15 de diciembre 2006 - 00:00

Rebelión de piqueteros K contra mudanza de Scioli

Emilio Pérsico
Emilio Pérsico
Oscar Parrili se vende como ordenador del universo piquetero K: actúa -al menos, dice actuar- como «el» enlace entre los caciques y caciquejos callejeros y la Casa Rosada: suele «repartir» ciertas bendiciones y, con eso, se jacta de tener dominadas a las organizaciones.

Flaqueó cuando Luis D'Elía se fotografió en la Embajada de Irán. Y en pocas horas más sentirá otro sacudón: un bloque de piqueteros kirchneristas, el Frente de Unidad Popular (FUP), le llevará una carta para repudiar la mudanza de Daniel Scioli a la provincia.

Ese clan, que tiene enlaces con la CTA, pero un marcado perfil K, será el primero en expresar su malestar con el desembarco del vicepresidente como candidato -aún no oficiala gobernador. Incógnita: ¿ sobrevivirán a esa rebeldía contra un mandato presidencial?

Nada puede ocultarlo: dentro del pankirchnerismo bonaerense hay vítores y blasfemas por la aparición inesperada de Scioli. De hecho, lo del FUP parece ser sólo el coletazo público y explícito de un reproche que prospera en otros clubes de manera silenciosa.

«El kirchnerismo es vertical por obligación: el que se sale de la línea que marca el Presidente, muere. Por eso, aunque a muchos no nos gusta Kirchner, no vamos a decir nada» admitió, temeroso, un dirigente que se sorprendió, y no para bien, cuando se enteró del salto de Scioli.

El FUP, que tiene a Federico Martinelli, Leandro Díaz y Mariano Maure como referentes, le llevará su queja contra Scioli escrita hoy a Parrili.

Antes, el neuquino tuvo que escuchar otros pataleos, sobre todo del movimiento Libres del Sur (LdS), su aliado más poderoso.

Jorge Ceballos, funcionario de Desarrollo Social que lanzó su candidatura para La Matanza, y Humberto Tuminni capitanean LdS que hace tiempo, cuando Scioli estaba en la grilla de Capital, salieron a pintar paredones con brocha gorda «Con Scioli perdemos otra vez».

«El vicepresidente no es el candidato que nosotros querríamos porque borra todo lo que significó Cristina en 2005» dijo Ceballos, crítico como la nota del FUP que contará con la firma del movimiento Octubres, de Gastón Harispe, espacio «nac & pop», de raíz peronista, para quienes la melodía de Scioli desafina.

«Esa candidatura no ayudará a resolver la crisis de representación» deslizó Harispe. No hace falta mucha sagacidad para entender que si ésas son sus palabras públicas, en las cumbres privadas de sus movimientos tanto LdS como Octubres vomitan pestes contra el vice.

Golpeado por otros motivos, pero agudizada la irrupción de Scioli -y más que nada la procesiónde sus jefes, Emilio Pérsicoy Fernando «Chino»

Navarro a besarle el anillo en Aeroparquese aproximada una crisis, con aroma a fractura, en el Movimiento Evita (M-E).

Días atrás, un grupo de militantes sueltos del M-E, mandaron un spam con críticas respecto del «funcionarato» en que Pérsico, dicen, convirtió a su movimiento, y la mansalva la completan con pronósticos explosivos sobre el impacto del respaldo a Scioli.

  • Desaparición

    «Ahora parece que vamos con Scioli. El compañero Emilio lo acaba de anunciar públicamente. Creemos que es un error y que tal apoyo nos significará ni más ni menos que la desaparición como organización política».

    Evitismo entre mails, puñaladas y knock out.

    Hay más incómodos con la aparición del ex motonauta. Pero más que por eso, el enojo es una generación espontánea frente a la fascinación y los festejos que la opción Scioli generó en sectores del PJ oficial, donde lo ven casi como un «candidato propio».

    Claro: Eduardo Duhalde fue el demiurgo que años atrás -en el pasado lejano que representa 2003- forjó a Scioli como un posible candidato en la provincia. El ruido ideológico con sectores K es lo que, claro, genera sintonías entre los «pejotistas».

    Es lo que ocurre, por caso, en el felipismo. Felipe Solá se mostrará el lunes con Scioli pero a su lado alertan sobre el «costo» político de la jugada electoral que implica recurrir al vice como candidato, incluso más allá de su flojera de papeles.

    «¿Scioli es el camuflaje para que sigan los barones de siempre o la oportunidad para que, con el viento de cambio que se supone que trae, se lleve puesto a algunos personajes?» preguntó un dirigente no muy confiado de que la respuesta sea la que prefiere.

    Una mirada dulce, positiva, advierte que la imposición Scioli es una especie de « intervención federal» digitada por Kirchner que castiga tanto al PJ orgánico como al caótico FpV. Es decir: con Scioli empieza la anunciada invasión pingüina sin pingüinos.
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