25 de julio 2005 - 00:00

No le duró Bielsa ni un round a la AMIA

Oscar Parrilli
Oscar Parrilli
El gobierno logró cerrar el incipiente conflicto con la AMIA y la DAIA: prometió que no seguirá atacando a su dirigencia y entregó el «perdón» de su ministro de Relaciones Exteriores; a cambio consiguió que la DAIA no emita un duro comunicado repicando a Néstor Kirchner por su acusación a la dirigencia judía de «corresponsabilidad» en el no esclarecimiento del atentado contra la sede de la comunidad.

Para esto hicieron falta una visita a domicilio y un llamado telefónico; la visita fue la que hizo el canciller y futuro diputado Rafael Bielsa el jueves por la noche a la sede de la AMIA; la llamada fue la de Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, a Jorge Kirszenbaum, titular de la DAIA. En ambos casos, el sentido del trámite fue tratar de barrer bajo la alfombra un enfrentamiento que podría resurgir en cualquier momento, habidas las notorias diferencias entre los actores.

Bielsa
había enviado una carta documento al presidente de la mutual, Luis Grynwald, en la que lo conminaba a retractarse por un párrafo de su discurso del 18 de julio que lo había disgustado. En esa oportunidad, Grynwald había acusado al ministerio que encabeza el rosarino de «hacer dormir» el pedido de extradición de doce iraníes implicados en el atentado.

• Llamado sorpresivo

Cuando en la AMIA todavía estaban discutiendo qué actitud asumir ante la exigencia de Bielsa, los sorprendió el llamado de uno de sus más cercanos allegados que solicitaba un urgente encuentro entre su jefe y la comisión directiva de la entidad.

La cronología apunta que la carta había sido remitida el lunes 18, o sea pocas horas después de finalizado el acto en el que Bielsa y Kirchner habían sido sorprendidos por discursos de inusual (para ellos) dureza por parte de Grynwald y de Sergio Burstein, representante de los familiares de las víctimas. Sin embargo, Bielsa eligió dar a conocer la existencia de la acción legal recién el miércoles al mediodía, cuando en reunión de prensa y escudándose en la fórmula « altísimas fuentes de la Cancillería» atacó a Grynwald y a los dirigentes judíos por -entre otras cosas- no haberle dado un lugar en el estrado para encender una vela.

Sin embargo, no habían pasado aún 24 horas de la « revelación» cuando Bielsa estaba poniéndose en contacto con la dirigencia de la AMIA para pedir una reunión urgente. Quedaron en verse esa misma noche en el séptimo piso de Pasteur 633, donde Grynwald tiene su despacho. La reunión no fue cordial; Grynwald, acompañado por los vicepresidentes José Kestelmany José Avasko, y el secretario Nataniel Goremberg, le explicó que la vela del embajador John Hughes no tenía otra intención que la de homenajear a través suyo a las víctimas de los atentados de Londres, y que sólo los familiares encienden las 85 candelas que recuerdan a los muertos.

Dado que
Bielsa insistió en que «este gobierno ha demostrado un sincero y genuino propósito de esclarecer el atentado», uno de los dirigentes le recordó que «eso es lo que se espera de un gobierno, ni más ni menos que cumplir con su deber». Finalmente acordaron el texto de un comunicado en el que Bielsa daba marcha atrás con su carta documento y reconocía el rol de la AMIA en la sociedad argentina, palabra más o menos.

• Desactivación

Pocas horas antes, Parrilli se había comunicado con Kirszenbaum para desactivar los efectos de lo dicho por Kirchner dos días seguidos (tras el acto y un día después en la localidad de Lincoln), atribuyéndole a «alguna dirigencia judía» corresponsabilidad por el no esclarecimiento del atentado. «Eso es un absurdo y es inaceptable; volvemos a victimizar a las víctimas», había dicho el dirigente a este diario el mismo miércoles, poco después de conocerse la segunda declaración de Kirchner y la carta de Bielsa, y habría repetido al funcionario. Parrilli explicó que Kirchner de ningún modo atacaba a la actual conducción de la DAIA, y que no tenía intenciones de meterse en la interna comunitaria; Kirszenbaum le habría respondido que las palabras del Presidente y de su ministro constituían una peligrosa seguidilla, sobre todo en momentos en que recrudecen los ataques y las pintadas contra entidades judías. Le recordó que un par de días antes debió telefonear al ministro del Interior, Aníbal Fernández, para alertarlo de las pintadas antisemitas en Libertador y Austria, hecho del que dio cuenta este diario. Fernández, más veloz que el jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, mandó cubrir las pintadas de inmediato.

Fue entonces cuando Parrillile adelantó al dirigente que
Bielsa se «bajaría a cambio de nada» pocas horas después de su avance, y que era intención del Presidente sacar la supuesta pelea gobierno vs. comunidad judía del centro de la escena. Esta charla telefónica (Kirszenbaum estaba fuera del país) fue volcada por el dirigente el viernes al mediodía en la habitual reunión de comité ejecutivo de la DAIA; allí no eran pocos quienes insistían en emitir un comunicado replicando lo dicho por el presidente; Kirszenbaum les reveló lo conversado con Parrilli, y ese comunicado quedó rápidamente en el archivo.

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