Lo comunicó Domingo Cavallo en la reunión que mantuvo ayer, junto al resto de la cúpula del gobierno, con los gobernadores de provincias chicas del PJ: Carlos Ruckauf pactó el lunes con Eduardo Duhalde un ajuste severo en la provincia de Buenos Aires, que será propuesto a la Legislatura local. Uno de los mandatarios citó a Santo Tomás, «ver para creer» y le enmendó la plana otro, que re-cordó a Vicente Saadi: «Ni aun viendo, creo». Para la mayor parte de los peronistas, la única estrategia que domina a Ruckauf es apretar el acelerador en una corrida temeraria contra De la Rúa para saber quién de los dos cae primero de su butaca.
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Sin embargo, quienes mantuvieron ayer conversaciones con Ruckauf no verificaron esa imagen convencional: lucía moderado, circunspecto. Con un ojo puesto en la exhausta caja provincial (con dificultades hasta para pagar los sueldos) y el otro en los movimientos de Carlos Menem. «Sé que estoy acelerado, pero también puedo frenar; si me dan la plata, claro», se confesó el gobernador ante una de sus almohadas (usa varias).
Respecto de la concertación, Ruckauf planteó algo novedoso, al parecer surgido también de sus conversaciones con Duhalde: aceptar a Carlos Menem como una de las «matrices» del PJ. Las otras serían los gobernadores «federales» y los de las tres provincias grandes. El dise-ño está cargado con pólvora: a Menem se le dificultarían mucho las cosas en la interna si no cuenta con la alianza de por lo menos uno de los gobernadores «grandes». Sobre la base del diagrama imaginado por Ruckauf y Duhalde se crearían tres comisiones, con representación de las tres «matrices», para ofrecer políticas de consenso en materia social, económica y político-institucional. • Encuesta
La apertura de un espacio a Menem en la mesa de arena con que se disponen maniobras en La Plata es curiosa. Coincide, acaso, con la encuesta de Julio Aurelio que divulgaba ayer el propio gobernador bonaerense: «Cuando se le pregunta a la gente quién puede sacar al país de esta crisis, 17% me menciona a mí y 15%, a Carlos», insistió durante toda la mañana. Una versión distinta de la que expuso ante Chrystian Colombo el viernes pasado, cuando le dijo: «Yo no estoy con estos acuerdos que promovés vos, porque para mí De la Rúa, Cavallo y Menem son lo mismo». El jefe de Gabinete le contestó que «más que hablar de la interna peronista, prefiero que hablemos del presupuesto bonaerense, que lo veo tan comprometido». El gobernador, es cierto, había concurrido a reclamar u$s 100 millones de urgencia. Más tarde, el viaje de Cavallo a Estados Unidos y su regreso con un hilo de oxígeno hicieron que el ministro de Economía fuera excluido rápidamente de aquella trilogía maldita para Ruckauf: «Nosotros no tenemos problemas con Cavallo, no nos confundan», repetía Julio Macchi, su vocero, llamando a las redacciones para desalentar la idea de un conflicto abierto entre La Plata y Economía.
Apaciguado, Ruckauf está interesado en conocer el grado de participación que tendrá la Iglesia en la concertación con el gobierno, seguramente porque espera que esa institución envuelva también algún ajuste en su distrito. «Me da la impresión de que los obispos retrocedieron un paso en la concertación», le comentó, enigmático, a ese interlocutor de confianza.
Esta postura ecuánime, moderada, de Ruckauf, contrastaba anoche con la de la mayoría de los «ruckaufistas». Por ejemplo: Hugo Moyano se preparaba para, con 300 camiones, cortar todos los accesos a la Capital Federal. Es parte de un plan de lucha que continuará mañana con el paro con toma de edificios públicos y «batucadas» que llevará adelante el jefe de la CGT disidente.
Los senadores que responden al gobernador (Yoma, Capita-nich, Barrionuevo, Guinle, Pichetto, etc.), por su parte, se reunieron ayer en dos oportunidades con Ruckauf, en el Banco Provincia (al mediodía y a las 19). Salieron con bríos: «El problema no es Cavallo, sino De la Rúa», decían al unísono. Prometían que habrá enfrentamiento con el gobierno en el Congreso, con llamados a la Asamblea Legislativa, derogación de las facultades extraordinarias concedidas a Cavallo y hasta apelación al Pacto de San José de Flores para justificar el Patacón como moneda provincial: «Mi único problema es que la impre-sora es demasiado lenta», comentó el gobernador, en la intimidad de esa reunión con legisladores.
Cualquier observador de la conducta de Ruckauf podría quedar desconcertado con su ambigüedad. Pero bastaría rescatar que, como en sus orígenes, el gobernador sigue siendo un sindicalista. De los tradicionales, los de Vandor. Sólo que golpea y acaricia con tanta velocidad que, a veces, la mano es más rápida que la vista (de los que no lo conocen).
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