14 de marzo 2005 - 00:00

"Operativo clamor" por Cristina en Buenos Aires

Cristina Kirchner
Cristina Kirchner
Al peronismo le fascina reproducir su film más taquillero, aquel que muestra ceremonias populares, espontáneas o no tanto, para torcer el brazo del destino: liberar al caudillo naciente Juan Perón; o pedir, a plaza llena, que Eva sea candidata a vice en 1952.

Todo se repite. Los indicios y la información -sospechosamente abundante- sobre que Cristina Fernández sería candidata por Santa Cruz (sobre lo que informó este diario la semana última) la antigua destreza: kirchneristas y felipistas preparan un «operativo clamor» para que la primera dama acepte competir en Buenos Aires.

En pocos días más -los afiches ya están en imprenta-, varias tribus K que operan en la provincia comenzarán una campaña para «convencer» a la senadora de que se zambulla en el fango del conurbano y acceda a ser la postulante estelar en las elecciones de octubre.

Los «clamorosos» echarán mano a todo el marketing disponible en stock -carteles, pintadas, calcomanías y hasta junta de firmas- para sembrar la sensación de que en la calle se palpa, se respira la necesidad de ver a la primera dama como candidata por Buenos Aires.

Pero la proclama pública direccionada e interesada es sólo una capa del cascarón: apenas con hurgar un poco brotan otros elementos, más o menos válidos, que se potencian o anulan entre sí:

• La matriz del «operativo clamor» germinó cuando desde el gobierno se regó la versión de que la senadora esquivaría el tumulto bonaerense y, sin escollos, volvería al Senado vía Santa Cruz. Con eso, se explicó, gambetea la ferocidad de la campaña bonaerense y pacifica el Sur donde -a pesar de las rabietas de Sergio Acevedo- no puede ocultarse la atomización y el internismo que enfrenta el PJ. «Si baja Cristina, todos se alinean y se acabó la pelea», es el argumento. Pero, visto desde lejos, huele a una maniobra de distracción para apagar el volcán santacruceño y, de paso, correr por un tiempo a Cristina de la línea de fuego. Esa opción es miel para Eduardo Duhalde. Pero a pesar de la información generada por la Casa Rosada a principios de la semana pasada, en las últimas horas -el sábado un kirchnerista con despacho en Balcarce 50 aceptaba apuestas pro Cristina en Bs. As.- volvió a surgir la teoría de que la primera dama regresará a su Tolosa natal, para competir en territorio duhaldista.

• Si esto fuese así, el «operativo clamor» no sería más que un simulacro para
iniciar la campaña de la senadora en la provincia que, por otro lado, la propia primera dama lanzó recientemente, primero -dos viernes atrás- en el encuentro de Derechos Humanos en el Teatro Cervantes y luego, el viernes último, en el Festival de Cine de Mar del Plata, donde entregó el Astor de Oro a Federico Luppi. Si en TV a los «chivos» se los redefinió como Publicidad No Tradicional (PNT), Cristina podría patentar la CNT: Campaña No Tradicional.

• Así y todo, el kirchnerista Partido Proyecto Popular (PPP-K, para distinguirlo del PPP de
Carlos Menem), que bendecido por Julio De Vido, coordina el titular del ONABE, Fernando Suárez, sacará militantes a la calle y contratará a artistas de brocha gorda -es, cada vez más, un arte la proclama política de paredón- para promocionar la candidatura de Cristina. Lo mismo harán otras facciones: por caso, la «pata» de Peronistas para la Victoria que comanda el viceministro de Interior, Luis Ilarregui. Sin embargo, en esa cruzada no estarán otros kirchneristas: ni los piquetransversales de Luis D'Elía (FTV) ni el peronismo piquetero de Emilio Pérsico (MTD Evita) ni el ala de Peronistas para la Victoria de Carlos Kunkel se plegarán al clamoreo. No porque no quieran a la primera dama en la provincia -todo lo contrario, la creen imprescindible-, sino porque dan por hecho que competirá en Buenos Aires, pero que no hay que apurar los plazos. «¿Para qué hacer un operativo clamor de algo que va a suceder?», se preguntó uno de ellos.

• A su vez, también los felipistas podrían sumarse al «operativo clamor». Algunos ya lo hicieron:
Julio Alak, por caso, repite hasta el hartazgo que «Cristina es imprescindible» para el proyecto de secesión del felipismo contra Duhalde. Pero no todo es lineal: a la convicción de que es necesario que la primera dama sea candidata en la provincia, Felipe Solá agregó un enfoque adicional. Consiste en lo siguiente: si Kirchner, con Cristina como rompehielos, entra en la provincia y pide la unidad total del PJ, el proceso de diferenciación del duhaldismo que empuja el gobernador perderá fuerza y autenticidad porque terminará compartiendo boleta con aquellos a los que aplica el catálogo completo de malas palabras publicables. Por eso, Solá adhiere a otra alternativa: que la senadora se presente en Buenos Aires, pero le permitan -Kirchner y Duhalde, se entiende- ir por la «colectora», es decir: como sublema colgado de Cristina, pero con boleta propia en el resto de los cargos para enfrentar al PJ duhaldista que, respetando la metáfora vial, sería la autopista.

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