23 de noviembre 2004 - 00:00

Prensa partidaria: Poscomunistas contra los acuerdos con China

Era un imperdible la novela china para los posmarxistas que han heredado el sello del viejo Partido Comunista. Asilados hoy en la alianza Izquierda Unida, gozaron la llegada del presidente de China Hu Jintao la semana pasada y reflotaron la vieja querella de los soviéticos contra los maoístas para argumentar la inviabilidad del modelo chino. Así lo presentó el periódico partidario «Alternativa Socialista» en el último número.

Hu Jintao
Hu Jintao
En la primera mitad del siglo XX China también era un país enorme, pero pobre y campesino. Se parecía a la India, por la miseria y las hambrunas tremendas. Sufría la opresión y las invasiones de las potencias occidentales y el Japón. A fines de los cuarenta un masivo ascenso revolucionario de sus masas del campo cambió la historia.

El Partido Comunista Chino, encabezado por Mao Tsé Tung, tomó el poder en octubre de 1949. Ese triunfo revolucionario fue el resultado de más de diez años de movilización, en una guerra campesina contra la invasión japonesa primero, y desde 1945 contra el dictador Chiang Kai Shek y el ejército del Kuomintang.

Se produjo entonces la ruptura con el imperialismo, la expropiación de los terratenientes y la burguesía, la entrega de las tierras a los campesinos. Se comenzó la erradicación del hambre (cada chino tuvo un plato de arroz) y del analfabetismo. Hubo avances y retrocesos, pero los millones de chinos dieron pasos inmensos en el mejoramiento de sus condiciones de vida.

• Freno

La conducción del PC Chino que encabezó esa revolución socialista triunfante tenía características burocráticas y estalinistas. Mao le puso freno al proceso revolucionario,tratando de enchalecarlo en los límites falsos y sin salida de una « revolución democrática» y del «socialismo en un solo país». En la década del '70 comenzaron a establecer relaciones con el imperialismo yanqui. En febrero de 1972 visitó China el presidente Nixon.

En 1978, cuando asumió la presidencia Deng Ziao Ping, la burocracia china comenzó una serie de reformas y la formación de las «zonas especiales», alentando la restauración del capitalismo. Las multinacionales yanquis (Nike, Philips, General Electric, Walt Disney, etc.) empezaron a fabricar productos en China, utilizando una mano de obra baratísima que producía en condiciones de superexplotación feroz, y se nutría de la creciente pobreza en el campo, con millones de campesinos obligados a esclavizarse en las grandes ciudades.

• Noticia mundial

En los ochenta, el crecimiento económico chino comenzó a ser noticia mundial. Menos publicitadas, también crecían la desigualdad social y la represión ante la creciente resistencia de las masas. Burócratas multimillonarios y nuevos burgueses se enriquecían día a día, mientras los salarios de hambre permitían a las multinacionales la expansión agresiva de las exportaciones chinas. Cualquier oposición u organización sindical era perseguida implacablemente.

En 1989 hubo una oleada revolucionaria en el mundo. También en China, pero allí fueron aplastados los trabajadores y estudiantes, el 4 de junio, en la Plaza de Tiananmen. La dictadura china se fortaleció, reafirmando su política de restauración capitalista y represión.

Con esta política, China no es ni será una «superpotencia económica». Su crecimiento no se liga a un alto desarrollo tecnológico -aunque algo ha avanzado-, sino a la explotación masiva de mano de obra muy barata. El salario promedio son 60 a 70 dólares mensuales. El promedio industrial son 0,40 la hora. Así ha podido transformarse en el gran proveedor de EE.UU. A una escala muchísimo más grande, se parece a los «tigres asiáticos», la moda de crecimiento hace 20 años, que fueron estallando. Sus grandes necesidades en la compra de comida y energía, que la ponen como «gran oportunidad» estos días en la Argentina, significan también una pesada vulnerabilidad ante las multinacionales imperialistas.

En relación a su gran «comprador», EE.UU., tiene un PBI total nueve veces menor. El PBI per cápita yanqui es 33.500 dólares, y el de China es sólo 790, cuarenta veces menos.

Pero más que el atraso tecnológico o la falta de recursos naturales, la gran amenaza a la dictadura china puede venir de la resistencia de las masas. Se acumulan cada vez más contradicciones sociales entre la clase obrera y el campesinado pobre, por un lado, y el régimen totalitario de Hu Jintao. Aunque hay muchas trabas a la información, desde 1999 viene creciendo la resistencia obrera y campesina, con huelgas, cortes de calles y atentados explosivos. Hubo protestas rurales importantes en 2001, con choques entre campesinos y policías.

Cuando más se avance en la restauración capitalista, mayores serán las perspectivas de respuesta y lucha del movimiento de masas.

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