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Una maratón de homenajes a desaparecidos y ex combatientes y repudio al golpe de 1976 se vivió ayer en la Cámara de Diputados. Los lavagnistas Jorge Sarghini y Marina Casesse participaron del debate. Mientras Carlos Kunkel se emocionaba después del discurso de Remo Carlotto.
Seguían, mientras tanto, defendiendo al gobierno las mismas voces del oficialismo: «Hoy estamos saldando, con una política de derechos humanos acorde con una época, una parte de la deuda contraída con el genocidio económico-social que implicó la última dictadura; y que no nos digan que es una revancha», dijo el especialista en derechos humanos José María Díaz Bancalari, que reivindicó su accionar en los tribunales durante la dictadura cuando los jueces no le recibían los hábeas corpus presentados por desaparecidos.
El radical Fernando Chironi fue algo más contemplativo: «No es desde la diatriba como se corrigen los problemas de la Justicia, sino haciendo funcionar las instituciones. Si hay sospechas sobre la actuación de los jueces, el lugar donde debemos actuar es el Consejo de la Magistratura, que también es parte de la vida democrática de los últimos años». El radicalismo apoya el juicio político a la Cámara de Casación, pero quiere evitar aparecer «pegado» a los excesos presidenciales y ése fue el camino que encontró Chironi.
Más ruido produjo Esteban Bullrich, de PRO. Repartió en el recinto argumentos que hicieron erizar a los kirchneristas presentes: «No hubo muertos de un solo lado -se le escuchó en uno de sus pasajes-, dejemos el revisionismo para las academias de historia y respetemos la independencia de poderes».
Peor aún cuando se metió con la desaparición de Julio López: «Yo no creo que este gobierno tenga responsabilidad en la desaparición de López, pero tiene responsabilidad en la no aparición de López o en no saber qué pasó con López».
Esa sesión especial, que había sido convocada por el Frente para la Victoria, comandado por el santafesino Agustín Rossi, terminó más como una auditoría de las políticas de Kirchner en materia judicial y de derechos humanos que como un homenaje a los desaparecidos durante la dictadura.
Tuvo el gobierno, de todas formas, alguna otra alegría ayer. El radicalismo aprovechó el recinto para apoyar la decisión del gobierno de terminar con el acuerdo con Gran Bretaña por la explotación de hidrocarburos en el área de las islas.
Fue durante el homenaje a los ex combatientes que siguió, cuando el protagonismo se lo llevó el salteño Carlos Sosa, que había participado en el conflicto.
No faltaron tampoco allí las frases grandilocuentes: «Nuestros soldados tienen olor a pólvora que tiraron los satélites dirigidos desde Estados Unidos», decía también Díaz Bancalari. Pero lo que más interesó al oficialismo fueron las explicaciones de Federico Storani sobre la ruptura del acuerdo con Gran Bretaña recién anunciado: «De nada sirve tener un acuerdo cuando es violado unilateralmente. No sólo en las concesiones de exploración de hidrocarburos, sino en las concesiones constantes de pesca, que impactan sobre la Argentina». Jorge Argüello lo siguió casi como un eco: «Se han negado a llevar a cabo lo que plantean las normas de convivencia elementales entre los pueblos».
El macrista Federico Pinedo cambió después el ambiente: «Tenemos que tener cuidado y no desprestigiar a quienes combatieron con honor. Porque algunos por darse el gusto de insultar a un adversario histórico y político pueden hacer mucho daño a nuestro país. No hay que ser gallináceos».



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