3 de agosto 2004 - 00:00

Responsables de segunda línea por la grave crisis

Responsables de segunda línea por la grave crisis
RAUL ALFONSIN

Hasta que abandonó el mandato presidencial, 6 meses antes del 10 de diciembre de 1999 en que concluía, hizo mucho por la democracia reconquistada con su triunfo electoral en 1983. Pero administró pésimamente el país. Mal aconsejado por el circunstancial «progresista» Dante Caputo, su canciller, introdujo a la Argentina junto a los países del Tercer Mundo, intentó privatizar al final de su gestión cuando ya era tarde, se rodeó siempre de funcionarios que no sabían de economía y los que sabían eran dirigistas. Además, privilegió el populismo distributivo sin acumulación previa como forma de gobernar, lo cual ahuyentaba en forma creciente a capitales -nacionales y extranjeros-del país. Todo eso lo llevó a la primera hiperinflación de la historia argentina. El país se derrumba y cae en default 12 años después de cesar como presidente pero su mala gestión precipitó también el final, obviamente, por su desastre hiperinflacionario. Luego sobrevino (en el iniciode Menem) la segunda híper y el país debió salvarse con la Ley de Convertibilidad -que fue imprescindible e inevitable-, bien pensada ya por los economistas Ricardo Arriazu, Walter Graziano y otros. Fue ideal en su comienzo para hacer pensar a la gente sin mentalidad de inflación. Sirvió al país y dejarle algunos años de olvido de la híper y los saqueos del final del alfonsinismo era necesario. Cayó en la encerrona después, al no poder salirse de ella a tiempo y colaboró mucho eso en el estallido de diciembre de 2001 y en el default un mes después. No será culpable de primera línea pero sí lo es Raúl Alfonsín de la segunda. El inició el camino de 12 o 14 años hacia el desastre y lo agravó al apoyar con Leopoldo Moreau el « golpe civil anticonstitucional» del duhaldismo bonaerense para encumbrar a su jefe como presidente provisorio del país.

DANTE CAPUTO

Este canciller anodino del gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989) no era gravitante pero tuvo una terrible influencia sobre el presidente democrático. Caputo se entusiasmó con la dictadura de Fidel Castro y lo acompañó a las reuniones internacionales del tercermundismo con Bangladesh, países africanos muy pobres, Cuba y otros. Caputo así hundió finalmente a Alfonsín al hacer huir capitales e inversores de la Argentina, lo cual trajo la primera hiperinflación y su terrible posterior correctivo, el 1 a 1 de la Convertibilidad para zafar.

CARLOS MENEM

Podría haber zafado de las causales que llevaron a la crisis de 2001. Por supuesto en un análisis serio y desapasionado. Sin embargo, aunque no en el nivel de Eduardo Duhalde y la primera línea de culpables, el riojano ex presidente aportó al estallido que sobrevino dos años después que entregara el gobierno. En 1996, en un viaje a Italia, habló largo con el embajador argentino allí, Erman González, quien pasó a ser su ministro de Trabajo luego de haber ocupado otros cargos en su gobierno (hasta ministro de Economía). Con Erman, Carlos Menem relaja toda la disciplina con que había frenado por años (los buenos) a la burocracia de los sindicalistas de la CGT. Tampoco -aunque conocía que sucedía-enfrentó seriamente el enloquecimiento de las finanzas bonaerenses con Eduardo Duhalde. No frenó la duplicación del gasto público en la década. No frenó la corrupción y no achicó al Estado en cuanto a personal, aunque fue meritorio privatizar empresas. Responsable de segunda línea lo es.

HUGO MOYANO

El documento de autoanálisis del Fondo Monetario menciona que uno de los pocos logros sobre los males estructurales en la Argentina se logró durante la gestión de Fernando de la Rúa con la única reforma del rígido y antidesarrollado régimen laboral argentino. Del proyecto original del inteligente ministro Alberto Flamarique quedó muy poco al sancionarse la ley y se obtuvo un híbrido más allá de tres o cuatro puntos interesantes capaces de ayudar a crecer al país. El Fondo dice en su informe y es cierto: «La puesta en vigencia de un hito estructural fue la reforma laboral aprobada por el Congreso».

Hugo Moyano, un sindicalista vividor de cuotas compulsivasy de los fondos de las «obras sociales» es uno de los personajes que más daño y más retroceso le ha provocado al país en los últimos cinco años. Con su denuncia -nunca probada y además exagerada a partir de una humorada-de presunto soborno a senadores bombardeó la Ley de Reforma Laboral. Tan culpable en eso como Carlos Chacho Alvarez que atacó a su amigo Flamarique cuando fue uno de los pocos hombres públicos que se arriesgó a acusaciones, al deshonor, por imponer algo realmente útil en la Argentina como aquella ley laboral. Más aún el proyecto original, si hubiera sido sancionado, jamás la Argentina hubiera llegado a 21,5% de desocupación en 2002 y 19% (reales, sin «Plan Jefes») actual. Llamándola «Ley Banelco» ( tarjeta de pagos presuntamente mencionada por Flamarique como sinónimo de sobornos en el Senado para su aprobación) este dirigente sindical y Chacho Alvarez desgastaron más que nada ni nadie al débil de base e incoherente gobierno de Fernando de la Rúa. Aunque analistas tontos creen que el desgaste proviene de equivocar el nombre de la esposa de un animador televisivo o no ubicar la salida de un estudio de televisión, aquel desgaste por el tema laboral hirió de muerte al gobierno De la Rúa.

Este año la Cámara Federal de Apelaciones acaba de llevar a cero la torpe investigación con denuncias poco creíbles sobre aquel presunto soborno en el Senado por parte de un sospechoso « arrepentido». O sea, nunca se probó nada pero el mismo sindicalista Hugo Moyano convenció a un apresurado presidente Néstor Kirchner a derogar por un decreto de necesidad y urgencia -sin intervención del Congreso Nacional-la citada ley, uno de los pocos progresos que impactaron en el exterior.

Los ataques fantasiosos que se hicieron contra el gobierno de De la Rúa por esa ley desgastaron más aún su opaca gestión, aunque en esa norma de reforma laboral actuó bien y con sentido de futuro para el país. En ese desgaste de Moyano y Chacho Alvarez estuvo el punto de arranque de la desconfianza de los capitales e inversionistas. Así también se precipitó la crisis mayor de la historia económico-social del país y el default con los acreedores privados, aún sin solución y afectando a toda la República.

LA CGT

El sindicalismo burócrata de la CGT ayudó a la crisis de 2001 de la misma forma en que siempre afectó al país, exagerando las prebendas personales de sus dirigentes, agrandando el gasto público, vaciando las obras sociales para que el gobierno se la reponga de fondos y desalentando inversiones empresarias por un régimen laboral antiproductivo. En su simpleza, estos dirigentes ven las empresas que funcionan y se ceban sobre ellas sin darse cuenta -pese a que el índice de desocupación se lo dice descarnadamente- de todas las demás que pudieron y pueden radicarse en la Argentina. La CGT burocratizada creó los piqueteros al fomentar la desocupación por exagerar los beneficios laborales. Hoy temen a las milicias piqueteras que ellos ayudaron como nadie a formar. Puntos como los contratos por 6 meses, convenios por empresas de la reforma laboral de De la Rúa los voltearon para no perder gravitación como dirigentesy, por tanto, riqueza personal. Hoy la mitad de los trabajadores está en negro y sin cobertura médica ni previsional por el accionar antipaís de nuestros gremialistas.

DOMINGO CAVALLO

Aunque muchos le atribuyan la primera línea en la crisis de 2001-de hecho era el ministro de Economía-su responsabilidad es menor: él no provocó por gastos políticos el desastre financiero del Estado. Actuó con soberbia, cometió el garrafal error de hacer separar a un técnico tan correcto como Pedro Pou del Banco Central, cometió equivocaciones, no se atrevió a cambiar a tiempo la Convertibilidad. Pero tardíamente entendió que era necesario el déficit cero mientras que otros responsables ni aún lo creen pese al desastre que sobrevino. Si pidió la última ayuda al FMI (u$s 8.000 millones) y se la otorgaron no eran su culpa que los fondos fueran al dispendio político del Estado. Desde el momento que no fue la economía sino la política el explosivo de la crisis, su responsabilidad no puede ser de primer nivel.

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