10 de septiembre 2004 - 00:00

Poco serio

Que en el acto de repudio al fallo de la AMIA, el miércoles, se haya hecho política, fundamentalmente desde la izquierda y por miembros de la propia colectividad judía, es deplorable. El dolor nunca es manipulable. Más el dolor por 85 víctimas de la destrozada mutual en uno de los atentados más sangrientos en el país. Horacio Verbitsky desde la politizada y parcial CELS financia a Memoria Activa, grupo opuesto a Familiares de las víctimas dentro de la colectividad. La obligó a no adherir al acto de protesta. Pero otro judío cercano a Verbitsky, Martín Granovsky, director del diario del gobierno (aunque aún figure a nombre de Héctor Magnetto) «Página/12» denigró el acto de la AMIA siguiendo al hombre que hoy maneja enormes sumas de dinero con el uso de «memorias» (Activa, la bonaerense con aportes públicos, la de la ESMA, y debe haber otras). Tanto lo despreció el acto Granovsky que en las páginas del «Pravda criollo» mencionó -como parte interesada en oponerse- «concurrencia relativa», pero se sintió más libre en «Canal 9», con Gerardo Rozin en el programa «Medianoche de un día agitado», a cuantificar aquel «relativo» y lo ubicó en 3.000 a 4.000 personas. Un Rozin bien inspirado para la televisión, luchando contra su falta de carisma, que debería sacar al aire a gente neutra para opinar.

«La Nación», «La Prensa» y Ambito Financiero, que no acumulan odios en este tema y pueden opinar normales, ubicaron la concurrencia con la cifra más posible, entre 8.000 y 10.000 personas. «Clarín», que debe estar haciendo negocios con Verbitsky (ayer tituló un acto con el marginal «exigen sacar a la SIDE del caso AMIA», ¿le habrán suprimido algún sobre...?), exageró y la bajó a 5.000 cuando la misma Policía Federal, siempre estricta tendiendo a menos, la calculó en 6.000 personas. «Crónica» y «Diario Popular», también ajenos a internas judías, señalaron ambos 15.000 personas.

Verbitsky y Granovsky, en definitiva, son línea stalinista en la izquierda nativa, sumaron al intento de ahondar la división en la familia judía a la politización del fallo y del acto: tratan de endilgarle también al menemismo (ya habían insistido hasta quedar descartado por absurdo y menciones falsas) un supuesto pago de un presunto «arrepentido iraní» por facilitar el atentado. Nadie pensante puede ni suponer que Menem y otros de su gobierno pudieron incitar u ocultar un atentado así. Al contrario, esforzándose hasta en pagos para esclarecerlo quizá lo complicaron. Pero no de mala fe.

Lo que está en juego -este diario lo explicó ayer- es si técnicamente los tres jueces del fallo sobre los acusados por el atentado tuvieron inevitablemente que absolver o aplicando el criterio jurídico de «convicción íntima en base a indicios ciertos» con que pudieron condenar. Se sabrá cuando se difundan -el próximo 29- los fundamentos. Ayer, León Arslanian por radio -teórico para temas de seguridad pero buen jurista dentro de la línea garantista-señaló que «había elementos de prueba como para que la decisión fuera distinta».

Pero hoy por hoy adjudicarles «culpas» o «incitar al atentado» al ex presidente Carlos Menem, a su ministro Carlos Corach (judío, además) o al entonces titular de la SIDE, Hugo Anzorregui, suena una estupidez que ninguna persona sensata creería. Y ya se sabe que en Verbitsky lo de «sensato» está en duda. Hasta el presidente de la Nación le dijo a Gustavo Béliz, y éste difundió, que tiene «obsesiones» con la década del '70. No se sabe, eso sí, si las tiene por la brutal represión a la subversión a sus ex compañeros, por su propia matanza de civiles al apretar anticipadamente por miedo el disparador de una carga de explosivos contra un auto que transportaba al ex dictador Jorge Videla; tal vez por los compa-ñeros que dejó abandonados tras ese atentado al usar y huir en el único vehículo que tenía el grupo para alejarse rápido en el operativo. O si la obsesión por los '70 es porque la Fundación Ford puede cansarse de alimentarlo financieramente desde Estados Unidos con el uso, ya largo, de «los militares de la opresión en Latinoamérica» y decide girar el elevado aporte en dólares a algo actual como es la lucha contra la seguridad que encara la Fundación de Juan Carlos Blumberg. Por eso que el inefable Verbitsky y sectores de la izquierda aburguesada, preocupados sólo por «fondos» en definitiva y sobre todo desde que Néstor Kirchner es gobierno, atacan al padre del asesinado joven Axel. Tan preocupados están que usaron para expresarse hasta un acto de dolor de la colectividad judía, como fue este del miércoles.

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