10 de agosto 2007 - 00:00

Quejas kirchneristas: nadie cuida a nadie

El miedo volvió ayer al peronismo. La salida de Claudio Uberti del gobierno de Néstor Kirchner pudo haber descomprimido, según la creencia oficial, el escándalo de la valija con u$s 790.550 sin declarar -según el acta oficial de Aduana- que ingresó por Aeroparque de la mano del venezolano Guido Antonini Wilson. Pero terminó de complicar la sensación de desprotección que sienten muchos dirigentes y funcionarios del kirchnerismo en este ambiente de fin de fiesta que ya vive el gobierno de Kirchner. La mayoría de ellos siente que con Cristina Fernández, al menos al principio, las cosas no serían -en caso de ganar las elecciones- iguales, menos cuando saben que la senadora es capaz -de hecho, ya lo ha planteado- de apelar a una suerte de «mani pulite» para diferenciarse de lo peor de la administración de su marido.

Ese ambiente recorría ayer el kirchnerismo. Todo gobierno fija la política que seguirá con sus funcionarios cuando éstos quedan tocados por la Justicia. Kirchner siempre fue medianamente claro en este punto: su límite fue la citación a prestar declaración indagatoria o el pedido del fiscal en casos de escándalo relevante, como le tocó a Felisa Miceli con su ahora exigua bolsa de dinero.

  • Luces rojas

  • Pero ayer Kirchner cambió esa regla y ordenó echar a un funcionario, involucrado en un escándalo, pero que ni siquiera estaba imputado por la Justicia. Las luces rojas se encendieron entonces en el kirchnerismo. La idea de que el Presidente no suelta la mano hasta el final comenzó a desdibujarse, algo peligroso para cualquier esquema de poder y, mucho más, a dos meses de una elección que, aunque garantice continuidad matrimonial, implica un fin de mandato, con los peligros penales que eso conlleva.

    La sensación no sólo preocupa por cómo se comportará de aquí en más la Casa Rosada, sino también por la Justicia. «Los jueces parecen estar todos en otra servilleta», confesaba preocupado un diputado kirchnerista. «Se está citando a declarar sin problemas a funcionarios que en otro momento no hubieran sido tocados.»

    Todos recordaban el caso italiano. Allí, la «mani pulite» o «tangentopoli» comenzó no porque los jueces se decidieran a investigar, sino cuando éstos vieron que el poder político no daba instrucciones sobre cómo actuar en casos de corrupción.

    El ex fiscal «mani pulite» Antonio Di Pietro avanzó con el pedido de detención de Mario Chiesa, un funcionario local del partido socialista acusado de corrupción. A ese paso le siguió un proceso casi único en la historia italiana que barrió con buena parte de la famosa corrupción política en ese país. Tiempo después se supo la verdad: Di Pietro y los jueces que intervinieron no avanzaron por un espíritu de coraje judicial, sino porque en ese camino no recibieron ningún pedido oficial que frenara el proceso.

    Algo de eso se vio en Aeroparque el sábado a la madrugada, cuando la Aduana inspeccionó un vuelo oficial. Se sabe que ese tipo de inspecciones no suele hacerse con funcionarios y, menos, cuando arriban a la recatada terminal de vuelos privados de Aeroparque. ¿Sucedió lo mismo en el despacho de Miceli, donde la Policía inspeccionó el mueble lindero al baño de la ministra y ni siquiera le informó directamente a ella del hallazgo de esos $ 200 mil en total dentro de una bolsa?

    Demasiadas coincidencias en el juego de la interna kirchnerista como para que sea cierto que una ola de transparencia atacó al gobierno. Hasta ahora, parece un juego donde cada uno de los sectores en que se divide el universo presidencial le mete un gol al otro y luego aguarda la venganza.

    Sabiendo que salir procesado de un gobierno es algo habitual en la Argentina -a veces, incluso sin haber cometido un delito-, la segunda línea del kirchnerismo entró ayer en pánico por lo que siente como falta de protección. Subsecretarios, diputados, senadores, directores están convencidos de que Kirchner actuó apresuradamente en el caso Uberti por exigencia de Cristina K, heredera del actual tembladeral que es el gobierno.

    Pero preocupa, además, el reacomodamientoque sufrirá el kirchnerismo en menos de un mes. El 8 de setiembre vence el plazo para presentar listas de candidatos nacionales en todo el país. Se sabrá entonces quiénes quedan fuera del cambio que recién empieza; el resto pasará a las filas enemigas y quedará expuesto aún más a la peligrosa intemperie.

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