25 de septiembre 2002 - 00:00

Peligran ahora vuelos a Malvinas

Un nubarrón diplomático amenaza la continuidad de los vuelos humanitarios para los familiares de los caídos en Malvinas. Carlos Ruckauf tiene en estudio qué responderle al gobierno de Chile si se confirma la decisión de la empresa trasandina LanChile de interrumpir el servicio regular de pasajeros entre Río Gallegos y las islas Malvinas. El escenario de la crisis económica repercutió desfavorablemente en todo el negocio aerocomercial, de allí que la empresa LanChile iniciara una serie de contactos con operadores turísticos anunciando su intención de retirarse de la frecuencia que une el continente con las islas.

Esa ruta, negociada por el extinto canciller Guido Di Tella con su par británico Robin Cook, fue parte del acuerdo del 14 de julio de 1999 entre la Argentina y Gran Bretaña que reanudó las comunicaciones con las islas Malvinas. El acuerdo establecía vuelos una vez por semana entre Punta Arenas y Malvinas con dos escalas mensuales en Río Gallegos para los pasajeros argentinos. Antes de dejar su puesto en la Secretaría de Relaciones Exteriores, el embajador Jorge Faurie, envió una nota (N° 287/02, Letra: SEREE) al secretario de Transportes de la Nación, Guillermo López del Punta, que dice: «...Esta Cancillería ha tomado conocimiento de que la empresa mencionada estaría informando por sí y a través de agencias y operadores turísticos que la escala de Río Gallegos en la ruta a las islas Malvinas no es operativa»... y le pide «...quiera tener a bien investigar el caso y facilitar a esta Cancillería la información que disponga en relación con el asunto. Al mismo tiempo, le solicito que, en caso de comprobarse una irregularidad, se requiera a la empresa LanChile información adicional y se le señale la preocupación de las autoridades argentinas...».

En realidad, la preocupación ganó la oficina del propio canciller en el coqueto edificio de Esmeralda y Juncal, porque está en preparación la agenda del viaje que hará a mediados de octubre a Gran Bretaña. Sus colaboradores aconsejaron centrar el discurso ante políticos y empresarios británicos en la recuperación económica de la Argentina, y lo último que desea el canciller es llevar un problema que despierte fervores nacionalistas. La queja de LanChile es común a todas las empresas aerocomerciales: la devaluación dejó tarifas en pesos y todos los costos en dólares, empezando por el leasing de los aviones. El combustible se encareció 250 por ciento. Además, la posta en Río Gallegos previa a Malvinas no tiene el atractivo de otros puntos del país en donde hacen sus compras los dolarizados turistas extranjeros. Esa escala se paga con un subsidio semestral de la Cancillería que se hizo trizas con la pesificación.

En caso de que LanChile interrumpa la etapa de Río Gallegos, Ruckauf protestaría ante el gobierno trasandino con letra del embajador Santos Goñi, director del Atlántico Sur. Los argumentos dicen que: la declaración conjunta del 14 de julio de 1999 prevé «dar pleno apoyo a la reanudación inmediata de servicios aéreos civiles regulares directos entre Chile y las islas Malvinas operados por LanChile o cualquier otra aerolínea que acuerden las partes», y que el Decreto el 1.179/02 autorizó a LanChile a explotar servicios regulares en la ruta Punta Arenas-Malvinas-Punta Arenas, incluyendo dos escalas mensuales en Río Gallegos. Sin embargo, el dato más polémico a jugar por Ruckauf sería recordar al gobierno de Ricardo Lagos el apoyo de la Argentina cuando se detuvo al dictador Augusto Pinochet en Londres. Fue ese gesto el que permitió luego a la Argentina ofrecerse como mediador ante Gran Bretaña y destrabar el bloqueo aéreo a los isleños. Pues LanChile había suspendido el charter a las islas en represalia por la prisión de Pinochet.

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