Modelo de lo que será el interior del nuevo DNI, con la fotografía (ojos vendados) de un periodista de este diario (Izq.). La misma foto que figura en el pasaporte de Carlos Pagni (Der.).
Algunos funcionarios del gobierno disfrutan de un humor particular, casi tenebroso o patético. Al menos, los del Ministerio del Interior, que no se sabe si se creen cómicos de primera línea o genios de la intimidación al periodismo. En los dos casos, fracasan. Y se habla desde un medio que no se ha rasgado las vestiduras ante la Sociedad Interamericana de Prensa por excesos en la falta de libertad de expresión, aunque sí ha advertido sobre ciertos peligros que puedan condicionar ese ejercicio.
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Entre esos riesgos, sin embargo, no se imaginó una burda amenaza desde lo subliminal expresada en un pliego de licitación de unas 300 páginas, sobre el futuro sistema de documentación de los argentinos, que arbitra esa cartera oficial y que ha desatado un conflicto de intereses entre distintos operadores y empresas del mundo (es, como se sabe, la renovada licencia para hacer el DNI, el control dactilar, etc., proyecto que también con algún escándalo ganó en su momento la empresa Siemmens, la cual luego fue apartada en tiempos de Fernando de la Rúa y generó, como réplica, un cuantioso juicio de resarcimiento al país en el CIADI). Un negocio pasado de 300 millones de dólares y que ahora pone en juego un volumen superior.
En el medio de esas 300 páginas que algunos empresarios impugnarán como un pliego hecho a la medida de sus competidores, cargado de requisitos, condicionamientos y especificaciones técnicas, aparece un modelo de lo que será el interior del nuevo DNI con los datos personales del ciudadano que corresponda. En apariencia, ese modelo se construyó con un nombre ficticio y con la fotografía de un ignoto personaje, al cual se le tapó los ojos con una suerte de venda negra. Hasta allí, ninguna observación, salvo la de los intereses empresarios que participan en ese proyecto técnico.
Pero, más que curiosamente, en la fotografía con los ojos tapados elegida para el modelo del nuevo documento igual se reconoce su identidad: pertenece a un hombre de este diario, a un periodista. Entre 36 millones de fotografías para elegir, los funcionarios de Interior responsables optaron casualmente por la de un periodista y, en esa opción casual, por la de un redactor de este diario. Además, el mismo (Carlos Pagni) que ha escrito en diversas ocasiones sobre aventuras y desventuras del pliego, posibles anomalías en la licitación, al tiempo que describió la participación de distintas empresas y los caminos recorridos para alcanzar el éxito. Demasiadas casualidades, sin duda.
¿Habrá que tomar el hecho de buscar la fotografía del periodista elegido en su pasaporte como una muestra del humor siniestro de los funcionarios? O, en todo caso, ¿se trata de una vulgar acción de amedrentamiento, la señal o el mensaje de que el Gran Hermano está vigilando?
Porque este episodio, además, revela que se aplican métodos de control o pesquisa sobre periodistas, sea para escuchar las conversaciones telefónicas, los mails que recibe o envía, las entrevistas que mantiene. Es, sin duda, una cuestión grave y una revelación de que los nerviosos funcionarios del Estado bastante a menudo pierden groseramente el tiempo mientras los contribuyentes les abonan el sueldo.