Paro piquetero ayer sin violencia y organizado
Aunque flotó la tensión, el paro de los piqueteros terminó sin violencia. El gobierno conservó la prudencia y, pese a que dispuso un importante operativo, mantuvo a moderada distancia a la Policía para evitar el choque con los manifestantes. No fue contundente. La protesta se sintió con mayor fuerza en los accesos a la Capital Federal; en la zona del Puente Pueyrredón se concentró el grueso de la manifestación que luego marchó a la Legislatura porteña y al Congreso. El ala dura calificó como un éxito la protesta y anunció otra para la semana que viene. El gobierno considera que fue un fracaso, y a través del jefe de Gabinete Alberto Fernández, pidió que fuera el último corte de rutas en el país.
-
Fábrica Argentina de Aviones: salvavidas de Embraer y descontento por contratación de "ñoquis"
-
El Gobierno intenta (otra vez) dejar atrás los escándalos y retomar la agenda
Entre sones de cumbia villeray chamamé, después de la hora señalada, los desocupados de las agrupaciones Aníbal Verón, del Bloque Piquetero Nacional y del Movimiento Independiente de Jubilados y de Desocupados, fueron arreando las banderas, acallando los tamboriles, descubriéndose el rostro, mientras decenas de policías los vigilaban desde lejos, sin intervenir, como lo dispuso el gobierno para evitar incidentes.
Si un sociólogo hiciese un análisis del momento, bien hubiera definido que esa barrera humana encapuchada y con palos en las manos que ayer se adueñaron de los principales acceso a la Ciudad le fueron a disputar el monopolio de la fuerza al mismísimo Néstor Kirchner.
Precisamente, que la bomba de los piqueteros no estallara, tuvo que ver un correcto operativo policial con algo más de 500 policías del lado del conurbano bonaerense y una cantidad similar del lado de la Ciudad que administra el alcalde Aníbal Ibarra. El complejo operativo fue seguido de cerca en la Casa de Gobierno por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. El gobierno buscó desde el comienzo de la confrontación, que tuvo alto voltaje político con la toma del Ministerio de Trabajo, evitar más muertes como las de Maximiliano Kostecki y Darío Santillán.
Claro que también tuvo que ver que los grupos de piqueteros -pese al enojo y a la dureza de algunos-aceptaran que no se debía fagocitar la represión para medir con muertes los resultados de la pulseada política. Y aunque con discursos de barricadas de explosivos contenidos, después de una reunión que mantuvieron en el despacho del juez federal de La Plata, Adolfo Ziulu, a los caciques piqueteros les quedó en claro que la Justicia iba a actuar.
El juez les entregó una copia de la resolución judicial y les dijo que haría respetar el derecho de circulación en la Autopista Buenos Aires-La Plata. El magistrado en persona se encargó que esa disposición se cumpliera, y los piqueteros acataron como conveniente que el corte fuera sobre la rotonda y no en la autopista.
Al Bloque Piquetero Nacional, orientado por el Polo Obrero y el Movimiento Teresa Vive (ambos de izquierda), le tocó interrumpirel tránsito en la Panamericana, que vincula la Capital con la periferia norte.
Una decena de patrulleros y carros de asalto se desplegaron alrededor de activistas del piquete, pero «sin que se haya producido una actitud intimidatoria», reconoció Luis Antón, dirigente del Polo Obrero.
•Neutralización
En tanto, otro grupo de piqueteros se apiñó en el Puente Pueyrredón (viejo y nuevo) aislando el populoso cordón del conurbano bonaerense, mientras la Policía se ubicó también a moderada distancia para evitar choques o provocaciones. Por caso, los accesos al transitado puente fueron cortados hasta cuatro kilómetros antes para evitar que los automovilistas se toparan con los grupos de desocupados y se generaran situaciones de violencia.
Lo que los bandos en disputano pudieron evitar fue el mal humor de los conductores que, en algunos casos, tuvieron que variar sus recorridos de rutina para poder llegar a destino. En el caso de la Capital, los piquetes obligaron a los automovilistas, incluidos los de varias líneas de colectivos, a amplios rodeos para utilizar los puentes Avellaneda, en La Boca; Victorino de la Plaza, en Barracas, o Uriburu, en Nueva Pompeya.
«Fue un triunfo total, con 50 mil personas en las rutas entre compañeros desocupados,estudiantes, inundados y todos los sectores en lucha del movimiento obrero», dijeron a coro los líderes de la protesta poco antes de encabezar, al anochecer, una concentración ante el Congreso Nacional.
El gobierno, en tanto, eludió hacer comentarios pero no ocultó su satisfacción por la escasa adhesión que concitó el reclamo de los «piqueduros». Además, resultó operativa la estrategia de asegurar vías alternativas a los vehículos de modo que el tránsito no fue interrumpido sino meramente perturbado.
Coincidencias: unos y otros exhibieron como un trofeo la ausencia de violencia. El gobierno ratificando la política no represiva para administrar el conflicto; las organizaciones de desocupados haciendo alarde de disciplina y conducta de sus militantes.



Dejá tu comentario