17 de noviembre 2000 - 00:00

RIESGO DE "ARGENTINISMOS". ANALISIS CON REALISMO. PAUTAS QUE SE IGNORAN. DUDAN DE ESTE GOBIERNO

Se está en vísperas de una solución que los mercados han descontado, aunque aún surgen dudas. Pero estamos lejos de haber superado con seguridad el riesgo. ¿Por qué?

En primer lugar está la acechanza de caer en nuestros lamentables «argentinismos», que se puede traducir como «engendros que inventamos los argentinos por suponernos superpiolas y creer que los otros -generalmente el mundo-no se darán cuenta».


Los «argentinismos» que se escuchan hoy, como crítica de los serios o alarde de los temerarios, son:


PRIMERO: Aunque sea real solución a mediano plazo, para atacar a fondo el crónico y creciente déficit fiscal argentino no era una necesidad imperiosa que nos imponía el Fondo Monetario la extinción de las jubilaciones estatales futuras, salvo las residuales que ya están. Se escuchan -sobre todo a nivel de políticos que se las acercaron al presidente De la Rúa-afirmaciones como ésta: «O inventó eso el ministro Machinea o se lo insinuaron y lo agrandó». En cualquiera de los dos casos Machinea emerge como mucho más inteligente y estadista de lo que hasta ahora se lo suponía, aunque muchos creen que quien más operó en esto fue el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo. Esta buena medida puede alcanzar $ 2.000 millones de ahorro anual en el gasto público a partir del sexto o séptimo año de vigencia.

Se la considera la principal propuesta en este ajuste porque le asegura a la Argentina real capacidad de pago de su deuda pública aunque aporte poco, unos 80 millones de dólares de ahorro en el primer año. Pero con ella es creciente ese ahorro y decreciente el déficit.


Algunos funcionarios hicieron bien en apurar el decreto de necesidad y urgencia porque el «argentinismo» acecha en forma de «pedir el tratamiento parlamentario del tema». Ya haber desistido de elevar la edad de jubilación de la mujer de 60 a 65 años -algo lógico en el mundo por la mayor expectativa de vida como consecuencia del avance científico de la medicina-ya fue una prueba de debilidad en el gobierno De la Rúa. Si anoche dudaba en firmar el decreto y prefería la tumba del «tratamiento parlamentario» es grave porque contaba con consenso para esta decisión y no lo tenía para muchos otros decretos similares que suscribió.


Otra demagogia escuchada es: «Estoy en contra del aumento de la edad jubilatoria de las señoras», como sentenció ayer Raúl Alfonsín, evidenciando que presionó al Presidente. Además dijo que «hay que domesticar a los mercados». Toma el termómetro como la enfermedad.


SEGUNDO: «Debemos aprovechar el temor internacional de que la caída Argentina arrastre a Brasil y exigirle menos ajuste al Fondo Monetario. En definitiva, a la Argentina con 20.000 millones de dó-lares le superan la crisis y para Brasil necesitarían 50.000. Somos baratos».

Es cierto que la crisis argentina podría arrastrar a Brasil y quizás al resto de los latinoamericanos, incluido México, y tal vez provocar más que un escozor mundial.


En Brasil nuestra crisis -a partir del mismo día en que De la Rúa comete el error de permitir el alejamiento de Fernando de Santibañes-comenzó a reflejarse en el alza del dólar (porque allí, sin convertibilidad, todavía la paridad mide y es termómetro el grado de desconfianza como aquí ahora lo son los mercados). El dólar alcanzó en estos días 1,97 real, récord del año, y comenzó a bajar en la medida en que la Argentina iba alcanzando soluciones o se las vislumbraba. La tasa de interés no llegó a la desorbitada de 51% como sucedió tras la brusca devaluación del 13 de enero de 1999 pero llegó ahora a 19 por ciento.


Es cierto, entonces, que con nuestra crisis podemos afectar a Brasil y a muchos más. Pero especular con ello y desafiar a los organismos internacionales puede traer temibles consecuencias para nuestro país. Recuérdese cuando Corea tenía vencimientos de corto plazo de deuda externa por 20.000 millones de dólares y no podía pagar. El Fondo Monetario le ideó un similar «salvataje», como ahora a la Argentina. Allí se descubrió que Corea, además de los 20.000, tenía una deuda encubierta de 70.000 millones de dólares porque había mandado a sus empresas privadas a tomar préstamos internacionales que se traspasaban luego al gobierno. El Fondo Monetario le dio un salvataje de 57.000 millones de dólares donde entraron, además del Banco Mundial, los bancos centrales de Japón, Alemania, Italia, Inglaterra y otros. Pero obligaron a Corea a liquidar más de 2.000 empresas financieras y de seguros. Las «chaebols» (megaempresas como Daewoo, Hyundai y otras) estuvieron obligadas a liquidar todas sus fábricas no rentables y tuvieron que cumplir porque estaban subsidiadas por el gobierno. En Corea, por tal severo ajuste y haber obrado de mala fe, quedaron sin trabajo un millón de personas, cerró la Bolsa durante largo tiempo y los coreanos salieron a donar sus joyas y propiedades para cancelar deuda externa. El país se paralizó totalmente. Hoy Corea tiene un excelente crecimiento económico después de sobrellevar esa situación durísima.

Otro caso demostrativo de que cuando se recurre al exterior hay que hacer las cosas en serio y sin trampas fue Brasil después de ese enero de 1999 citado. Alardeaba de nunca haber firmado un acuerdo con el Fondo Monetario. Le dieron la ayuda, pero tuvo que firmar el primer acuerdo de ese tipo en su historia y someterse a un ajuste vigilado que hoy continúa. Sin riesgos externos, como el caso argentino actual, Brasil está ahora también en aceptable crecimiento.

TERCERO: Otro caso de «argentinismo» lo crea el sindicalismo criollo. Otros países aceptaron el ajuste si se les brinda ayuda internacional. Nuestro sindicalismo lo discute, organiza huelgas que además asustan al gobierno, lo cual agrava todo. Quieren que en medio de un estallido se reparta más que antes de producirse, cuando ya al exagerar el asistencialismo precisamente, adelantó ese reparto. O sea, una fórmula suicida que además oculta una mentira porque aprovechan la crisis para tratar de apretar al gobierno para que no aplique desde el 1 de enero la desregulación de las obras sociales, de las cuales se aprovechan los gremialistas para enriquecerse junto con sus familias y amigos.

CUARTO: También es típico «argentinismo» el accionar de políticos, organismos y sectores que le quitan seriedad al país. Operaron siempre para el desborde que precedió a la crisis y aún -con los sindicalistassiguen operando en contra del país en medio de la crisis. Hay gobernadores que expresan: «Démosles cinco años de congelamiento del gasto primario que nos piden y tal vez cumplamos dos. Pero si les pedimos 3 años no les vamos a cumplir ni uno». Está la Justicia laboral argentina que alegremente sigue castigando empresas, incrementando indemnizaciones como si ello no favoreciera el aumento del desempleo y como si las empresas internacionales que invirtieron cuantiosos capitales en la Argentina -y las empresas argentinas también, las que quedan-fueran tontas y «se aguantan todo». Lo que les extraen con mala fe en los estrados lo cobran en riesgopaís. La Argentina acaba de bajar al puesto 29° en el ranking mundial de libertad económica, precisamente por «lo desconfiable que es la Justicia argentina».

Finalmente están los que presionan con demagogia al gobierno y que ayer a la tarde trataban de lograr que el presidente De la Rúa, demasiado indeciso y además poco versado en su importancia, no firmara el decreto de jubilaciones.

CON REALISMO

Otro aspecto de la crisis actual y la búsqueda de su solución con apoyo internacional se centra en quienes analizan con realismo la situación. Esto no es «argentinismo típico», por tanto no es execrable ni criticable con facilidad. Obliga a la meditación porque podría traer soluciones o habrá consecuencias graves. Estos no dudan de que hay que sacar al Estado de las jubilaciones como medida imprescindible para el futuro, sino que además analizar el presente, lo inmediato.

En esta línea se ubican respetados economistas. Por un lado está un Roberto Alemann que es un «fiscalista clásico»: todo se reduce a bajar el déficit fiscal y a endurecer el cobro de impuestos a riesgo de quiebras.

Del otro lado hay muchos economistas jóvenes y no tan jóvenes -por caso Domingo Cavallo-y políticos relevantes, como el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y el bonaerense Carlos Ruckauf. Estos dicen que bajar impuestos, por ejemplo, no ayudará a bajar el déficit en lo inmediato pero sí favorecerá la reactivación y el mayor ingreso impositivo del fisco en el mediano plazo con lo que en ese momento baja el déficit. Creen que sin baja de impuestos no se torna exitosa la severidad para el cobro, aunque no niegan que ésta debe forzarse permanentemente y sin intervalos. También proponen que para ayudar a la reducción del déficit el gobierno tiene que reasignar el gasto público, por caso suprimir ministerios como el de asistencia social (más ahora cuando los repartos del asistencialismo pasarán a las provincias por el acuerdo), el de Educación, ya que no maneja escuelas porque las traspasó, ni el de Salud Pública porque también ubicó los hospitales públicos en provincias y municipios. Consideran que hay muchos gastos del Estado «reasignables». Los favorece que el gasto público en la Argentina -uno de cada tres pesos-no es desproporcionado en relación a lo que rige en países desarrollados. Claro, con otra concepción. En esos países el gasto público ayuda a la actividad privada (en infraestructura adecuada, en pagar mejor a los cuerpos de seguridad cuando aquí se le paga al Estado y hay que financiar la seguridad en forma privada. También evitan corrupciones judiciales en esos países porque pagan bien a los jueces, etc.).

Los que analizan con este realismo son los que sostienen que hoy por hoy, en esta Argentina en crisis financiera y de pagos, no tiene sentido cambiar al ministro de Economía Machinea por el economista Ricardo López Murphy. Este es el ideal tiempo después de la crisis cuando, ya encaminada una solución y surjan los primeros frutos, no caigamos en el facilismo de relajar la austeridad y nos dirijamos de nuevo hacia un abismo. Quienes esto sostienen -y se suman muchos empresarios de primer nivel-dicen que «no se necesita tanta ortodoxia ahora, como asegura la figura de López Murphy, sino un poco de heterodoxia».

Es lógico el pensamiento. Pertenece a quienes creen que la actual propuesta del Fondo Monetario «simplemente nos retrotrae a dos meses atrás, antes de que estallara la crisis, pero no asegura su superación porque para nada incluye la reactivación del país». En verdad un ajuste tan severo en un país que no está en expansión sino en larga recesión, próxima a los 30 meses, la compresión del gasto público sin reasignarlo no ayuda a reactivar.

QUE SE IGNORA

Hay elementos no conocidos o no suficientemente clarificados para quienes discuten las soluciones a la crisis. Un caso (ver diálogo en Contratapa) es que se ignora bastante en qué consiste la ayuda externa o el «blindaje» financiero del que tanto se habla. La Tesorería de Estados Unidos no va a ayudar aunque en el tequila ayudó a México. Los créditos «blandos» del Fondo Monetario no exceden el uso de 1.800 millones de dólares, gradualmente, que restan del stand-by de 7.000 millones que el Fondo nos concediera como utilizables a tasa baja de 6,5% anual. Se necesitan ahora de 15.000 a 20.000 millones para el tal «blindaje» y eso nos llevará casi inexorablemente al Banco de Acuerdos Inter-nacionales, más comúnmente llamado Banco de Basilea (BIS), que es terriblemente restringido en cuanto al uso de los créditos que da y además son caros. El Banco de Basilea, por el monto en juego de 57.000 millones, entró en el «blindaje» de Corea, pero se describió en esta nota a qué precio de ajuste. Ignorar esto es gravísimo para políticos, gobernadores y aun funcionarios del gobierno cuando hacen tratativas.

DUDAN DEL GOBIERNO


Con los bárbaros «argentinismos» que acechan y con la discusión de ortodoxia pura o con algo de heterodoxia económica para superar la crisis, se duda si este gobierno y este Presidente pueden enfrentar problemas tan arduos. Si De la Rúa lo hace, aunque no haya inspirado y hasta haya dudado de las medidas, su primer año de gestión deberá ser elogiado. El hecho de que el Presidente se sintiera «más fuerte» cuando repuntaron circunstancialmente días pasados los mercados en función de no creer que triunfen posturas demagógicas ni «argentinismos» para superar el momento, no le hizo bien a su figura. El trascendido de anoche de que tendría dudas sobre firmar el decreto de necesidad y urgencia para eliminar las jubilaciones estatales menos habla aún en su favor por tratarse de la real y casi única medida de fondo para solucionar el déficit argentino, aunque sea en el largo plazo.

Que el ministro del Interior no tenga relevancia en un acuerdo en gestación con los gobernadores también habla de serias fallas estructurales del gobierno para afrontar una crisis como la actual, casi similar en gravedad a la primera hiperinflación de 1989.

Nadie lo desea pero hay que recordar que en la superación de crisis similares en gravedad en otros países cayeron altos funcionarios de sus gobiernos. El mandatario de Corea reflexionó a tiempo y siguió bien.

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