Operativo clamor cambió de letra: ahora, "No a Kirchner"
Eduardo Duhalde no logra imponer a su tropa la candidatura de Néstor Kirchner. Además del rechazo del PJ bonaerense, se suma el clamor de los gobernadores y hasta de varios ministros que se resisten a encolumnarse detrás del santacruceño, aun cuando se lo pida el mismo presidente designado. Hoy, Duhalde intentará una maniobra desesperada para procurar granjearse el favor de Ramón Puerta, líder de la liga de caciques provinciales del Nordeste, y así conseguir avales para poner en carrera al patagónico en el duelo con Carlos Menem. De gira por Misiones, forzará que Puerta revise sus reparos hacia Kirchner. A cambio, el ex presidente interino demandará la implementación de una ley de lemas que le permita sumar al peronismo: es decir, hacer fortaleza de la debilidad. Aunque se trata de un proyecto de futuro dudoso en el Congreso (se necesitan mayorías especiales en Diputados y Senado, hoy difíciles de lograr por las divisiones de entrecasa y la negativa de la oposición), el misionero cree que el mecanismo que se acordó entre duhaldistas y Juan Carlos Rome-ro hace una semana es la única forma de zanjar la disputa interna, sin llegar a una pelea sangrienta que fracture al PJ. Kirchner, enredado en los dilemas de un duhaldismo sin candidato (salvo que Duhalde revea su decisión de no presentar pelea en las próximas elecciones), teme verse reflejado en el espejo de José Manuel de la Sota, el primer candidato oficial, que -con encuestas en picada-terminó ayer confesando a sus íntimos que desistirá de la carrera presidencial. Sin temor a las comparaciones, el santacruceño le pidió a Duhalde que le sume un compañero de fórmula bonaerense. De la Sota hizo lo mismo y llegó a exigir un nombre como garante de la entente: Hilda Chiche Duhalde. Sólo obtuvo evasivas. Kirchner teme sufrir en carne propia la misma experiencia de frustración. Para colmo, ayer, en Mar del Plata, un sector del PJ-Buenos Aires largó la campaña "Solá presidente".
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En la reunión de ayer, Duhalde anticipó sus movimientos, que son los de un jefe de campa-ña. Hoy viajará a Apóstoles (Misiones) y se alojará en la casa de Ramón Puerta para convencerlo de seguir a Kirchner. La excusa del viaje es otra, la del marido enamorado: por la mañana llegará a Posadas Chiche Duhalde, acompañada por su chaperón sanitario, el ministro Ginés González García. Los Duhalde se reunirán al atardecer y pasarán el sábado pisando la tierra colorada.
Puerta ya le hizo saber a quienes secundan al Presidente su postura: le hablará a Duhalde que sus dos deseos son inviables. Por un lado, defenderá la ley de lemas en vez del «proyecto Romero», consistente en desarticular al PJ en varias fórmulas y hacerle correr el riesgo del ballottage (con la suposición de que Menem o gana en primera vuelta o pierde). El misionero está irritado de que se haya suscripto un acuerdo en torno a esa ley y que el propio Duhalde lo haya dado de baja por los diarios. «Si no hay ley de lemas, tenemos que ir a la interna el 2 de marzo», será el segundo argumento de Puerta ante el Presidente. Sobre Kirchner, dirá lo que todo el mundo: «No lo conoce nadie, es darle el triunfo a Menem».
La ley de lemas, de difícil aprobación en el Congreso y cargada de objeciones constitucionales, ofrece a los gobernadores y caudillos provinciales una ventaja inigualable: les da una salida para no tener que pronunciarse por ningún candidato en las internas. Es decir, les permite volcarse a Menem, allí donde el riojano se impone en el electorado, sin ser víctimas de la ira de Duhalde. Sobre todo, de su ira fiscal, que se traduce en recortes en los recursos que se envían al interior. A tal punto que ya existe un grupo, de fuerte tinte ideológico, que apoya a Kirchner con la consigna «No nos queda otra». Son Eduardo Fellner (Jujuy), Gildo Insfrán (Formosa) y Julio Miranda (Tucumán).
• Alternativa
Si el cuadro del interior se le muestra tan negativo a Duhalde, el de la provincia de Buenos Aires es todavía más crítico. Allí nadie se niega a ir con Kirchner por no resultar irreverente con el jefe. Pero se lo evita con una alternativa superadora: «Duhalde presidente». Hugo Curto y Manuel Quindimil, jefes de la ortodoxia presidencial del conurbano, quisieron convencer al jefe, casi lagrimeando, de la necesidad de postularse, el miércoles, en Olivos. Pero Duhalde siguió negándose al «operativo clamor». Tiene razón: hasta ahora, lo que le organizaron fue apenas un susurro, proveniente de su propia tropa bonaerense. El verdadero clamor tiene otra letra, contra Kirchner.
Ante esta negativa del Presidente, los duhaldistas se han volcado a otras opciones, y algunos, como Osvaldo Mércuri, desalentaron públicamente la carrera del santacruceño. Ayer un grupo de duhaldistas le organizó a Felipe Solá un agasajo en Mar del Plata: militantes medianamente organizados (el denominado «Comando Carpincho» por la afición del gobernador por esa marroquinería) comenzaron a cantar: «Se siente, se siente, Felipe presidente». El gobernador se sigue negando a abandonar La Plata, temiendo que todo se limita a un intento por dejar vacante la candidatura provincial para que la ocupe un hombre más cercano al Presidente. Tiene su lógica. Nadie comprende del todo que Duhalde haya decidido, a los 61 años, repartir su herencia en vida: darle lo que acumuló en el poder nacional a Kirchner y a Solá la dote bonaerense, cuando ninguno de los dos es de su credo y, al contrario, más de una vez ambos lo han denostado públicamente hasta por razones éticas.




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