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Jorge Taiana
Otro dato relevante de la organización que quiere imprimirle Taiana a su gestión es la designación de Vicente Espeche Gil como subsecretario de Política Exterior, es decir, como sucesor de García Moritán. Hay que prestar atención a este embajador porque su incorporación al gobierno del Palacio San Martín es un guiño claro hacia la jerarquía católica. Espeche es una figura importante del laicado, que protagonizó un enfrentamiento estruendoso con el entonces secretario de Culto Esteban Caselli, durante la gestión de Carlos Ruckauf. Ex embajador ante la Santa Sede, el nuevo subsecretario cuenta con una formidable red de vinculaciones en Roma, integrada por cardenales y obispos que quizás estén en ascenso, si es verdad que la Iglesia asiste al eclipse del secretario de Estado Angelo Sodano en beneficio del cardenal Giovanni Re. Síntesis: deberá trabajar el doble el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, si no quiere que el meridiano de una recomposición de relaciones con la Curia pase por este nuevo jerarca de la Cancillería.
Ante semejante avance del personal estable de «la casa» vale la pena preguntar por el destino de un kirchnerista ultra como Eduardo Sigal, quien llegó a la diplomacia por designio del Presidente y desde la militancia de izquierda en la provincia de Buenos Aires. Quien al parecer tiene una respuesta es otro hombre clave del esquema de poder de Taiana, el subsecretario de Política Latinoamericana, Leonardo Franco. Este funcionario viene alentando la formación de una nueva Secretaría en la que se tramitarían las relaciones internacionales de dimensión continental. Allí sería designado Sigal, quien actualmente ocupa con mucha actividad la Subsecretaría de Integración Económica Latinoamericana y Mercosur.
Existen otros datos que no se modificarán pase lo que pase: junto al nuevo canciller seguirá siendo decisiva su cuñada, Mariana Llorente; su vocero Marcos Lohlé (hermano de Juan Pablo, el embajador ante Brasil) y su jefe de Gabinete, el inamovible Agustín Colombo Sierra. Hasta aquí el diseño burocrático con el que Taiana piensa acuñar su gestión. Lo demás son incógnitas. En especial los movimientos de embajadores que piensa producir, pero que todavía no están acordados con Kirchner. Y, sobre todo, las armonías o choques se pueden producir cuando el Presidente pretenda hacer jugadas internacionales que no están en el manual y deba tramitarlas con gente que, con el saco abrochado y el reloj siempre en hora, suele mostrarse muy cautelosa ante la innovación y el riesgo.



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