23 de noviembre 2006 - 00:00

Papeleras: rechazan levantar cortes pese a un duro discurso presidencial

• Kirchner fustigó a Botnia, al Banco Mundial, a Tabaré y a sector de prensa. • Reclamó que vecinos de Gualeguaychú levanten los cortes a puentes. • Revelan que la Argentina ofreció pagar traslado de plantas a otro lugar.

Le cuesta mucho al país la defensa de una causa justa. Tiene razón Néstor Kirchner cuandose enoja con sectores de opinión que analizan y critican la posición oficial en la puja con el Uruguay y la finlandesa Botnia como si no se tratase de una cuestión de soberanía que está más allá de los partidismos, sino de una querella doméstica en la que sólo se juegan intereses de facción. No la tiene cuando reclama que el público se quede callado a la espera de que el Presidente y funcionarios encuentren, en la soledad de sus despachos, una solución a un grave conflicto entre estados.

Acaso el experimentado hombre político que es Kirchner acumuló pericia para el control de las cuentas públicas en doce años de gobernación en Santa Cruz. Pero ese desempeño no aportó experiencia para enfrentar estos conflictos entre estados y tampoco para una sociedad con prensa libre que no se domestica y que se niega a mirar los hechos desde la sola óptica del gobierno.

Eso explica que apareciera ayer de nuevo airado ante cámaras de TV desde la Casa de Gobierno aislando al país del resto del mundo, calificando de « intransigente» al presidente del Uruguay, señalando las responsabilidades de organismos financieros y de los intereses de la finlandesa Botnia. No se le va a negar a Kirchner que defienda, como dice, los «intereses nacionales»; pero tampoco les puede él quitar ese rol a sus adversarios aun de la prensa, por más que aparezcan respaldando argumentos que olvidan el centro de esta porfía: que en la frontera del río Uruguay esa empresa construye una planta de celulosa que amenaza con destruir el ambiente y con terminar con la actividad turística de la vecina Gualeguaychú.

Kirchner defendió una posición firme en la puja con Chile por los Hielos Continentales, un conflicto que dejó una lección para usar en estas horas. El acuerdo al que se llegó lo facilitó una actitud de los dos países de que debían ceder algo de sus posiciones originales. El límite que se trazó les dio a las partes la sensación agridulce de haber perdido algo pero se compensaba con la superación de algo que en otros tiempos hubiera conducido a una guerra.

Anoche los vecinos de Gualeguaychú discutieron estas palabras del Presidente y estuvieron a punto de levantar los cortes, conscientes de que son la principal piedra a superar si se quiere una solución como la que, por caso, puede acercar la mediación del rey de España pero que es el único recurso para que los escuchen en algún despacho.

Cierto que aplicar a esas interrupciones -que perjudican la estrategia del país en todos los tribunales internacionales- la misma dialéctica que ante los cortes de calles por piqueteros tampoco soluciona nada. Es falaz que entre los extremos que significan la inacción, por un lado, y la represión sangrienta, por el otro, hay un universo de posibilidades que superan los efectos de la legítima protesta de los vecinos que reclaman por el futuro del aire, el agua y la salud al ver que se alza, inexorable y contra todo razonamiento, la ofensiva «pipa» de la planta de Botnia.

Que el Presidente no quiere el debate de la prensa de estos asuntos no es algo nuevo.

Apenas asumió les impidió a sus funcionarios que mantuvieran conversaciones «off the record» con periodistas, remitiendo a éstos a leer sus decisiones en el Boletín Oficial. De esa manera intentaba, aunque fracasó a los pocos días, que el público discutiera las medidas de gobierno en el momento de su gestación y antes de que fueran comunicadas una vez resueltas.

A cambio de esa reticencia no ofrece tampoco señales de que su oficina tenga una estrategia. La política en torno a las papeleras se discute, a los tironeos, entre una Secretaría de Medio Ambiente cuya titular viaja por el mundo apartada de la negociación (si es que existe alguna) y una Cancillería poblada de abogados y diplomáticos que se pueden pasar la vida explicando por qué las Malvinas son argentinas pero sin aportar ningún avance para que sean devueltas por los británicos. Anoche el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, reveló parte del plan estratégico que el gobierno decía guardar en secreto, custodiado por la secretaria Romina Picolotti: aplicar fondos públicos -que a veces se malgastan en subsidios o prebendas sin rédito alguno, salvo el clientelísticoal traslado de las plantas de ENCE y de Botnia y a la reconversión del área Gualeguaychú- Fray Bentos en un polo turístico internacional. La escasa pericia de gestión del gobierno -y el empecinamiento del Uruguay-no ha permitido que esta idea sea escuchada del otro lado río y abra un diálogo que ninguna de las partes parece dispuesta a mantener.

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