Los cambios que promovió Jorge Telerman en el gabinete porteño mantienen aún en alerta no sólo al kirchnerismo local, sino también al ibarrismo, donde se ha profundizado una puja interna que se disparó tras la destitución del ex jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra.
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Ayer, voceros de Telerman salieron a dar explicaciones sobre el reemplazo de los kirchneristas Donato Spaccavento (Salud) y Ernesto Selzer (Obras Públicas) ya no aferrados a excusas técnicas sino políticas: «La movida tiene destinatarios políticos: los halcones del ibarrismo que quieren romper con Telerman y un sector del Frente para la Victoria que en tres meses se la pasó haciendo críticas a la gestión, como los que representan Daniel Scioli o Diego Kravetz». Para ampliar esa postura, los voceros aseguraron que también pega en los acólitos de Vilma Ibarra y se sorprendieron porque «ninguno de los subsecretarios y directores de esos grupos ha renunciado. La bronca es porque lo que intenta ser un gobierno amplio de contención de todas las expresiones, se toma como debilidad».
El kirchnerismo brama en la oscuridad, porque ha decidido mantener la cautela y esperar para comprobar si realmente las movidas de Telerman apuntan a un cambio en las alianzas políticas o bien pasan de largo como un ajuste en la gestión. Les ha dolido especialmente el desplazamiento del médico, quien junto con el titular de la cartera educativa, Alberto Sileoni, podría decirse que son los únicos kirchneristas de pura cepa que alberga el gobierno de Telerman al frente de ministerios.
Pero el ibarrismo el golpe lo recibió con la remoción de la abogada de la Ciudad, Alejandra Tadei. Esa ibarrista, procuradora general de la comuna, es la encargada de afrontar los juicioscontra la Ciudad, y no es un dato menor que Aníbal Ibarra confiara en su gestión para repeler cualquier complicación que pudiera surgirle tras la tragedia de Cromañón. Tadei, el lunes a medianoche ya emprendía la retirada, mientras Telerman debe enviar a la Legislatura los pliegos para nombrar en su reemplazo al alfonsinista Agustín Zbar. Además, los ibarristas miran los próximos movimientos de Telerman, quien mantiene como secretario general de Gobierno al ex jefe de gabinete de Ibarra, Raúl Fernández.
Durante la gestión del destituido funcionario, Fernández era el hombre de su plena confianza (incluso, resistido por el kirchnerismo, le causó enfrentamientos con el oficialismo). De a poco, Ibarra parece haber tomado algo de distancia de su ex colaborador, quien se presentó a última hora al acto de lanzamiento del nuevo partido político del ex jefe porteño y quien para el entorno de Telerman es «una pieza clave en el armado político de Jorge».
Por otro lado, el ibarrismo observa con atención que «la gente de Raúl está adentro (del gobierno) y nosotros afuera». Creen que si algunas personas adherentes al ahora secretario de Gobierno ascienden, por ejemplo al área de Salud, Fernández se estaría consolidando dentro del armado político para la campaña por la reelección de Telerman.
Fernández y los ministros Marcelo Vensentini (Medio Ambiente) y Silvia Fajre ( Cultura) se reunieron ayer con el jefe de Gobierno con la idea de acordar que ellos integran el «espacio de centroizquierda» que promociona Telerman.
Lo cierto es que las duras declaraciones de Ibarra del viernes pasado que aludieron al actual jefe porteño e irritaron a él y a su entorno no están en la sintonía de esos ibarristas.
Al mismo tiempo, dentro del kirchnerismo no descartan que Telerman pueda despegar en la gestión y que una buena administración lo posicione como candidato oficial.
La prueba de cuánto resiste el oficialismo la tendrá Telerman cuando envíe a la Legislatura los pliegos para reemplazar al directorio del Banco Ciudad y a la procuradora. Si bien puede ganar esa pelea con los votos del macrismo y del ARI, se verá si funciona el armado del llamado «Barrio T».
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