20 de marzo 2003 - 00:00

Se achicó el viaje de Duhalde

Carlos «Rucucu» Ruckauf ya tiene garantizado un lugar en la historia de la política exterior, en el rubro «disparates». Le había organizado a Eduardo Duhalde un viaje «de despedida» por Marruecos. La iniciativa ya encerraba un desafío a la lógica: ¿cómo despedirse de un lugar en el que nunca se estuvo anteriormente? Pero el canciller pecó también de inoportuno, como si no estuviera enterado de que el escenario internacional está preparado para una guerra que involucra al mundo árabe, al que pertenece Marruecos. Ruckauf estaría enterado de estas noticias: pasa casi todo el año cerca de la sede de Naciones Unidas visitando a su nieto y ha hecho volver a la Argentina a su hijo, también radicado en los Estados Unidos.

Ayer el Ministerio de Relaciones Exteriores debió enmendar ese desatino y resolvió suspender ese tramo del viaje presidencial, que se limitará a Roma. Duhalde estará en el Vaticano, que sostiene la posición pacifista que él abraza (explicó en público, en una declaración que habría que olvidar piadosamente, que lo hace por miedo a las represalias). Pero el Presidente irá también al encuentro de Silvio Berlusconi, quien con menos estridencia que hace un par de semanas, ha sostenido en Europa la posición de los Estados Unidos (lo que le valió, según la prensa italiana de centroizquierda, un reto del Papa en una comida privada). ¿Discutirá Duhalde con Berlusconi? ¿Qué dirá sobre la deuda externa en el país con más tenedores de bonos defaulteados después de la Argentina? Son preguntas que «Rucucu» no se hizo.

En cambio sí advirtió los mismos problemas en relación con España. Duhalde pensaba pasar por Madrid después de visitar Marruecos, pero también ese tramo del viaje fue suspendido. Aznar adoptó un altísimo perfil en relación con Irak, y el Presidente no está en condiciones de que este español lo vuelva a retar por su pacifismo (ya lo hizo en el último viaje, hablando de la necesidad de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional), como el Papa a Berlusconi, pero con argumentos simétricos. Además, el horno no está para bollos con España. El embajador Manuel Alabart está escaldado con Roberto Lavagna por la negativa del Ministerio de Economía a dejar salir del «corralito» a los depósitos que el gobierno español realizó en Buenos Aires para pagar pensiones a los ciudadanos de su país. El argumento de Madrid fue que para esos fondos debería reconocerse el mismo status que se les dio a los recursos de las embajadas.

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