11 de marzo 2005 - 00:00

Puja Solá-Duhalde agrieta al radicalismo de Buenos Aires

Margarita Stolbizer
Margarita Stolbizer
Casi un milagro santiagueño. Lejos, en el lugar menos pensado, la UCR bonaerense encontró una bocanada de oxígeno para, tras varios meses de ruptura, iniciar un lento y trabajoso proceso de reunificación que evite la dispersión de su todavía apetecible poder político.

Hace semanas impensado, el radicalismo oficial y los díscolos del Grupo Olavarría entrelazaron en las últimas 72 horas dos hechos que apuntalan una posible reconciliación.

1-
Los bloques de Diputados -controlados por la UCR ortodoxa, vía el storanista Marcelo
Elías
- y de Senadores- en manos rebeldes, con la capitanía de Graciela Di Leo- firmaron un documento conjunto en contra de los «superpoderes» que Felipe Solá pretende que le otorguen en el Presupuesto provincial.

2-
El último miércoles, entre las 18 y las 22, en el country de APL, en La Plata, referentes de ambos sectores, convocados por la jefa de la UCR, Margarita Stolbizer, volvieron a compartir un «lunch» político y se sentaron a discutir una estrategia electoral común para las legislativas de octubre próximo.

Puede entenderse, es cierto, como un vaso de agua en el Sahara, pero cotejado con la postura irreconciliable y de Guerra Santa que reinaba dos meses atrás, no es poco. Claro: para que esa primera cita -que implica un pacto de no agresión- avance hasta consolidar la reconciliación, falta un trecho.

Para llegar al oasis, hay que remontar, entonces, una cuesta. Hay pros y contras; necesidades y bendiciones:

• Entre los datos saludables figura lo que unos y otros leen como una recomposición de la UCR, consecuencia de los triunfos en Santiago del Estero -cuyo ganador, Gerardo Zamora, mantiene buen nexo con los olavarrías y en Catamarca. Esas victorias, más la primera que la segunda, les puso una brújula en la mano a los radicales bonaerenses, que en el último lustro caminaron casi todo el tiempo con los ojos vendados, e hizo renacer la idea de que la UCR es, en los hechos, el único sector que surge como oposición factible. Entonces: si aparece una oportunidad de renacimiento, ¿para qué romperse y dejar ese espacio a otros núcleos?

• Además, puntualmente en Buenos Aires, empezó a perfilarse un tablero electoral que podría ser beneficio para la UCR. Ricardo López Murphy, antes un plan razonable para los díscolos, se arrima a Mauricio Macri y a Luis Patti, con lo que se cierra una chance cierta de entendimiento. Ante eso, los radicales ven -o quieren ver-que el mapa ofrece un espacio de centroderecha, el camaleónico peronismo y queda vacante -evidentemente, no computan a Elisa Carrió- una opción centrista, con tendencia progresista. Allí se ubicaría la UCR, quizás en ensamble con el Partido Socialista (PS).

¿Puede la interna del PJ extender su inercia a la UCR? El felipismo busca el aval -todavía sin lograrlo- del ala Storani para tomar por asalto alguna oficina de la Cámara de Diputados bonaerense. Hay, aunque nadie lo admite, un forcejeo entre Storani y Moreau sobre cómo actuar ante la disputa peronista: el primero aparece como filo felipista; Moreau defiende su antigua amistad política con Duhalde. A su vez, los olavarría tienen sintonía con Solá y no consideran inviable, si Solá va por fuera del PJ, atar un acuerdo macro. Ese «mix» de opciones también entorpece la reconciliación. Igual, parece difícil un distanciamiento entre Moreau y Storani: «Somos un viejo matrimonio, que tiene sus problemas, pero para el cual no vale la pena divorciarse», metaforizó un escuderodel platense.

• Como dato adicional aparece la discusión sobre la libertad de alianzas. Los GO quieren un sistema casi promiscuo de ententes que permita acuerdos libres en el plano local y en el regional. Los ortoxodos, más la línea
Leopoldo Moreau que la de Federico Storani, la recelan. Era una traba cuando los rebeldes mimaban a López Murphy, seducción ahora abordada. Igual, en la cumbre del miércoles motivó un debate áspero.

• También actúa la necesidad: la UCR debe renovar concejalías y bancas legislativas. Juntos, las chances de mantener o hasta de crecer parecen cercanas. Pero
dividir votos, con un sistema de reparto difícil, podría ser fatal. Y, sin 2005, no hay 2007. En la misma línea, la eventual unidad siembra un conflicto lógico: el reparto de las candidaturas. Los GO anticipan el derrumbe de Stolbizer -candidata al Senado nacional-, pero la ortodoxia la sostiene. De allí hacia abajo, todo se discute.

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