Néstor Kirchner y Rafael Bielsa, anoche, en un acto que descubrió una nueva cara del Presidente:
elogió esta vez a los candidatos del oficialismo, a quienes les atribuyó los logros
que ve en su gobierno. Los llamó «compañeros ejemplares».
Nunca se olvidará Rafael Bielsa la noche cuando Néstor Kirchner habló bien de él. Tampoco olvidará el público que lo escuchó anoche en el acto de Ferro al Presidente regalando elogios y quebrando su habitual estilo atrabiliario. El desafío de una campaña dura en la Capital Federal lo sacó a Kirchner del libreto usual de castigar a quien se le ponga adelante y hasta pareció exagerar al atribuirle al canciller todo lo que entiende han sido los aciertos de su administración de dos años. Tanto adjetivo pareció reflotar un argumento olvidado de la campaña: el plebiscito de gestión, algo que figuró en los discursos de Kirchner, Bielsa y el legislador Elvio Vitali. El mensaje fue que o gana Bielsa o se vuelve atrás en la historia. Nunca creyó representar tanto el autor de «Una luz de almacén», que lució por primera vez como un orador suelto (no leyó el discurso).
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Cierto que no se deben tomar muy en serio los discursos de los políticos en el país de la avivada, y menos en tiempos de campaña. Pero conmovió verlo a Kirchner anotar en el currículum de su ministro del Exterior la renegociación de la deuda privada, el final de las leyes de impunidad, el reconocimiento de los pecados de los sucesivos gobiernos en resolver el atentado de la AMIA, el no envío de tropas a Irak la intervención en Haití, la ayuda a Ecuador, el apoyo a Venezuela, hasta la tarea de la unión latinoamericana, algo que en Lomas de Zamora se cree es hechura exclusiva de Eduardo Duhalde.
Escucharlo a «Látigo» Kirchner bautizar a los candidatos del oficialismo como « compañeros ejemplares» remató el rap de los elogios, que sólo se entienden o por una súbita conversión o por la angustia de un oficialismo que ha inventado un discurso de gobierno para el área metropolitana y ve que los votos se le escurren entre los dedos.
Un segundo eje de la pieza del Presidente buscó el lugar común de castigar a los '90 de las «relaciones carnales» y a los economistas o grupos económicos que criticaron la renegociaciónde la deuda privada. En la platea, camisas viejas que lo fueron del menemismo (entre ellos «Keli» Olmos, hoy gerente de la campaña porteña) o que acompañaron al cavallismo (como Alberto Fernández) agradecían que ese espectáculo se hiciera casi con sordina.
• Ausencias
Bielsa (síndico de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001) no se conmovió al decir: «Este es el mismo pueblo que, entre otros hechos heroicos, les hizo tomar el helicóptero a los que nos llevaban al fracaso».
No lo pasó en directo, completo, ningún canal de TV. Apenas fugaces flashes casi fuera de hora, cuando comenzaba la prime time. Como si se buscase amortiguar tanto elogio. Tampoco estuvieron en Ferro estrellas previsibles en una noche como la de anoche: Daniel Scioli, Cristina de Kirchner, Miguel Pichetto y Daniel Filmus justificaron su ausencia por una sesión del Senado que se demoró en aprobar la Ley de Educación Técnica hasta después de terminado el acto.
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