Pocos familiares en las calles

Política

Una explosión de algarabía se apoderó ayer a la tarde de los familiares de las víctimas de Cromañón que seguían ansiosos el resultado de la votación del juicio político contra Aníbal Ibarra. La gente en los bares que rodeaban la esquina de Avenida de Mayo y Perú, así como el nutrido grupo de padres -aunque bastante menor que el que concurrió durante la apertura del proceso- y los grupos piqueteros comenzaron a festejar cuando el arista Guillermo Smith aportó el voto número 10 que castigó la carrera política del ahora ex jefe de Gobierno porteño.

«Esto es para todos los Cromañones que ocurrieron en la Argentina, para la nieta de Alfonsín, para la nena que murió en el Paseo de la Infanta, y para todos los Cromañones que están latentes en los establecimientos educativos y municipales, para que no pase nunca más»,
exclamaba entre lágrimas José Guzmán, quien tenía colgada de su cuello una foto de su hijo Lucas de 18 años, uno de los 194 fallecidos en el incendio del local bailable de Once.

• Jornada laboral

Los presentes explicaban la poca asistencia de familiares alegando que se trataba de una jornada laborable, y que recién el día anterior a la sesión en la Legislatura se había podido conocer el horario de la votación. De todas formas, muchos padres siguieron la definición del destino de Ibarra en los bares a través de los televisores allí instalados.

Desde las veredas, otros abarrotaban las vidrieras donde se amontonaban para poder espiar los noticieros. El corte de calles estuvo a cargo de los piqueteros y partidos de izquierda, que se acercaron para advertir con cánticos que si no destituían a Ibarra, podía haber «quilombo». Allí estaban las banderas de la Corriente Clasista y Combativa, el MST Unite y la Juventud Comunista Revolucionaria.

A tan sólo 150 metros, en la intersección de Bolívar e Hipólito Yrigoyen,
la tropa ibarrista traída desde varias villas del conurbano se reforzaba lentamente con la llegada de trabajadores de comedores comunitarios que dependen del reparto de planes sociales del Gobierno de la Ciudad. Carteles como «Villa 31 de Retiro», «Coordinadora de Villas de la Capital Federal», «Unión Solidaria de Taxistas» y hasta una bandera boliviana desplegada por una decena de mujeres del altiplano adornaban el aparatoso intento ibarrista de apoyo popular.

La corta distancia que separaba a ambas barras y los apenas 40 policías que actuaban como muro humano de contención entre estos grupos antagónicos formaron
un cóctel explosivo que, tal vez gracias al veredicto final adverso a Ibarra, no llegó a tener un final violento.

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