6 de enero 2005 - 00:00

Otro enojo contra la prensa

«¿Dónde estaba yo? ¿En Punta del Este?», clamó ayer el Presidente en el Salón Blanco en el párrafo más enfático de su discurso contra la prensa que le criticó su ausencia de cuatro días en la tragedia de Once. Escuchaba entre bambalinas Juan José Alvarez, que esperaba la oferta de Néstor Kirchner de cargo y que acababa de llegar precisamente de Punta del Este, donde están, entre otros, Eduardo Duhalde y Mauricio Macri.

El nuevo ministro de Seguridad de Aníbal Ibarra tuvo una lección de kirchnerismo básico y pudo pensar que ir a El Calafate (donde resistió en silencio el Presidente durante 96 horas) es mucho más caro en dólares hoy que correrse hasta Punta del Este.

Kirchner
estuvo inusualmente rabioso ayer cuando intentó responder las críticas de familiares y víctimas del incendio en la disco República Cromagnon que reprodujo y comentó la prensa nacional y extranjera. Su impaciencia fue tan notable que incurrió en conceptos nunca escuchados de su boca, como la defensa de los policías que reprimieron el lunes los desmanes en la Plaza de Mayo. «Hermanos que lo único que querían era brindar seguridad», los llamó; no esperaba un cambio tan apresurado en el alma presidencial «Juanjo» Alvarez, que aguardaba.

La misma impaciencia le hizo echar mano de frases huecas, como disculpar su distancia de los hechos porque habían ocurrido en un boliche «que yo ni siquiera conocía» (sic).

Las palabras fueron calculadas, no fruto de la improvisación, tanto que el Presidente anunció que hablaría de dos temas, uno el de la prensa que llamó «amarilla» (tecnicismo que menciona a los periódicos de escándalo, no a los que critican a funcionarios); el otro, el que motivaba la convocatoria de intendentes y dirigentes de villas de emergencia.

El discurso arrancó haciendo una advertencia sobre su asombro, dijo, por «la actuación de cierto periodismo amarillo en la Argentina. No les tengo miedo a sus plumas ni a sus lapiceras», alardeó. Se cuidó de mencionar a ninguno pero merodeó por algunas metáforas elípticas sin explicar a quién se refería, algo que quizás iba a explicar horas más tarde algún funcionario a los destinatarios de esos dardos:

«No les basta con lo que hicieron en la década del '90, no les basta con la defensa irrestricta de las políticas que nos llevaron durante el gobierno de la Alianza al desastre al que llegamos.»

• «Hay periodistas muy serios también, pero hay algunos que tienen la pluma amarilla y hay otros que la tienen llena de odio, que escriben en diarios que evidentemente más que imparciales o independientes su actitud es absolutamente objetiva en tratar de destruir lo que estamos construyendo.»

«Si como o no con un embajador o con un presidente, si me coloqué el mocasín de una u otra forma, si estoy en el Sur o el Norte; estoy en la Argentina, un día hábil he faltado desde que empezó el año, no me fui a Punta del Este ni a ningún lado, estaba en mi tierra y no dejé de trabajar un segundo.»


Su silencio de cuatro días volvió a justificarloen su rechazo a gestos demagógicos, como si lo hubieran sido sus apariciones en el socavón de Río Turbio cuando murieron operarios de YCF, cuando recibía a los familiares de Axel Blumberg o de Patricia Nine, cuando participaba de las reivindicaciones en las puertas de la ESMA o cuando alzaba, ayer mismo, niños en el Salón Blanco para que registrasen los fotógrafos su amor por los más pequeños. Lo decía así: . «Yo no iba a jugar con los restos de hermanas y hermanos que murieron masacrados en ese maldito boliche al que concurrieron chicos a divertirse y a despedir el año. Me puse a trabajar desde el primer instante pero no para salir en los diarios, no para salir con los llantos de la hipocresía, no para jugar con el dolor de hermanas y hermanos que están sufriendo y que van a tener en mí un servidor silencioso, trabajando en todo lo que haya que hacer para solucionar los temas, pero no lucrando con la muerte de ellos; trabajando con cada una de las familias afectadas, como lo estamos haciendo con mis ministros desde el primer día, con Aníbal, con Alicia, con todos.»

• «¿Cómo es esto de si estuve o no estuve? ¿Para estar en la Argentina tengo que estar en la Capital Federal para algunos periodistas, o aquella la punta de la Patria no es la Argentina? ¿Se termina en la General Paz la Argentina o tengo que venir a hacer un show mediático de llanto y dolor, con todo lo que están sufriendo los argentinos, frente a las cámaras para decir cuánto lo siento?»

«Pero en esos mismos medios amarillos que muchas veces elogiaron la capacidad de inversión de estos hombres como el que está imputado hoy, que lo ponían como un hombre de la moda, del jet set argentino, no vi escrito en ningún lado los peligros que tenían boliches que yo ni siquiera conocía. Argentinos, por favor en serio, no dejemos que nos gane más la hipocresía, no hagamos más actitudes circenses, no hagamos más sufrir a los que sufren.»

El párrafo más moderado fue la reivindicación del dolor de las víctimas de la manipulación que intentaron sobre ellas las fracciones políticas que protagonizaron los incidentes de la Plaza de Mayo el lunes pasado:

• «Agrupaciones políticas: no usen el dolor de las víctimas, no agredan. No les tengo miedo a esas agrupaciones que fueron a agredir a otros hermanos que lo único que querían era brindar seguridad el otro día, y fueron a estropear el dolor de los que sufren para ver si podían obtener algún rédito miserable de la política e hicieron ese espectáculo dantesco que tuvimos que ver.»

• «Argentinos, tengamos presente todo lo que nos pasó en los 10 años, estas cosas que vemos o los daños estructurales que nos dejó un proceso económico devastador, que muchos que los que escriben hoy lo defendieron, lo ampararon y se callaron durante mucho tiempo. Y todavía les siguen haciendo notas en sus diarios, como si fueran próceres, a los que se escaparon con helicóptero de esta Casa de Gobierno, dejando al pueblo a su libre destino. No les tengo miedo, escriban lo que quieran.»

«No les tengamos miedo, y a los dirigentes les digo: no les tengan miedo a la extorsión de la pluma de ese sector del periodismo amarillo, porque en la Argentina vale también dar la batalla para que se termine aquello que tanto daño nos hizo.»

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