Todavía no hay fecha para las elecciones internas en el PJ, si es que alguna vez se producen. Ni siquiera la hay para los comicios generales, que dependen de una madeja legal en la que se contradicen las leyes con la Constitución. Sin embargo en los partidos despuntan los candidatos. Sobre todo en el PJ. No se trata de aspiraciones presidenciales, claro. Por ahora todos coinciden en que Néstor Kirchner tiene la pista libre para la reelección de 2007. Pero sí se insinúan algunas ambiciones para el más reducido reino partidario.
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Adolfo Rodríguez Saá ya habló con el Presidente sobre el tema. El puntano está empeñado en encabezar una confluencia de menemistas y duhaldistas para reclamar la jefatura partidaria, una vez que se abra el proceso de normalización del peronismo. En esa faena, «el Adolfo» tensa sus argumentosy sus diagnósticos más allá de lo aconsejable. En la última reunión con el Presidente, cuando hablaron de la agenda electoral, confesó: «Estás cumpliendo todos los sueños de cuando estuve en el poder, una semana». ¿Qué le dirá a Eduardo Camaño, su socio duhaldista en esta empresa de interna peronista?
Cualquiera sea el caso, hasta ahora el PJ parece organizado en dos corrientes: la del kirchnerismo, más que mayoritaria, y la de una alianza entre los ex presidentes de ese partido. Esto será así hasta dentro de 15 días. A esa altura ya habrá lanzado su línea interna un tercer actor: el salteño Juan Carlos Romero. Este gobernador, igual que Rodríguez Saá -su socio en la experiencia federal que sucedió a Fernando de la Rúa-, dan por segura la postulación de Kirchner para la reelección y su triunfo. Sin embargo parecen diferir en el cronograma interno.
Cuando se entrevistó con Kirchner, el puntano escuchó la promesa de que «en el primer trimestre del año próximo» se abriría el proceso interno del PJ. Para Romero esa fecha no debe ser tomada demasiado en serio. En la mesa de arena del salteño -donde elabora sus hipótesis su mano derecha en cuestiones políticas, Angel Torres- se prevé que el Presidente recién descongelará el partido cuando ya haya reconquistado el cargo que hoy ejerce. Es decir, volcará el peso de su reelección sobre la interna partidaria para condicionar su sucesión. «Antes de eso no necesita del PJ: hoy todos estamos, más lejos o más cerca, dando por supuesta su reelección».
Es en ese horizonte, heréticamente denominado «postkirchnerista», que Romero hará su lanzamiento. Todavía no decidió la forma que asumirá. Sí su definición política: «El pasado no debe ser una atadura pero el presente no contiene a todos». Doble referencia a su vínculo con Menem, a quien secundó en la fórmula de 2003 y a Kirchner, a quien no enfrentará en lo inmediato (es casi seguro que el salteño se lanzará por la senaduría de su distrito en las próximas elecciones).
Es probable, aún en medio de la imprecisión, que la presentación pública de su línea se realice en una universidad, bajo el paraguas de su Fundara, la fundación que organizó hace dos años. Romero supone que con ese entorno podrá iniciar un debate ideológico dentro del peronismo, confiado en que no todo el inventario de conceptos que mandan en la actualidad tendrá el mismo grado de supervivencia en un par de años. Aunque también analiza un lanzamiento menos letrado para su grupo: un acto en Salta, llenando el estadio Padre Matearena.
Cualquiera sea el packaging, en poco tiempo deberá este gobernador despejar otra incógnita para su aventura: cuáles son los dirigentes que, en el resto de las provincias, están dispuestos a acompañarlo con la vista en el segundo mandato de Kirchner.
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