Daniel Scioli debutó ayer en una prolífica sesión en el Senado. En una demostración de ejecutividad y de dominio del reglamento, se votó en el recinto el Impuesto a los Combustibles (ICT) -una de las leyes clave pedidas por el Fondo y el ministro Roberto Lavagna-, y una de las normas del paquete antisecuestro. En el tercer día en su cargo, el vice se rodeó de radicales en la conducción del cuerpo en una postal inesperada.
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Al cambiar los secretarios administrativo y parlamentario -mudaron de cargos los que estaban en funciones y asumieron hombres de confianza de Scioli, con aval del peronismo-, los puestos de aquéllos fueron ocupados por Juan José Canals y José «Chiche» Canata, prosecretarios parlamentario y administrativo, respectivamente. Ambos dirigentes de extracción alfonsinista flanquearon al vicepresidente y colaboraron en el estreno.
La sesión, que comenzó a las 16.25 (una «puntualidad» pocas veces vista, si se tiene en cuenta que estaba convocada para las 15 y lo habitual es que se demoren más de 2 horas promedio), tuvo una primera parte cargada de emoción. Tras el agradecimiento del compañero de fórmula de Néstor Kirchner a los presentes, el temario se inició con una dedicatoria en memoria del diputado socialista Alfredo Bravo, quien -paradójicamente-mantenía una disputa judicial por la banca de la minoría porteña en la Cámara alta con el hoy ministro de Justicia, Gustavo Béliz. Los bloques homenajearon unánimemente al maestro y reciente candidato presidencial del reunificado PS que falleció el lunes a la madrugada.
A continuación, el cuerpo aceptó las renuncias de los secretarios administrativo y parlamentario, trámite previo a la designación de los reemplazantes acordados por el vicepresidente con el PJ senatorial. Scioli administró el uso de la palabra como si no fuese bisoño en el comando del plenario, aunque sin perder la seriedad. Tal cual adelantó este diario, le tocó tomarles juramento a los secretarios entrantes Juan Estrada (Parlamentaria) y Oscar Machiarolli (Administrativa), mientras el nuevo sistema de televisión seguía las secuencias.
Las despedidas a Juan Carlos Oyarzún y Jorge Amarfil, a cargo hasta ayer de las dependencias parlamentaria y administrativa, generaron una cadena de adhesiones. Miguel Angel Pichetto, en nombre del bloque oficialista, comenzó la serie de discursos de reconocimiento. «Oyarzún nos acompañó desde diciembre de 2001, en momentos difíciles del país», memoró el rionegrino, con el apoyo explícito de su colega radical Carlos Maestro. El fueguino Mario Daniele (PJ) le rindió tributo en representación de los comprovincianos de ambos y recordó que Oyarzún fue senador por el MoPoF hasta que accedió por primera vez a la secretaría en 1998.
Sobre Amarfil, Pichetto sostuvo que se trata de un «hombre joven que pertenece a la planta permanente» de la Cámara Alta. La duhaldista Mabel Müller, con una pincelada del conurbano, quiso mencionar que «Amarfil es de mi provincia y de la misma sección electoral que yo», algo sobresaliente a juicio de la representante del peronismo bonaerense que ya comenzó a extrañar a Eduardo Duhalde en la Casa de Gobierno.
•Nuevos destinos
Los funcionarios salientes no mudarán de poder del Estado, gracias al afecto que cosecharon en las bancas. Amarfil revistará en la Dirección General de Administración, en tanto que su otrora par de Tierra del Fuego tendrá funciones internacionales en la Bicameral del Parlamento Latinoamericano.
Los sustitutos fueron saludados, obviamente, con mayor entusiasmo. A Estrada, heredero de Oyarzún, se lo señaló como una figura de relevancia ligada al Congreso (viene de revistar en Diputados como secretario parlamentario -era Alberto Pierri- y, más recientemente, como prosecretario). Eduardo Menem reivindicó a Estrada por su actividad en la Convención Constituyente de Santa Fe, en 1994. Los senadores, con antecedentes en la Cámara baja, no escatimaron semblanzas favorables a Estrada, un verdadero especialista en materia legislativa. Respecto de Machiarolli, hubo algunas divergencias, ya que estuvo vinculado laboralmente al palacio de las leyes y se acogió al retiro voluntario a comienzos de la gestión de Fernando de la Rúa.
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