2 de octubre 2002 - 00:00

Octubre, el mes de las definiciones políticas

o Menem, Rodríguez Saá y De la Sota se pronunciaron por la interna del PJ el 15 de diciembre. El sanluiseño podrá eludirla invocando y temiendo fraudes. No le gusta el todo o nada en interna sospechosa, si ir directo a la presidencial de marzo cuando menos le asegura ser uno de los dos de un ballottage. o Duhalde hoy tampoco gusta de la interna. No confía en el atractivo de José Manuel de la Sota, desconfía y jamás haría acuerdos con Rodríguez Saá. Ve con desagrado terminar pactando con Menem si quiere conservar después seguridad judicial y algo de poder en el llano. Por eso se juega ahora a fondo por el irreductible Carlos Reutemann. o En días Eduardo Duhalde tiene que lograr convencer o descartar a Reutemann candidato, porque corre el riesgo de que su acercamiento al riojano llegue después de que muchos duhaldistas bonaerenses ya hayan acordado por su cuenta. o En un verdadero póquer político Menem insiste en la interna para restar la "posibilidad Reutemann". Dedujo que el santafesino no iría allí a enfrentarlo, pero quizá si van todos directo a la presidencial. Además ir a marzo como ganador de una interna lo exime a Menem de "peajes políticos" y compromisos futuros si tiene que gobernar el país con millones de ojos atentos a cualquier atisbo de corrupción. o Duhalde sólo se esperanza en que la Justicia le anule la convocatoria de internas. Pero siempre los jueces temen incinerarse con los juegos políticos. De los padrones partidarios se han preocupado los ciudadanos más politizados y por eso hay pocas desafiliaciones. El grueso de los presuntos mal afiliados no cotejaron en algo tan especial como Internet. Por eso tales padrones seguirán tan anómalos como antes, pero ahora los magistrados se escudarán en que se facilitó la purificación.

A medida que pasan los días, la realización o no de las elecciones internas en el PJ se ha convertido en el principal tema de discusión en la campaña electoral de ese partido. Carlos Menem se ha vuelto reiterativo en el reclamo para que efectivamente se hagan esos comicios convocados para el 15 de diciembre. Adolfo Rodríguez Saá dice lo mismo, aunque aclara que existe un alto riesgo de fraude. José Manuel de la Sota parece estar en la posición de Menem. Carlos Reutemann guarda silencio, él no es candidato. Pero Eduardo Duhalde, que se ha propuesto como principal objetivo de estos días convertir a Reutemann en candidato, ha insinuado a varios dirigentes del PJ que sería mejor no ir a las urnas en diciembre. Muchos de sus colaboradores esperan que la jueza María Servini de Cubría salga en su auxilio objetando las internas por vicios formales. Pero la magistrada ha dado señales de que sus pronunciamientos en materia electoral son sumamente cautelosos: sabe que ningún juez sale bien parado si presta su pluma a las disputas crudas de poder de los partidos.

La discusión levanta el tono en los últimos días, a medida que se acerca el 26 de octubre, última fecha para que se inscriban candidaturas. Tal como está planteada, debería importar poco. Da la impresión de que se trata solamente de aplicar tácticas y ardides para llegar más fácilmente al poder. Esto es sólo parcialmente cierto. Es verdad que en este tironeo por las reglas de juego en la disputa del PJ cada candidato espera que se presente el escenario más conveniente a sus intereses. Pero el problema no se agota allí: de la existencia o no de internas, del caudal de participantes en ese torneo, de la legitimidad que se les reconozca, de la secesión o no de candidatos importantes por fuera de la estructura partidaria, de todo esto depende en mucho el diseño de poder que presente la Argentina durante los próximos años. Y según sea ese diseño de poder será la velocidad con que el país salga de una crisis inédita.

• Metodologías

En el plano táctico, cada candidato espera que se aplique el método más favorable a su posibilidad de acceder al poder:

• Menem es el que con más tozudez pide la realización de internas para el 15 de diciembre. Esa bandera llevó a que, en la reunión con diputados que realizó la semana pasada, Duhalde debiera afrontar el reproche airado de la diputada Alejandra Oviedo (PJ La Rioja), quien le pidió explicaciones sobre qué quiere decir cuando afirma que «el ballottage será entre dos peronistas». «¿Usted está sugiriendo que no va a haber internas?», preguntó la legisladora, obligando al Presidente a jurar sobre el decreto que convoca a esos comicios para diciembre.


• Menem no lleva adelante esta cruzada pro internas porque esté convencido de que saldrá victorioso de esos comicios, necesariamente. Antes que eso, el riojano cree que en la medida en que haya un enfrentamiento interno, Reutemann no se inscribirá como candidato el 26 de octubre. Es en estos casos que la política adquiere la lógica de una partida de póquer. Menem cree que agitando el fantasma de un enfrentamiento cara a cara desalentará al gobernador de Santa Fe. Se basa en intuiciones y datos. Sospecha, por ejemplo, que la base de un acuerdo Duhalde-Reutemann podría ser la suspensión de esos comicios y su sustitución por un congreso partidario, dominado por una mayoría de bonaerenses y santafesinos, hipótesis que tal vez no esté en la cabeza de «Lole» pero sí en la del Presidente. Ya desde ahora, al pedir internas el 15 de diciembre, Menem se prepara para denunciar un fraude si se cambia de sistema para la elección del candidato.

• A la vez el riojano recuerda una confesión de Reutemann a un grupo de sindicalistas encabezados por el petrolero Antonio Cassia, en 1999: «Mientras Menem esté en una contienda yo no voy a participar». Con la idea de que este juramento sigue vigente, Menem hace de todo para recordarle a Reutemann que dará batalla. En un fin de semana le tiró el coche encima: un acto en La Matanza, otro en Córdoba, la definición de que integrará una fórmula con Juan Carlos Romero y, finalmente, una presentación en el propio territorio de «Lole». Gestos intimidatorios, más que proselitismo ingenuo.


• La otra hipótesis central de Menem es que, si Reutemann finalmente no se presenta, Duhalde carecerá de un esquema electoral para ponerle enfrente. Es cierto que Duhalde no querrá jamás que Menem llegue a la Presidencia (y de allí su último, tal vez quimérico esfuerzo a favor de Reutemann). Pero, carente de un candidato atractivo, es muy difícil que pueda evitarlo. Y, dicho sea de paso, los candidatos se vuelven poco atractivos cuando Duhalde se les pone al lado (lo supo José Manuel de la Sota, acaso lo sepa Reutemann). Se puede aducir que el Presidente controla todavía un vigoroso aparato político en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo está demostrado que para manejar esos aparatos no alcanza con dar órdenes: los intendentes, concejales, diputados, senadores, consejeros escolares reclaman también que se les provean proyectos políticamente viables para conservar ellos mismos su propio poder (son como distribuidores que, para mantener la cadena de distribución, necesitan también un buen producto; algo de esto sucedió entre De la Sota y la maquinaria electoral bonaerense).

• Sin Reutemann, Duhalde estará casi obligado a pactar con Menem.Adolfo Rodríguez Saá es el gran estímulo para ese acuerdo. En principio, porque Duhalde le desconfía extraordinariamente. Lo ve imprevisible y lo sabe rencoroso: Rodríguez Saá sigue imputándole a Duhalde y a Carlos Ruckauf -razón no le falta- la movilización que produjo su caída de fines del año pasado. Habló del tema el Presidente con Rubén Marín, el sábado por la noche: «Si querés alguien con códigos, previsible, pactá con Menem», le habría aconsejado el gobernador de La Pampa, uno de los dirigentes más expertos del PJ. Duhalde está también urgido para ese acuerdo: corre el riesgo de que, al llegar a la mesa de la negociación, muchos de sus actuales subordinados estén ya en lo de Menem, abriéndole la puerta de entrada.


• El formato del acuerdo está casi definido en las numerosas negociaciones que se realizan en estos días (una de ellas, la más trascendente hasta ahora, fue informada por este diario en las Charlas de Quincho de este lunes: Eduardo Bauzá visitó a Duhalde en Olivos en casi absoluto secreto, con sólo un edecán de testigo). Duhalde mantendría las actuales reglas de juego para la interna a cambio de que Menem, si triunfa, no le arme un esquema de poder competitivo en la provincia de Buenos Aires (eventualmente hasta podrían pactar la figura del gobernador). Hay pretensiones de Duhalde, colocar al vice de Menem por ejemplo, difíciles de satisfacer. Pero otras son menos costosas: que el riojano no se ensañe buscando basura debajo de la alfombra del actual gobierno, más allá del 25 de mayo próximo.

A medida que el acercamiento entre Menem y Duhalde se vuelve más posible, Rodríguez Saá comienza a alejarse del PJ para ir a la competencia presidencial con un partido propio. El sanluiseño tiene un caudal importante de opinión pública a su favor. Pero enfrenta una dificultad clásica: cómo hacer para que ese caudal se canalice en los capilares del aparato partidario. Es la misma dificultad que tuvo Graciela Fernández Meijide frente a Fernando de la Rúa en 1998. La frepasista superaba a De la Rúa en las encuestas pero, cuando fueron a una interna abierta, a la estructura nacional del radicalismo le resultó mucho más fácil transformar opinión favorable en votos que a la senadora del Frepaso. La existencia de comités y unidades básicas en cada rincón de la Argentina,
con militantes semiprofesionalizados que tienen entrenamiento en la convocatoria de votantes y en el control de las internas, sigue siendo un capital inestimable en la lucha por el poder, más allá del desprestigio de las fuerzas tradicionales. Menem sabe esto. Rodríguez Saá -que controla un aparato casi perfecto en San Luis- también.

• Lo anterior es tan cierto que el propio sanluiseño está frente al dilema de entregarle a Menem la valiosa marca «PJ» para los comicios generales. Una marca que, en el mercado electoral de los sectores más desprotegidos, puede representar más de un millón de votos.


• Es en este punto en el que De la Sota, con su modesto desempeño, encuentra su lugar en la historia de estos días: el de convertirse en víctima propiciatoria, como dice la liturgia católica para mencionar al «cordero de Dios». De la Sota es la pieza clave para que la candidatura de Menem no emerja de un acuerdo de cúpulas con Duhalde sino que tenga la convalidación de los votos. Menem no quiere ser sólo el candidato del PJ: quiere volver a liderar el partido. Aquí ingresamos en el problema central de toda esta discusión. Menem no quiere que su candidatura surja como surgió la candidatura de Fernando de la Rúa en la UCR en 1998, por volver a aquel ejemplo histórico. De la Rúa enfrentó a Meijide como representante del radicalismo sin haber pasado por la interna en su propio partido. Fue la astucia de Raúl Alfonsín la que llevó a postularlo y consagrarlo sin que su adversario de siempre pudiera «contarles las costillas» a sus opositores internos. Terminó siendo preso de ellos (Leopoldo Moreau, Federico Storani, Jesús Rodríguez, etc.) y cayó por ellos.

En el PJ hay una disputa abierta por el liderazgo desde 1997, cuando Carlos Menem perdió las elecciones legislativas. Desde entonces no sólo el PJ, también el país, pasó a estar regulado por un sistema colegiado, donde el presidente es un «primus inter pares» de los gobernadores y caudillos locales. En el fondo del reclamo de Menem por internas está la pretensión de terminar con este sistema de poder, que obliga a pasar por veinte peajes (provincias grandes, provincias chicas, Senado, Diputados, etc.) antes de alcanzar un objetivo. Menem sabe que sólo con un triunfo claro en las urnas (internas y generales) el próximo presidente -él o cualquier otro- tendrá el poder suficiente como para enfrentar las limitaciones del sistema y superar la crisis. Para llevar adelante las decisiones principales del próximo mandato (desde la negociación de la deuda y el ALCA hasta el control de la seguridad callejera) se hace más necesaria que nunca una legitimidad electoral que ningún acuerdo de cúpula puede reemplazar. Menos en un momento en que buena parte de la opinión pública pide «que se vayan todos». También a los que piden eso el próximo presidente deberá contestarles con votos propios.

Dejá tu comentario

Te puede interesar