Scioli, un triunfo propio que "volteó" el ballottage

Política

Sin sombras, con un resultado abrumador, Daniel Scioli fue electo ayer gobernador de Buenos Aires. Lejos, más de 30 puntos atrás, la radical disidente Margarita Stolbizer y el empresario Francisco de Narváez forcejeaban por el segundo lugar en el podio bonaerense.

Concentrada en el conurbano profundo, la victoria -con un score del orden de 50%- fue un puntal para que Cristina de Kirchner supere el temible piso de 40% y se aleje, con holgura, del fantasma de tener que enfrentar un ballottage el 25 de noviembre.

Se recrea, con tibias diferencias, el escenario de 2003, cuando Néstor Kirchner logró colarse segundo gracias al aporte del aparato del PJ bonaerense. Con ese empuje arañó 23% y se metió en una segunda vuelta que no se hizo por la fuga de Carlos Menem.

Por lo pronto, el resultado no aportó sorpresas. Casi desde el minuto cero en que, sobre fines del año pasado -empujado por Néstor Kirchner -irrumpió en la grilla de postulantes a la sucesión de Felipe Solá, Scioli se instaló en los sondeos como un ganador seguro.

Y así fue: inevitable y previsible, aunque no menos explosiva, la victoria del vicepresidente fue masiva y genérica de punta a punta de la provincia, con pocas excepciones. Queda cerca del mejor Duhalde, el del 95, que extendió su marea a todos los municipios.

  • Confluencias

    La votación provincial tuvo, a grandes rasgos, dos factores confluyentes:

    1. La profusión de « colectoras» o boletas sumatorias produjo un efecto embudo: en el grueso de los distritos, la Casa Rosada habilitó dos o más listas K, con lo que tanto Scioli como Cristina de Kirchner recibieron votos de dos, tres o más «afluentes». Es más: el diseño concertador hizo que el FpV sume tanto desde el PJ más ortodoxo como Manuel Quindimil, radicales K como Gustavo Posse, socialistas y vecinalistas. Ese dato fue clave porque ensanchó el caudal del Frente para la Victoria (FpV), que le permitió compensar la mala -en algunos casos pésima -performance de la candidata oficial en las grandes ciudades, como Capital Federal, Rosario y Córdoba.

    2. Funcionó, en paralelo, el efecto arrastre que inyectó el candidato a gobernador y benefició tanto a la primera dama como, en algunos casos, a los intendentes. ¿Qué cambió para que Hugo Curto, por citar un ejemplo, no haya superado 25% en 2005 y ahora haya casi duplicado el porcentaje de votos de dos años atrás? En aquel año fue colgado de Chiche Duhalde; éste, va detrás de Scioli y de Cristina de Kirchner.

    Temprano, Scioli trotó por Tigre; luego, a las 10.30, fue a votar -a una escuela de Dique Luján -y al mediodía almorzó con su mujer, Karina Rabolini, su hija Lorena y un grupo de amigos, en su casa de ese distrito del conurbano norte. Allí esperó hasta que, a media tarde, apareció por su búnker.

    Allí, sobre las 20, habló anunciando su triunfo junto a su vice Alberto Balestrini. Prometió convocar a los opositores y a los que «no me votaron» y «trabajar» para dar «más seguridad, tranquilidad y trabajo» a los bonaerenses. Lo escoltó parte de su futuro gabinete.

    A esa hora, todavía no estaba despejada la incógnita sobre el segundo: Stolbizer, aliada de Elisa Carrió, y De Narváez, socio de Mauricio Macri pero sin candidato presidencial, pulseaban por quedar detrás de Scioli. La radical disidente tenía una luz de ventaja.

    Con los pocos datos oficiales que se conocían anoche también se sumaba a esa disputa Ricardo Alfonsín, una de las franquicias bonaerenses de Roberto Lavagna.
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