El ministro de Defensa, José Pampuro, explicará mañana en el Congreso el copamiento de varias instalaciones oficiales de la ciudad de Gonaives, que son responsabilidad del contingente conjunto argentino desplegado desde junio pasado bajo mandato de la ONU para la estabilización de Haití. No es el único tema de examen: también lo espera un proyecto de ley que envió el Ejecutivo -tiene media sanción del Senado- por el cual se pide autorización para la salida de tropas (y la entrada de extranjeros) para trece ejercicios en el exterior. El proyecto ómnibus contempla maniobras de las tres fuerzas para este año y también 2005. Ni Carlos Menem, a quien la historia legislativa le endilga alineamiento automático, se atrevió a girar un proyecto tan extenso como el que ahora Néstor Kirchner firmó para satisfacción de compromisos con la seguridad internacional. La senadora Marita Perceval fue la relatora en la Comisión de Defensa del Senado que la semana pasada logró unanimidad en la votación y sólo la protesta aislada del socialista santafesino Rubén Giustiniani. Pero el tema sensible para Pampuro, porque puede provocar cimbronazos en el cargo, es el escenario de enfrentamiento de los Cascos Azules con los rebeldes militares haitianos. Ya hubo un antecedente que todos en Defensa quieren olvidar: un falso rumor de agresión sexual puso en jaque al staff hace un mes. Los hechos protagonizados la semana pasada por un grupo de ex militares haitianos conducidos por el ex sargento Ravix Rémissanthe encendieron nuevamente luces de emergencia.
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Tanto Jorge Villaverde (PJ), presidente de la Comisión de Defensa de Diputados como su par en Relaciones Exteriores, Jorge Argüello (PJ), conocían las escaramuzas de la fuerza nacional con los rebeldes. El propio Pampuro les anticipó las novedades en un seminario sobre Tendencias de la Seguridad Internacional que se desarrolló el viernes pasado en el hotel Hilton. En concreto, el miércoles 1 de setiembre un grupo de ex militares liderados por el ex sargento Rémissainthe inició una campaña de agitación con armas, al sur de Puerto Príncipe y luego una treintena de ellos tomó la comisaría de Gonaives, ciudad asignada a los Cascos Azules argentinos. Los anima un objetivo reivindicatorio y otro político, y los Cascos Azules son el argumento de la campaña que les permite notoriedad y atención del gobierno de transición. Quieren indemnizaciones por 10 años de salarios impagos -las fuerzas armadas haitianas fueron disueltas por Aristide en 1994, sin una ley del Congreso- y buscan espacio en la carrera electoral, el referente es Guy Philippe, ex jefe de policía, hoy secretario general del partido por la Reconstrucción Nacional de Haití.
Pampuro espera que la llegada del general Jorge Lugani en calidad de segundo jefe del brasileño Augusto Ribeiro Pereira, comandante de la Misión de Estabilización de Haití (Minustah), lleve un poco de tranquilidad a su ministerio. Lugani, precedido de cierta «expertise» en materia de negociaciones sensibles, acaba de dejar su puesto en la Jefatura de Operaciones del Ejército que monitoreaba acuerdos de ayuda humanitaria con intendentes del conurbano bonaerense. Pero se demora su traslado a la misión en Haití por discrepancias administrativas con la ONU; al parecer, el cargo no figuraba en la orgánica de la Minustah.
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