16 de abril 2010 - 23:44

Otra rebelión en el hueco de Zamudio

Vista desde el escenario montado frente a Tribunales, donde operaba el parque de artillería durante la Revolución de 1890.
Vista desde el escenario montado frente a Tribunales, donde operaba el parque de artillería durante la Revolución de 1890.
Cristinistas por aquí, cristinistas por allá. En paz y orden, una pueblada se congregó este jueves en la plaza de Tribunales para reclamar la aplicación de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Militantes políticos, actores, poetas, músicos, estudiantes, graduados, abuelas, madres, dirigentes sociales, empresarios y comerciantes se dieron cita para exigir que "se cumpla con la democracia". Consigna rara si las hay, en tiempos donde la independencia de poderes funciona -o así parece-, con los regimientos cuasi vacíos y sin actividad partidaria de los verdeoliva.

La heterogénea movilización comenzó con un aglutinamiento en las puertas del Palacio legislativo y continuó a puro caos de tránsito (y bocinazos) por las calles que ofician de antesala al microcentro porteño: avenida Entre Ríos, giro en avenida Corrientes, otro giro en Talcahuano -o en su defecto por Libertad-, arribo final a la Plaza Lavalle, ex Plaza del Parque, anterior "hueco de Zamudio". Zamudio fue un viejo terrateniente de la zona que vivió y murió en el siglo XVIII. Por ese entonces, "hueco" se aplicaba a los lotes baldíos desiertos que circundaban a una quinta con propietario de papeles. En ese "hueco" había una laguna y un arroyo que corría por la actual calle Libertad y se desviaba hacia el río a la altura de Viamonte.

El "el hueco de Zamudio" era un terreno pantanoso, yuyal, de poco valor mobiliario, que sirvió de trinchera para los revolucionarios de 1890. Desde el sábado 26 al martes 29 de julio de ese año un grupo de rebeldes se levantó -furioso- contra el gobierno de Juárez Celman, concuñado de Julio Argentino Roca. El movimiento insurgente fue aplacado, luego de bajar la guardia por falta de municiones, aunque Celman se vio obligado a renunciar años más tarde jaqueado por las denuncias de corrupción de la Unión Cívica de Leandro N. Alem. 120 años después, en el viejo "hueco de Zamudio" nadie pensó en la rendición.

A los gritos se coreaban cánticos contra el "monopolio Clarín". A "Noble y Magnetto" se le pedían que "devuelvan a los nietos". Se rebajó a la Corte Suprema de la Nación ("decrépitos", les encomendó Hebe de Bonafini) y se defenestró a los jueces mendocinos que enviaron al frezzer a la ley de la democracia, y revitalizaron a la vetusta 22.285. Una mujer con cabello rojizo enrulado, de estatura media, con pin del programa de Canal 7 "6,7,8" en la solapa del blazer azul de pana, recordó a sus compinches otra estampita para punchingball: "¿Y de Cobos nadie dice nada?". Chiflidos, silbatina y barullo. Hasta el cantor y guitarrero Ignacio Copani le dedicó un tema al "Señor Vicepresidente", etiquetado abiertamente de "traicionero".

Inverosímil gesto de unidad dejó el caluroso recibimiento al escenario de la dirigente jujeña Milagro Sala por parte de la clase media prepotente, inconforme, justificada. "Milagro, Milagro, Milagro". Desprolija, verborrágica, pero sumamente avispada, la rebelde Sala se autoconfesó kirchnerista hasta la médula. "¿Saben por qué soy kirchnerista?", preguntó a los más de 40.000 asistentes. "Porque antes decían que lo negros solo queríamos plata para chupar y comer asado, y desde que está el kirchnerismo además de chupar y comer asado, también podemos comprarle zapatillas a nuestros hijos, tener una casa, y planear nuestro futuro".

Por el micrófono también pasaron la abuela de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, el maestro, Hugo Yasky, el cegetista Julio Puimato. Cerca del palco estuvieron la actriz Florencia Peña, el cineasta Coco Blaustein, el músico Horacio Fontova, el jefe de la Autoridad Federal de Aplicación de la ley, Gabriel Mariotto y los diputados K Silvia Vázquez y Juan Carlos Dante Gullo. Los espectadores permanecieron inmunes al frío hasta que el orador del acto convocado por la Coalición por una Radiodifusión Democrática pidió "desconcentrar sin incidentes".

Entre banderas partidarias, barriales, izadas con tubos sanitarios de plásticos, atadas con alambre o colgadas de las luminarias públicas de la plaza; entre las pintadas callejeras y los stencil que mostraban al hombrecito de "Clarín" con el clarín en otro lugar que no eran sus manos; entre los afiches que apelaban a la falta de moralina de los "periodistas independientes" que "sirven" para una mujer acusada de apropiación ilegal de hijos; entre los carteles artesanales de cartón con la cara Pop de Cristina de Kirchner, se destacó el que agitaba con su brazo derecho un hombre de 65 años, de bigote y campera gris: "Hasta los perros quieren la ley de medios", rezaba la graciosa postal de un can con megáfono.

Como ocurrió en julio 1890, allí, frente al Palacio de Justicia, ayer hubo otra rebelión en "el hueco de Zamudio".

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