23 de agosto 2005 - 00:00

Puja hasta infantil por despachos en el Congreso

Jorge Argüello
Jorge Argüello
En su desopilante película «Muertos de risa», Alex de la Iglesia describe los sentimientos de odiosa rivalidad que suelen crecer entre quienes integran un dúo. ¿Qué no haría este director español si se informara sobre los detalles que ya alimentan el vínculo de los cuatro presidentes que designó Néstor Kirchner al frente del bloque de diputados peronistas?

Este cuarteto -que por inercia ya es denominado «imperial» en el resto del bloque- está integrado por Osvaldo Nemirovsci (Río Negro), Jorge Argüello (Capital Federal), Juan Manuel Urtubey (Salta) y Carlos Caserio (Córdoba). Ya los alineamientos políticos introducen las primeras rivalidades entre ellos. ¿Qué duda cabe de que Nemirovsci es el más ligado a la Casa Rosada, por decirlo de otro modo, «el hombre de Kirchner»? ¿O no fue él quien le informó al Presidente el escándalo que se estaba por desatar en Santiago del Estero por la vida sexual del obispo Juan Carlos Maccarone? Le ganó de mano a Argüello este diputado ultraoficialista. Y eso que Argüello podría haber tenido el dato: fue el interventor del PJ santiagueño (es de esperar que no lo rocen nuevos estallidos de escándalo que podrían producirse en ese distrito).

Pero mientras sucedían los hechos él se sacaba fotos con reactores nucleares en Australia. Se dice de todas formas, que estará tan ansioso por el cargo hastas diciembre que gastará tres rosarios turcos entre sus manos. Aunque si es por su pasión por los medios de comunicación, Nemirovsci les gana a todos por escándalo: sus otros tres colegas ya tienen registradas una por una las entrevistas que ha concedido a distintos diarios. Ya hacen apuestas en la bancada para ver quién se queda con Omar Bravo, el jefe de prensa del grupo. Puede ganar un par de casilleros Argüello: como él, es un ex grossista amigo de Miguel Núñez, el silencioso pero decisivo vocero presidencial.

Caserio juega de atrás. Sigiloso, cuartetero como todo cordobés, espera su hora. Cree que después de diciembre, cuando asuman los nuevos legisladores, puede convertirse en jefe único del bloque. Mientras tanto, acumula información sobre los otros tres «imperiales». Argüello, generoso, ya le envió algunos datos valiosísimos, que el cordobés delasotista ahora disfruta. Por ejemplo, la lista de recursos que, en contratos, manejaron los diputados más gravitantes del bloque hasta la llegada del nuevo régimen. En la planilla que Argüello le pasó a Caserio figuran José María Díaz Bancalari con $ 57.000; Fernando Salim con $ 37.000 y -ay, qué dolor-Urtubey con $ 10.000. ¿Será verdad? ¿O estos datos son sólo parte de una campaña de agresiones internas en esta lucha de celos entre los cuatro comandantes? «Si quiere saber, pregúntele a Condoleezza Rice», comentó un diputado experimentado. No era una broma: con ese nombre en el bloque se conoce a la poderosa -al menos hasta ahora-Juliana Tacchini, secretaria privada de Díaz Bancalari y mandamás de la bancada durante el reinado de «el Mono».

• Solidaridad

No deberían molestar tanto a Urtubey. Si un día hay que contar con los votos del duhaldismo en la contienda interna por el dominio único de la presidencia, esas voluntades irán para él. Se ganó hace tiempo la solidaridad de los seguidores del ex presidente por las denuncias que en su contra lanzaron los kirchneristas del viejo «grupo Talcahuano» contra Eduardo Camaño, Humberto Roggero y el propio Urtubey por el reparto de fondos reservados en la bancada. La acusación duerme en tribunales, no en el alma vengativa de estos agredidos.

Es cierto que todo el dilema por la conducción del bloque no pasará, tal vez, por los votos de los diputados. «Hace falta mucho picaporte en la Rosada», diagnosticó un experimentado diputado norteño, que se juega poco en esta disputa porque ya abandona la Cámara. Si es por eso, ganaría Nemirovsci, el único K de los cuatro. Por más que Argüello, a pesar de haber llegado al Congreso en la lista de Mauricio Macri, logró recomponer aceleradamente su relación con Alberto Fernández. El jefe de Gabinete le prometió la jefatura del bloque a cambio de que se resigne a no ser canciller. Nada contra los juramentos de este Fernández. Pero las intrigas dentro del cuarteto son tan ácidas que es de temer que ninguno de los «imperiales» consiga llegar sin daños a diciembre.

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