allí, con la semicerteza de que Emilio Rached votaría en contra y que, de tener que desempatar Julio Cobos lo haría en contra de las retenciones móviles, Moyano comenzó a evaluar con sus laderos el impacto que podía tener sobre él la derrota del gobierno.

  • Proyecciones

  • Tras la sorpresa llegaron las primeras proyecciones delicadas sobre el costo que deberá pagar la CGT oficial, pero, en concreto, el moyanismo. Anoche, de hecho, el gastronómico Luis Barrionuevo, con su CGT disidente, estuvo del lado de los ganadores.

    No fue un día fácil: por la tarde, el camionero enfureció cuando se enteró que fiscales de San Isidro habían pedido la detención de su hijo Facundo, creador del gremio de peajeros SUTPA, que irrumpió y rompió oficinas de la empresa que explota Autopistas del Sol.

    Dos hechos desligados tuvieron, para Moyano, un nexo: entrevió en el avance de la causa contra « Facundito» un anticipo de lo que le podría ocurrir a él mismo, pero sobre todo a Pablo Moyano -sus rivales citan hechos de todo color-si se debilitan los Kirchner.

    Desliza, en paralelo, un reclamo que supone recuperar terreno para evitar que se siga licuando el poder K: se asume una derrota que obliga, dicen, a la Casa Rosada a reaccionar y, ante eso, piden respuestas. Dos en concreto: cambios del gabinete y un llamado urgente al campo.

    «¿Estaban los 'gordos' en la carpa? ¿Estaba Caló?», se preguntaba, anoche, un dirigente que se mueve a todos lados junto al camionero, pero que, sin correrse un solo tranco de su alineamiento con Moyano,reclama mayor autonomía respecto de los Kirchner.

    No es una referencia ingenua: la forzada unidad de la CGT significó para el moyanismo ceder espacios sin que, entendían ayer, eso implique que los nuevos invitados a la sede de Azopardo tengan con el gobierno el nivel de compromiso que tiene Moyano.

  • Silencio

    Sin embargo, no habrá ningún movimiento autónomo. El camionero le pidió ayer a su entorno más cercano que se llame a silencio y permanezca alerta, pero quieto, hasta tanto se conozca una reacción del gobierno. Recién la semana que viene podría haber una reunión amplia en la CGT.

    En esencia, Moyano sufrió la derrota de ayer a la madrugada como un fracaso propio. Pero en paralelo, como la confirmación de la necesidad de negociar que él planteó en varias ocasiones: cuando pidió aceptar la mediación de la Iglesia o cuando prepactó con Luciano Miguens.

    De hecho, ayer recordaban que antes de marchar a Plaza de Mayo, la CGT emitió un documento donde al tiempo que pidió suspender el paro le reclamaba al gobierno que retome, cuando antes, el diálogo con el campo para encontrar una solución. Ayer, cerca de Moyano, recordaban aquel texto.

    Asoma, ante eso, una doble lectura, depende quién haga la interpretación en las cercanías del camionero. Por un lado, se sostiene que la dependencia de Kirchner respecto de Moyano será mayor y eso revalorizará al camionero. Otros, en cambio, dicen que la debilidad de Kirchner lo daña.

  • Ganancias

    «¿Cómo salimos ahora a pedir que saquen el mínimo de Ganancias? Hay un millón de personas, entre laburantes y jubilados, que pagan ese impuesto. Somos más que el campo, pero no decimos nada», analizó un dirigente que ocupa un cargo de peso en el consejo directivo de la CGT.

    Desde ese enfoque, golpeada tras el piñado del Senado, la Casa Rosada esperará un mayor alineamiento por parte de sus aliados. Es decir: pretenderá que la CGT reduzca al mínimo sus demandas para no aparecer ante la opinión pública haciendo concesiones, producto de su vulnerabilidad.
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