Responsables de segunda línea por la grave crisis
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HUGO MOYANO
El documento de autoanálisis del Fondo Monetario menciona que uno de los pocos logros sobre los males estructurales en la Argentina se logró durante la gestión de Fernando de la Rúa con la única reforma del rígido y antidesarrollado régimen laboral argentino. Del proyecto original del inteligente ministro Alberto Flamarique quedó muy poco al sancionarse la ley y se obtuvo un híbrido más allá de tres o cuatro puntos interesantes capaces de ayudar a crecer al país. El Fondo dice en su informe y es cierto: «La puesta en vigencia de un hito estructural fue la reforma laboral aprobada por el Congreso».
Hugo Moyano, un sindicalista vividor de cuotas compulsivasy de los fondos de las «obras sociales» es uno de los personajes que más daño y más retroceso le ha provocado al país en los últimos cinco años. Con su denuncia -nunca probada y además exagerada a partir de una humorada-de presunto soborno a senadores bombardeó la Ley de Reforma Laboral. Tan culpable en eso como Carlos Chacho Alvarez que atacó a su amigo Flamarique cuando fue uno de los pocos hombres públicos que se arriesgó a acusaciones, al deshonor, por imponer algo realmente útil en la Argentina como aquella ley laboral. Más aún el proyecto original, si hubiera sido sancionado, jamás la Argentina hubiera llegado a 21,5% de desocupación en 2002 y 19% (reales, sin «Plan Jefes») actual. Llamándola «Ley Banelco» ( tarjeta de pagos presuntamente mencionada por Flamarique como sinónimo de sobornos en el Senado para su aprobación) este dirigente sindical y Chacho Alvarez desgastaron más que nada ni nadie al débil de base e incoherente gobierno de Fernando de la Rúa. Aunque analistas tontos creen que el desgaste proviene de equivocar el nombre de la esposa de un animador televisivo o no ubicar la salida de un estudio de televisión, aquel desgaste por el tema laboral hirió de muerte al gobierno De la Rúa.
Este año la Cámara Federal de Apelaciones acaba de llevar a cero la torpe investigación con denuncias poco creíbles sobre aquel presunto soborno en el Senado por parte de un sospechoso « arrepentido». O sea, nunca se probó nada pero el mismo sindicalista Hugo Moyano convenció a un apresurado presidente Néstor Kirchner a derogar por un decreto de necesidad y urgencia -sin intervención del Congreso Nacional-la citada ley, uno de los pocos progresos que impactaron en el exterior.
Los ataques fantasiosos que se hicieron contra el gobierno de De la Rúa por esa ley desgastaron más aún su opaca gestión, aunque en esa norma de reforma laboral actuó bien y con sentido de futuro para el país. En ese desgaste de Moyano y Chacho Alvarez estuvo el punto de arranque de la desconfianza de los capitales e inversionistas. Así también se precipitó la crisis mayor de la historia económico-social del país y el default con los acreedores privados, aún sin solución y afectando a toda la República.
LA CGT
El sindicalismo burócrata de la CGT ayudó a la crisis de 2001 de la misma forma en que siempre afectó al país, exagerando las prebendas personales de sus dirigentes, agrandando el gasto público, vaciando las obras sociales para que el gobierno se la reponga de fondos y desalentando inversiones empresarias por un régimen laboral antiproductivo. En su simpleza, estos dirigentes ven las empresas que funcionan y se ceban sobre ellas sin darse cuenta -pese a que el índice de desocupación se lo dice descarnadamente- de todas las demás que pudieron y pueden radicarse en la Argentina. La CGT burocratizada creó los piqueteros al fomentar la desocupación por exagerar los beneficios laborales. Hoy temen a las milicias piqueteras que ellos ayudaron como nadie a formar. Puntos como los contratos por 6 meses, convenios por empresas de la reforma laboral de De la Rúa los voltearon para no perder gravitación como dirigentesy, por tanto, riqueza personal. Hoy la mitad de los trabajadores está en negro y sin cobertura médica ni previsional por el accionar antipaís de nuestros gremialistas.
DOMINGO CAVALLO
Aunque muchos le atribuyan la primera línea en la crisis de 2001-de hecho era el ministro de Economía-su responsabilidad es menor: él no provocó por gastos políticos el desastre financiero del Estado. Actuó con soberbia, cometió el garrafal error de hacer separar a un técnico tan correcto como Pedro Pou del Banco Central, cometió equivocaciones, no se atrevió a cambiar a tiempo la Convertibilidad. Pero tardíamente entendió que era necesario el déficit cero mientras que otros responsables ni aún lo creen pese al desastre que sobrevino. Si pidió la última ayuda al FMI (u$s 8.000 millones) y se la otorgaron no eran su culpa que los fondos fueran al dispendio político del Estado. Desde el momento que no fue la economía sino la política el explosivo de la crisis, su responsabilidad no puede ser de primer nivel.




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