Santiago de Estrada, quien por convicción y tradición de su sangre, milita en el catolicismo como un obispo laico, se verá en una encrucijada. Uno de sus pastores, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, está inquieto por una solicitud que elevará al Poder Ejecutivo la Legislatura porteña, que él preside. Se trata del pedido de cambiar de nombre a la sala de la Biblioteca Nacional. Sustituir el de su director Hugo Wast por el de Rodolfo Walsh. Wast, seudónimo de Gustavo Martínez Zuviría, ocupó el cargo por designación del golpe de 1943, que tuvo entre sus autores al coronel Juan Perón, vicepresidente, ministro de Guerra y secretario de Trabajo de ese régimen. En los considerandos del proyecto que circula en la Legislatura se caracteriza a ese laico y escritor como un ejemplar del nazismo criollo de aquellos años.
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En su reemplazo se entronizaría a Walsh, también escritor y jefe de inteligencia de la organización armada Montoneros. Hay quienes creen que el homenaje a este autor podría ser provisorio hasta que llegue la ocasión de poner el nombre de su discípulo Horacio Verbitsky a ese salón.
Lo cierto es que Aguer y otros sacerdotes le han hecho saber a Estrada el malestar por la iniciativa, para ellos casi un sacrilegio. Y esperan que el legislador, ex embajador ante el Vaticano, dé testimonio. Por usar una expresión común en el catolicismo.
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