15 de marzo 2004 - 00:00

Poco seria

Periodistas de Ambito recuerdan cuando en 2000 y 2001 asistieron a la inauguración primero de la pista y en otro viaje del aeropuerto de El Calafate, en Santa Cruz. Al matrimonio Kirchner siempre le gustó -y no está mal- difundir por la prensa sus logros. Pero mientras tenían sólo vigencia santacruceña sus formas eran distintas, sobre todo, y cuidadas: el periodismo de Buenos Aires fue invitado esos años, sin discriminaciones, por la propia provincia, en aviones de línea (como Southern Winds). No fue lo mismo el viernes pasado cuando la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, usó el avión presidencial Tango 03 para llevar a la prensa. El 01 lo había llevado, al mismo tiempo, su esposo Presidente primero a Chile, luego a Mendoza y finalmente a Mar del Plata a presenciar el besamanos -propio de esta época- y premiar a uno de los más rencorosos personajes de la ultraizquierda criolla, el director de cine, Pino Solanas. Para un acto en una provincia -peor aún si es la casi propia Santa Cruz- no puede usarse un avión del Estado nacional. No puede usarse el gasto público de todos los argentinos porque todas las provincias tendrían el mismo derecho. «Lo importante es estar acá», respondió evasivamente sin ir al fondo la primera dama concurrente ante el mismo periodismo sorprendido que la acompañaba. Debió invitar, como antes, la provincia si creemos en el federalismo. Por si faltara poco al desaguisado, el secretario de Turismo de la nación, Enrique Meller -santacruceño también-, hizo de nuevo discriminación y eliminó prensa, invitando sólo a la benemérita del gobierno o de izquierda. Ambito Financiero estuvo antes, en los dos viajes provinciales por el aeropuerto, pero ahora no. El funcionario Meller los tachó.

No obstante, esta gruesa falla antidemocrática y peligroso desprecio por el dinero público, aun el periodismo que fue privilegiado tuvo algún atisbo de nobleza. La interrogó duro a la primera dama por el dispendio, aun cuando sea una maravilla única el rompimiento del glaciar Perito Moreno, sin duda. Los periodistas, incluso, contaron un chiste mordaz al resto de sus colegas: «Cristina no vio la primera caída (la grande fue ayer pero ya estaban de regreso) por mirar las cámaras fotográficas».

Debería operar con más cuidado la esposa del Presidente que todavía goza de alta estima de ciudadanos más allá de la cursilería de si salió en la revista española «Hola», si se agregó extensiones a su cabello o cambió de peinado. En definitiva al ciudadano común le gusta ver bien representado a su país y Cristina Kirchner lo logra. Pero hace al Estado el grave error de haber declarado al regresar de EE.UU. «no es tan grave quedar fuera del mundo» en relación a pagarle o no al Fondo Monetario. También el mal uso de la flota de aviones presidenciales.

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