30 de marzo 2006 - 00:00

Raro silencio del gobernador Busti

¿Quién pagará los costos políticos, al oeste del Uruguay, si se reponen los cortes de ruta en Entre Ríos? La primera hipótesis es la más lejana en el calendario de las eventuales reacciones oficiales: una intervención de la Gendarmería. Hace un mes, cuando el juez federal de Concepción del Uruguay emitió una orden disponiendo ese recurso, una negociación política discreta volvió todo para atrás.

El martes por la noche, con más de 10.000 vecinos movilizados, uno de los cabecillas de la asamblea de Gualeguaychú convocó al jefe de esa fuerza de fronteras y le preguntó: «Comandante, ¿usted estaría dispuesto a reprimir a una ciudad completa?». Silencio. La encrucijada reaparece cada día con más frecuencia en la Argentina de hoy: es la misma que se le plantea de Jorge Sobisch con los maestros de Neuquén, que tienen las rutas tomadas.

A la hora de ponderar daños y perjuicios, en la Casa Rosada comienzan a temer por un fenómeno extraño: el silencio de Jorge Busti, sólo roto ayer para advertir que otro corte de ruta «le haría el juego a la derecha uruguaya». El gobernador de la provincia consiguió el levantamiento del corte de ruta por una vez. No cree estar en condiciones de repetir su récord. Por eso salió de escena. Es decir, dejó a Kirchner solo, con el calendario de cumbres rioplatenses en la mano, como único actor argentino del drama. No es la pose que más le gusta al Presidente, sobre todo cuando es sabido que toda la zona oriental de Entre Ríos, donde más crece la indignación política, le ha sido más fiel a él que al gobernador.

Ayer, estos seguidores, mezclados con otros integrantes de la «Asamblea Ciudadana» de Gualeguaychú, se dirigieron a la Casa Rosada por carta para pedir una reunión urgente con el Presidente, además de una rendición de cuentas oficial de todo el gobierno sobre las razones de la postergación sin fecha del encuentro. Por eso ayer había un experto en política local que, cuando se le preguntó qué estará haciendo Busti en estas horas, contestó: «Lo mismo que Fouché, el jefe de policía de Bonaparte, durante la larga agonía del imperio napoleónico. Sobrevivir».

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