27 de julio 2007 - 00:00

Repentino fervor en el gobierno por Evita

El teorema oficial dice que el acercamiento a los símbolos del peronismo está en relación directa con la necesidad electoral de sus candidatos. Lo ilustra la manía evitista que ganó al matrimonio Kirchner ayer, en otro aniversario de la muerte de la esposa de Juan Perón. En un reportaje y en el acto de Berazategui, Cristina de Kirchner sobreactuó tras más de cuatro años el amor a Evita. Aunque le costase el abrazo con el intendente Juan José Mussi, a quien antes calificase de miembro de la «banda del padrino», quizá por su cercanía a Eduardo Duhalde o a la expertise de ese alcalde en el arte de curar.

CristinaFernándezde Kirchnerayer en unacto enBerazateguidonde lacandidataoficialista ysu esposoexageraronhasta laslágrimas unhomenaje aEva Perón, a55 años desu muerte.
Cristina Fernández de Kirchner ayer en un acto en Berazategui donde la candidata oficialista y su esposo exageraron hasta las lágrimas un homenaje a Eva Perón, a 55 años de su muerte.
Absoluta, en una cabriola para despegarse de la ortodoxia PJ, Cristina Fernández le arrebató (o trató) al peronismo la exclusividad sobre uno de los pocos íconos que quedan de pie: Eva Perón. «Eva no es de los peronistas -decretó la candidata-, Eva es de los argentinos».

No es la única negación que manda la primera dama: como en su lanzamiento en La Plata, ayer en Berazategui, la puesta en escena descartó -más bien anuló- la «marcha peronista». Recién llegada de España, donde se reunió con los reyes Juan Carlos y Sofía, con José Luis Rodríguez Zapatero y con los jerarcas de las mayores empresas españolas, la primera dama derivó ayer al atardecer en un modesto salón del conurbano sur para homenajear a Evita.

Hasta Berazategui, destino al que la llevó la cábala -en 2005 en ese municipio hizo su segundo acto de campaña para senadora- Cristina Fernández llevó su unipersonal en el que su esposo, Néstor Kirchner, es apenas un extra o un actor de reparto.

Sólo al final, a la hora de los saludos, el patagónico apareció por el escenario. Tampoco pueden lucirse otros candidatos: el vicepresidente y candidato a gobernador, Daniel Scioli, que en teoría juega de local en la provincia, debió conformarse con una butaca en el «ring side».

  • Bienvenida

  • Ayer, solamente el anfitrión, el ex duhaldista Juan José Mussi, tuvo unos minutos de exposición: dio la bienvenida y hasta saludó a sus rivales K. «Aunque luego nos enfrentemos en las elecciones, es bueno que estén acá», dijo.

    Abajo, alineados, viejos enemigos y cófrades del kirchnerismo, compartían tumulto: Manuel Quindimil, José Pampuro, Alicia Kirchner, Graciela Giannettasio, Oscar Parrili, Emilio Pérsico, Alberto Descalzo, Juan Amondarain, José María Díaz Bancalari y, entre otros, Mario Oporto.

    Todos, aun guerreando entre ellos, pueblan el peronismo surtido e híbrido. También, desde trincheras enfrentadas, se escudan bajo el mismo paraguas del pankirchnerismo. Es más: en octubre, muchos de ellos integrarán boletas diferentes aunque colgadas, ambas, de Cristina.

    Con Evita como eje único de su discurso -poblado de polisílabos, típico de la senadora que se considera una especialista en la materia-la candidata recorrió tres Evitas diferentes. Antes, repasó el video con música Nac&Pop.

    Por un lado, la Evita de los libros, «una Evita hada», que descubrió en la «casa de mi abuelo, un obrero peronista»; por otro, la Eva crispada que remixó en su juventud militante; por último, la Eva que es más que «los discursos y la liturgia», es «obra de gobierno».

    «Evita se reconoce no en la repetición de su nombre, la liturgia y el discurso vacío de contenido, sino en la obra de gobierno, honrarla y hacer memoria», pegó. A más de uno de los presentes le debe haber dolido la referencia.

    Entretenida, la candidata rematóla operación de extirpar a la «abanderada de los humildes» como propiedad exclusiva del peronismo: «Eva de la victoria, de una vez y para siempre nos va a acompañar a la victoria final, pero no es de un partido sino de los argentinos».

    Fue, además, el pie para desparramar elogios sobre la gestión de su esposo que calificó de «gesta». «Convoco a todos, desde sus historias, sus proyectos, sus ideas, para que se incorporen a este proyecto, que es el proyecto de la dirección de la patria», aseguró.

    Unos minutos después, con lágrimas en los ojos, la candidata saludó a las 3.000 -parecían menos- personas que, según la organización, participaron del acto. Entre los ruidos de la retirada, Kirchner repitió que siente una «profunda admiración por Cristina».

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