El sábado pegó el faltazo Alberto Fernández a la cena anual del gremio que lo soporta, el de los porteros, es decir el que le proporciona la principal estructura que puede tener hoy en la Capital Federal para un proyecto político, el jefe de Gabinete. Esa estructura hizo lo mismo antes con Gustavo Béliz, siempre cercano al sector servicios, la otra pata de apoyo del ex ministro fue el Sindicato de Amas de Casa, que creó el matrimonio Fondevila para el fallecido polemista Jorge Abelardo Ramos. Pablo Fondevila es hoy ministro de Pablo Lanusse; ella es Pimpi Colombo, hoy presidenta del Consejo del Menor, para rencor de Chiche Duhalde, que siempre creyó debía manejar esos asuntos. Las razones de la ausencia del jefe de Gabinete son comprensibles, ya que nunca los Santamaría y jefes del Sindicato de Porteros han logrado explicar las razones para sus sinuosos derroteros políticos (además siempre acechan las sombras de un juzgado): han transitado desde el menemismo al belicismo y de allí al ibarrismo -acompañaron la lista del jefe de Gobierno porteño para la reelección contra Mauricio Macri-. Hoy son el pie firme de Alberto Fernández en el intento de copamientodel PJ porteño. Fernández se justificó por el fin de semana largo -aunque se lo vio gritar goles en un palco VIP de River en el partido Argentina-Uruguay-y se hizo representar por su comisario en el gobierno de Ibarra, Héctor Capaccioli --secretario de Descentralización, es decir el encargado del armado barrial del fernandismo en la Capital Federal-. Una especie de ministerio del interior porteño que se justifica porque organiza desde hace años la postergada división de la ciudad en « comunas» barriales.
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Junto a los Santamaría -José y Víctor, padre e hijo-estaba otra aliada del jefe de Gabinete, la embarazadísima María Laura Leguizamón, que será noticia cuando anuncie desde el Senado su maternidad solteril. Mudísimo, el secretario de Seguridad, Alberto Iribarne, forzado por su función a no abrir la boca -es la orden del Presidente-pero también distante de los proyectos políticos de sus compañeros de mesa para Santiago del Estero, provincia que alimentó lo más jugoso de la charla política de la noche del sábado en la Rural. En efecto, en la mesa principal se lucieron Eduardo Luis Duhalde, padrino de la intervención en Santiago del Estero, donde se destaca Pablo Fondevila merced a otra resurrección setentista, una célula del FIP (Frente de Izquierda Popular, el partido del «Colorado» Ramos) que manejó cuando era joven desde la vecina Tucumán.
Con el concurso de esos ex FIP, Fondevila lleva adelante un proyecto bizarro de salida a la intervención Lanusse: apoyar la elección del intendente radical Gerardo Zamora al frente de una alianza «a la catamarqueña», es decir un jefe radical apoyado por peronistas disidentes. Con ese expediente,el peronismo perdió hace 10 años el control de Catamarca, otra provincia históricamente propia del PJ de la que apoderó la UCR aprovechándose de las peleas intestinas de los peronistas, entonces de Saadi, ahora de Juárez.
• Clave
El salón de la Rural era impresionante con 12 mil porteros y sus familias cenando al mismo tiempo: son el principal ejército sindical con que cuenta el peronismo en la Capital Federal; fueron la clave de las buenas elecciones de Béliz -solo o con Domingo Cavallo-y es un logro de Alberto F. haber podido contar con los argumentos suficientes como para hacerlo jugar hasta ahora a favor de sus proyectos.
Sobre Santiago hubo igual muchas preguntas para Eduardo Luis Duhalde, que son las mismas que le hacen en la Casa de Gobierno al jefe de Gabinete cuando lo ven apoyando la chance del candidato radical. ¿No sabían que Lanusse era radical, como así también el actual ministro de Economía provincial, José Dipólito, que heredó en el cargo a otro radical, Miguel Pesce, hoy en el Banco Central?
Responden que el radical Zamora está arriba de todos en las encuestas, pese a que el peronismo acapara las adhesiones por partido. Un argumento de hierro cuando se decide política en la Casa de Gobierno.
Esta ala UCR alimenta la estrategia presidencial de enfrentar al peronismo «viejo» de las provincias que representan los Juárez, pero se enfrenta con otros punteros del gabinete. Un ejemplo lo da Iribarne, presente en la mesa. Aunque milita junto al jefe de Gabinete, en este punto de Santiago está más cerca del ala que representa entre los ministros, Aníbal Fernández, «dueño» en el gabinete provincial de otro ministro, el quilmeño Daniel Bursi ( reemplazó a Luis Ilarregui, otro anibalista que se peleó con Lanusse).
Creen que es mejor apoyar a un peronista como los diputados Miguel Salím o José Figueroa, y retener la provincia para el peronismo aunque desde afuera los acusen de trabajar para ex juaristas. No hay peronista en esa provincia, argumentan, que no haya pasado por esa militancia; más aún, no está demostrado hasta ahora que Juárez haya perdido la varita mágica para señalar a quién será el nuevo gobernador.
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