Cualquiera sea el resultado de la elección del próximo domingo para el PJ, el cuadro político porteño tendrá un nuevo actor en la primera fila: Daniel Scioli tiene calculado reunirse con Néstor Kirchner y comunicarle su lanzamiento como candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
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El dato tiene significados múltiples. Por un lado, supone que Scioli no se halla en el molde presidencial que sueña para él Eduardo Duhalde, siempre calculando que las encuestas verdaderas sean las que realiza llevando la urna casa por casa (ésas le dan a su esposa Chiche 5% de diferencia con Cristina Kirchner).
El otro dato es que el vicepresidente piensa sincerar sus pretensiones porteñas fuera de cualquier acuerdo con Alberto Fernández. Esto es una verdad a medias: tal vez Fernández no tenga un candidato electoralmente superior a Scioli para 2007.
El tercer mensaje que tiene el plan del vice es que descarta un triunfo de Rafael Bielsa. O supone que, aún verificándose ese triunfo, contra lo que prometen todos los sondeos, el canciller no representa un peligro a enfrentar.
El resto son conjeturas: ¿se mantendrá el pacto Kirchner-Aníbal Ibarra para después de las elecciones? ¿O habrá una transición anticipada? Cualquiera sea el escenario, Scioli ya montó su centro de campaña en la planta baja de su casa, en el barrio de Abasto. Allí, en la antigua sede de su empresa Electrolux, instaló pantallas de plasma y computadoras en red. También la cartelería con la que se presentará ante el electorado: afiches con el Colón de fondo, si se trata de Cultura, o con imágenes de su carrera deportiva si hay que motivar al electorado que busca ese perfil. Como siempre que se trate de marketing, el vicepresidente no deja flanco librado al azar.
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