Populismo impide a Scioli ''combatir'' a delincuentes
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Daniel Scioli
En el discurso progresista, la lucha contra la delincuencia es asociada siempre a la privación de las libertades. Por ese motivo, dice Algarrondo, «la intelligentsia de izquierda sigue viendo en el más mínimo incremento de los poderes de la policía y de la justicia una amenaza a las 'libertades'».
Es cierto que pueden producirse excesos en la represión del delito y que una vigilancia sostenida es necesaria para evitarlos, pero la inacción que es resultado de esta ideología genera males mayores. Una cosa es privilegiar las causas sociales en la explicación de la delincuencia, otra es faltar al deber de combatirla. La izquierda subestima los sufrimientos infligidos a los pobres por el ascenso de la delincuencia. Algarrondo evoca un ejemplo apropiado al caso argentino: «La inseguridad toca a los más desamparados (porque) ahoga a los servicios públicos». Si lo sabrán los sufridos trabajadores que deben usar los transportes públicos, actualmente deficientes e inseguros, y que no accederán al tren bala de la modernidad anunciado por el gobierno.
Algarrondo le pone fecha a la fijación de este credo de lo « políticamente correcto en materia de seguridad». Es el Mayo francés (1968) y sus consignas libertarias: «Prohibido prohibir», «abajo el Estado policial», etc. También responsabiliza al desaparecido filósofo Michel Foucault, autor de «Vigilar y castigar» (1975), verdadera biblia del garantismo. «A los que roban, se los encarcela; a los que violan, se los encarcela; a los que matan, también. ¿De dónde viene esta extraña práctica y el curioso proyecto de encerrar para enderezar?», escribió Foucault. Siendo un hombre de izquierda, Algarrondo comete otra transgresión: defiende a la policía. «No se hará retroceder la inseguridad sin rehabilitar a la policía», sentencia y denuncia que para los intelectuales de izquierda «el nuevo proletariado son los delincuentes» y que, en consecuencia, consideran siempre «totalmente culpables a los policías, y totalmente inocentes a los jóvenes». La policía, en cambio, «necesita sentir al país detrás suyo. Para la intelligentsia (de izquierda), eso es algo inimaginable. Ella sigue sintiendo más compasión por los delincuentes que por las víctimas».
Lo vemos en la Argentina de hoy, donde la vida de la gente, como tantos lo han experimentado en carne propia en este agitado verano, está «regalada».




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