23 de noviembre 2004 - 00:00

"No nos vamos del partido"

Uno de los integrantes conspicuos del llamado Grupo Olavarría, el intendente de pergamino, Héctor «Cachi» Gutiérrez, también pasó por Lalín, el restorán santuario radical. Fue el jueves, para animar la peña del Grupo Progreso (llamado así porque durante varios años se reunía en el Club del Progreso).

«No nos vamos del partido,no renunciamos a ser radicales»,
dijo Gutiérrez para tranquilidad de sus anfitriones, una verdadera multipartidaria del radicalismo. Sin embargo, pidió que la cúpula del partido autorice las alianzas con otras fuerzas --bandera de los disidentes-. El mismo relató que la intendencia la ganó en alianza con fracciones del ARI de Elisa Carrió y del peronismo disidente que integran su gabinete de gobierno en el municipio.

Recordó que perteneció a la CON (sello del storanismo provincial) pero admitió que ese sector se había encastillado en estructuras rígidas y además perdedoras. Recordó la frase de Gustavo Posse, uno de los concuctores de esa disidencia radical: «Saben qué representan pero no saben a quién representan».

• Reconocimiento

Escuchaban, entre otros, el manager del grupo, el ex diputado José Bielicki, los ex senadores Adolfo Gass y Antonio Nápoli, el ex Banco Central Alfredo Concepción, la ex funcionaria Nélida Baigorria, el ex secretario de Gobierno porteño Guillermo Moreno Hueyo, la ex vicegobernadora Elba Roulet. En la reunión con el Presidente sólo hablamos de gestión,de las necesidades de los municipios y de la ayuda que podemos tener del gobierno nacional. En lo político sí destacó Kirchner ante nosotros la necesidad de que haya una oposición sólida, que presente alternativas.

Ese reconocimiento del grupo Olavarría como la oposición del gobierno fue lo que enojó más a la conducción formal de la UCR Buenos Aires, que dominan Federico Storani y Leopoldo Moreau.

La mesa discutió la propuesta unánime de los radicales pero que nadie a la hora de cumplirla apoya: la depuración de los padrones partidarios en la provincia, « clavados» en 1,2 millón de afiliados logrados por el partido en 1983 con el anzuelo del entonces irresistible Raúl Alfonsín.

Lo que nadie termina de explicar (y es la razón de que esa depuración no la haga ni la UCR ni ningún otro partido) es qué se ganaría, políticamente hablando, con padrones más sinceros. Esa misma queja generalizada sobre padrones abultados que sirven a la manipulación de la conducción del partido y de las candidaturas tampoco ha alcanzado para alzar alternativas en internas a la conducción storanista.

Dejá tu comentario

Te puede interesar