2 de agosto 2004 - 00:00

Pedirán a la UCR prórroga de superpoderes

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Angel Rozas, titular de la UCR, se comunicó ayer con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a quien le informó que no estará en Buenos Aires antes del próximo 12 de agosto. Eso dilata el primer contacto formal entre el gobierno y la principal oposición parlamentaria para ensayar alguna forma de acuerdo que le acerque alivio a la administración Kirchner.

El ex gobernador del Chaco iniciará hoy una serie de reuniones en Nueva York y en Washington con funcionarios de los Estados Unidos y de organismos financieros internacionales según una agenda en cuyo armado participó el embajador José Bordón. Pero más allá de esos compromisos, la intención de Rozas, como de los demás caciques radicales, es tomar distancia del primer efecto que tuvo este llamado del gobierno a conversar. No haber anotado en lista a los disidentes de ese partido, como Elisa Carrió y Ricardo López Murphy («son diagnosticadores sin propuestas», explicó el jefe de Gabinete), achicó mucho en la opinión pública el buen efecto que esa convocatoria tuvo hacia adentro de la política.

La jefa del ARI se dedicó a denunciar -como lo hizo anoche con rudeza en su aparición en el programa de Mariano Grondona- que este contacto será un «pacto de cargos» como, dijo, son «todos los que hacen los partidos tradicionales».

López Murphy
, por su lado, manifestó estar dispuesto a conversar si lo llamaban, un gesto que doblegó a Alberto Fernández: el viernes, después del debut de la ronda de conversaciones con el también disidente radical Rodolfo Terragno, se anunció que el cacique de Recrear será llamado a hablar con la Casa de Gobierno.

El gobierno trató durante el fin de semana de blindar las verdaderas razones de este llamado a un acuerdo a la fuerza con la que tiene más coincidencias doctrinarias. De hecho, cuando Rozas, Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau o Federico Storani se han quejado del gobierno, es más por no haberlos llamado a conversar, por ignorar a los partidos políticos, que por proyectos en concreto. Eso se ha mostrado, además, en la votación de temas conflictivos como los cambios en la Corte o la nulidad de las leyes de punto final, que contaron con el apoyo de la UCR en el voto o en la integración del quórum para la sanción.

• Mensaje

La verdad es que el gobierno abre este juego hacia sus aliados parlamentarios porque le llegó el mensaje que de manera subrepticia deja Eduardo Duhalde en los legisladores que lo visitan en Lomas de Zamora: no hay que renovarle al Poder Ejecutivo, en diciembre próximo, la delegación de facultades que son la clave de la gestión actual.

Esas facultades, que algunos llaman
superpoderes, fueron cedidas por el Congreso al gobierno cuando era presidente Eduardo Duhalde y le fueron renovadas a Kirchner. Son las normas que prolongan la llamada Ley de Emergencia Econó-mica, autorizan a la negociación de contratos, la fijación de precios y tarifas, y también siguen poniendo un freno sobre la avalancha de juicios por pesificación y devaluación.

En el último mes, por lo menos dos senadores y dos diputados de fuerte gravitación en el peronismo del Congreso escu-charon muy severos reproches de Duhalde hacia Kirchner y su capacidad de gestionar y, especialmente, de reconocerle al peronismo su contribución no sólo electoral sino a la gestión misma del santacruceño iniciada hace 15 meses.

El banco de prueba de esa relación la sindica Duhalde y los legisladores en la sanción de la Ley de Responsabilidad Fiscal aprobada por esa cámara luego de una negociación finísima cuya responsabilidad se atribuyen los jefes de varias comisiones para satisfacer un pedido clave del Poder Ejecutivo en su negociación con el Fondo.

Ninguno de esos legisladores, se quejaron ante Duhalde, recibió ningún tipo de gesto de agradecimiento -material o inmaterial-por parte del Presidente, su esposa o del ministro de Economía, bloqueados todos por ese ánimo ríspido con que mantienen su relación con el Congreso.

En las conversaciones con esos legisladores Duhalde dijo en privado todo lo contrario a lo que le atribuyó haber dicho en público en Montevideo el diario «Clarín». Ese día insistió en la prédica del apoyo sin canciones, pero en las charlas privadas de Lomas hace severos reproches a su capacidad de gestionar, a la lealtad con que trata al partido que lo hizo presidente y aun a su capacidad de contener su ánimo airado al tratar a las personas y a los asuntos de Estado.

Con ese diagnóstico casi psicológico -algo hoy muy de moda en el país acerca del Presidente-Duhalde
ha dicho que hay que sacarle todas las lapiceras que tiene el santacruce-ño, es decir toda la capacidad que tiene de tomar decisiones más allá de las facultades que la Constitución le da al Presidente. La idea, que no es una orden aún, es: «Hay que sacarle los superpoderes a Néstor; no hay que renovarle las facultades delegadas el 31 de diciembre».

En ese contexto, el ex presidente relata haber recibido a más de un dirigente del kirchnerismo y hasta a alguno de sus más connotados voceros periodísticos que le piden que sea candidato a senador nacional el año que viene y que asuma su rol de «reaseguro de gobernabilidad».

Esas sugerencias de Duhalde le llegaron hace más de una se-mana al Presidente y la reacción fue buscar el apoyo de quienes pueden acercarle votos, quieren ayudarlo y con quienes tiene menos distancias doctrinarias. ¿Y el peronismo? Durante el fin de semana, sus principales caciques mantuvieron silencio sobre el llamado a los radicales, mordiendo el freno: se ven víctimas del mismo método que usaba Duhalde para manejarse con ellos para eludir presiones y negociar con más espacio. Primero llamaba a los radicales, arreglaba con ellos, y después los recibía a los peronistas con el gesto de
«miren, amigos ya tengo, ¿quieren sumarse?».

Ese método lo usó ya antes
Fernando de la Rúa, quien se cansó de recibir a los legisladores peronistas en Olivos, ignorando a sus correligionarios, que encima eran minoría apabullante por lo menos en el Senado. Los arqueólogos podrán encontrar antecedentes hasta en un Carlos Menem, que recibía a connotados peronistas con Adelina de Viola o María Julia Alsogaray a su lado, también en un intento de eludir el «abrazo del oso» de los compañeros peronistas.

En la agenda del acuerdo, renovar los poderes especiales son hoy la clave para el futuro inmediato de Kirchner. El futuro de la economía sigue entre nubarrones por la falta de acuerdo con acreedores, organismos financieros y el complicado contexto internacional (principalmente precios). Hay falta de acuerdos políticos y una imparable caída en el crédito ante la opinión por la deteriorada gestión en áreas como seguridad, por lo que se teme que el próximo año puede ser un calvario que lo lleve a Kirchner a las elecciones en condiciones muy complicadas.

Este objetivo de rescatar las facultades delegadas tendrá un lugar primordial en la mesa a la que el gobierno quiere sentar, antes que nadie, a los radicales. El argumento de que deben autorizarse nombres de ese partido en cargos del gobierno agradará a algunos; a otros, el llamado a enfrentar juntos al piqueterismo violento. Antes, como ocurrió ya en la reunión
Alberto Fernández- Terragno, asuntos más urgentes: que el radicalismo del Congreso no se haga eco de las denuncias de Gustavo Béliz, que cesen los dardos sobre el cuestionado sistema de inteligencia estatal y que estén atentos cuando el FMI le pida al gobierno que cualquier futuro acuerdo tenga la anuencia de la oposición.

Dejá tu comentario

Te puede interesar