Los técnicos se han entusiasmado con la puja de Néstor Kirchner contra Felipe Solá y Eduardo Duhalde. Imaginan que podría resolverse un viejo y dramático problema argentino: que hoy el grueso del ingreso nacional por impuestos coparticipables se distribuya entre 39% a las provincias y 41% a la Nación. Esto genera tradicionalmente entre los presidentes de la Nación ambiciones continuistas y hasta tendencias autoritarias, con riesgo democrático, por la cantidad de dinero que manejan para un uso politizado desde el poder. A su vez, en la parte provincial, provoca descuido en los gastos presupuestarios, consiguientes déficit y nulos esfuerzos por ayudar a recaudar mejor.
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En cambio, los diarios, que manejan más información política, creen que no está en juego mejorar el país vía nueva forma de coparticipación sino una mera y sucia pugna política por asegurarse fondos precisamente para eso: continuismo en los cargos alcanzados, manejo discrecional y politizado de fondos públicos, consolidaciones hegemónicas, distorsiones electorales desde el poder adquirido (kirchnerismo) o desde la supremacía de designar a quienes tengan ese poder (duhaldismo).
Pero los medios difieren entre sí. «La Nación» sostuvo ayer que tal puja Kirchner-Solá-Duhalde es por dominar la provincia de Buenos Aires. Ambito Financiero, en cambio, sostuvo también en la víspera que la disputa va más allá: es por dominar el país, incluida su provincia más grande. Néstor Kirchner quiere restarle poder a su impulsor a la presidencia y ampliar su propio espacio que hoy conforman el Poder Ejecutivo Nacional, la Corte Suprema, la Policía Federal y la Procuraduría de la Nación con Esteban Righi. Duhalde domina el Congreso nacional, un tercio del país al tener la provincia de Buenos Aires y, en general, más gobernadores adictos o, cuando menos, independientes que sólo por conveniencia circunstancial coinciden con Kirchner. Comparten ambos el dominio de la poderosa Policía Bonaerense vía el ministro de Seguridad provincial, León Arslanian, hombre originalmente de Duhalde, pero con un fondo de 100 millones para moverse libremente que le dispensó el presidente de la Nación en forma directa. Si Arslanian logra mejorar la seguridad bonaerense, vendrá la disputa en torno a quién responde ese funcionario (hoy, más a Kirchner) y de allí puede surgir el dominio de la provincia por el impacto que tiene en los bonaerenses el riesgo permanente a ser víctimas de delitos. Por eso Solá-Duhalde, por primera vez realmente unidos junto al «aparato» bonaerense del PJ y cuando ambos dudan de la lealtad futura de un Arslanian eventualmente exitoso, luchan despiadadamente por esa parte de la coparticipación que necesita el duhaldismo para mantenerse y el kirchnerismo para independizarse.
Lo dramático que puede suceder es que los 8 puntos de coparticipación en forma de fondo usable unilateralmente se lo dividan manteniendo el statu quo y ambos sigan con la demagogia política, arriesgando afectar la economía. Podría ser porque, pese a sus diferencias y existir dos gobiernos, necesitan, aunque se odien, ir juntos a la elección legislativa del año próximo. No les deja otra alternativa la unión de Mauricio Macri y Ricardo López Murphy -uno para Capital, otro para provincia- que podrían concentrar el voto moderado y dejar la actual Unión Populismo más Izquierda dividiéndose el «voto progre» entre Cristina Kirchner, Elisa Carrió y Luis Zamora que necesita renovar su banca el año próximo. El que se haya apartado Macri -era obvio por su discrepancia total con el clientelismo- afectó a un Duhalde desilusionado del actual presidente y que de ninguna manera lo querría como candidato con su apoyo en la elección presidencial de 2007, aunque falte mucho.
En estos enfoques de medios «Clarín» reduce todo a una «vieja película» entre «quienes entienden la vida de una manera diferente». Claro, está pagando al gobierno la primera cuota por el favor oficial en la penosa destitución del juez Roberto Marquevich por atreverse a procesar a la directora del monopolio.
En página central damos dos versiones publicadas de técnicos ilusionados con un país más serio tras esta puja de bajos instintos.
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