Néstor Kirchner, en el afán de volcar en su favor el resultado de la elección porteña, se puso en el borde del agravio al electorado del distrito al pedirle una «autocrítica» por haber votado en el pasado, dijo, a Fernando de la Rúa, Antonio Erman González, Carlos Menem y Enrique Olivera. «¡ Miren hacia atrás!», exclamó el Presidente. «Así como yo hago mi autocrítica, les ruego lo mismo a los porteños», exclamó casi como un reto por parte de quien, si busca votos, debería más halagar al electorado que despertarle los malos recuerdos.
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De la lista ominosa de los apoyos del pasado por parte del electorado de la Capital, el Presidente omitió el de Aníbal Ibarra, hoy socio oculto del gobierno, y también el de Domingo Cavallo, el hombre que manejó la economía de los años '90 en el país y a cuyas consignas el entonces gobernador de Santa Cruz apoyó como nadie.
Como faltan pocas horas para los comicios es inoportuno decir hoy si el discurso del Presidente es eficaz o no; él cree, sin embargo, que mortificar al electorado porteño atribuyéndole culpas por las adhesiones en el pasado puede atraer algún voto. Ya se verá.
El eje del discurso fue el de siempre, oponer lo viejo con lo nuevo. «Quienes destruyeron el país, los que se llevaron los ahorros -dijoKirchner-nofueron los empresarios ni los banqueros, sino esos dirigentes a los que los porteños apoyaron incondicionalmente». Ante eso, dijo, les pedía un cambio: «No un apoyo incondicional sino un apoyo crítico», por lo menos.
• Interrupciones
Sin mencionarlo casi al presente Bielsa, a quien abrazó varias veces, el Presidente avanzó dificultosamente en su discurso. Lo interrumpían las barras que jaleaban a «la gloriosa Jotapé» -reminiscencia montonera que motivó un cruce de guiños entre Presidente y canciller- y recordaban el viejo cántico de «Traigan al gorila musulmán/para que vea/ que este pueblo no cambia de idea/lleva la bandera/ de Evita y Perón».
Debió pedir varias veces silencio de la concurrencia que agitaba banderas argentinas con la esfinge del Che Guevara, algunas con los colores de Boca Juniors -un mensaje para Mauricio Macri- y otras del sindicalismo -mayoría del UPCN-, formación de los estatales que se identifica con gorritos blancos a la hora de encolumnarse hacia los micros que los trajeron de varios barrios porteños.
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