5 de agosto 2002 - 00:00

Otro neutral para De la Sota: Solá

José Manuel de la Sota puede haber salido de La Plata hacia Avellaneda convencido de que había ganado un nuevo apóstol para su causa: el gobernador Felipe Solá. Tan gentilmente lo atendió su colega bonaerense que el malentendido es comprensible. Valdría la pena que alguien le informe sobre el discurso que el propio Solá pronunció el sábado a la noche en el Partido de la Costa, donde encabezó una reunión de cerca de 150 dirigentes bonaerenses: «La provincia no soporta dos campañas electorales. De ahora en más mi posición será la neutralidad». El gobernador agregó algunas precisiones a esa afirmación conversando con este diario: «Si (Carlos) Menem me pide una entrevista, sin agresiones, se la concedo también», afirmó, eligiendo el ejemplo más dramático. Con lo de «agresiones» Solá suele referirse a un aspecto de la operación bonaerense el que mortifica especialmente al riojano: su decisión de ingresar a la provincia de la mano de un extrapartidario como Luis Patti.

La determinación de mantenerse neutral podría ser un lanzamiento subliminal de la candidatura de Solá a la gobernación, en contradicción con las pretensiones de los Duhalde, que preferirían retener el mando bonae rense en los estrechos límites del matrimonio. Cualquiera advierte que, siendo Menem uno de los candidatos, el Presidente sólo puede embanderarse en contra, tal como viene haciéndolo en favor (?) de De la Sota. Vista desde Olivos, cualquier prescindencia resulta desafiante, provenga de las provincias del Norte o, mucho más, de la de Buenos Aires.

Observada desde el punto de vista de De la Sota, la conducta de Solá ha de resultar un pésimo servicio. Si nadie pretendía que se sumara a la carrera del cordobés, por lo menos se esperaba que no se bajara después de que el candidato pasó por su distrito. En el recuento de las provincias «grandes», ya se insinuó neutral Carlos Reutemann, ahora se manifiesta Solá, faltaría que asuma la misma postura el propio De la Sota para que la candidatura recuerde a aquel barrilete emparchado del que habla siempre José María Díaz Bancalari.

Lo cierto es que para justificar su conducta el mandamás bonaerense tiene más de una excusa: por lo pronto, De la Sota se subió al primer palco que le habilitaron en el distrito acompañado por los principales adversarios del gobernador, desde Osvaldo Mércuri hasta Baldomero «Cacho» Alvarez de Oliveira. «¿Sabés que vas a entrar a la provincia de la mano de todos los que me odian, no?», le preguntó Solá al cordobés, paseando por el jardín de la Casa de Gobierno platense. «A esta altura yo no puedo poner condiciones cuando me invitan», contestó el candidato y siguió con la melodía: «Recién cuando crezca un poco en las encuestas voy a poder actuar más libremente». Que lea Duhalde: su ahijado quiere volar, aunque por ahora sólo cuenta con apoyos con sello presidencial.

Si faltaba otro justificativo para la prescindencia, está también el hecho de que Solá haya recibido a Adolfo Rodríguez Saá, aunque con menos publicidad que a De la Sota, claro. Precisamente el viernes por la noche, en la misma casa en la que abrió las puertas al cordobés, el gobernador bonaerense se reunió con Aldo Rico: el ex militar iba a informarle que se postularía como candidato a sucederlo desde las filas del puntano. Se enfrentarán el año que viene, entonces.

•Tres etapas

Solá organizó la recepción de De la Sota en tres etapas. Comenzó con un desayuno lleno de formalidades en el que estaba garantizada la ausencia de cualquier intimidad: a su lado el dueño de casa sentó al arzobispo de La Plata, el ortodoxo Héctor Aguer. Al lado del cordobés, sus acólitos de siempre: su esposa Olga, el jefe de campaña para todos los efectos Carlos Caserio y el vicegobernador Hernán Olivero. Del lado de Solá y Aguer, el resto del gabinete platense.

El segundo tramo de la reunión fue a solas y duró aproximadamente 10 minutos. A pesar de los propósitos del matrimonio cordobés, no hubo la menor insinuación sobre la posibilidad de una fórmula compartida. Solá cortó a De la Sota de entrada: «Para acompañarte debería dejar la provincia y sería una irresponsabilidad enorme, ¿me entendés?». El candidato a presidente se dio por satisfecho.

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