Néstor Kirchner podrá decir que, antes de recibirlo pronto en su despacho, cumplió con el pedido más reciente de Hugo Moyano: el abogado del Sindicato de Camioneros, Juan Rinaldi, será el interventor de la Administración de Programas Especiales (APE) de Salud, desde donde se maneja la «caja» de las obras sociales, a partir del martes próximo. Le costará más al gremialista explicar a sus colegas del sindicalismo que Kirchner premió de ese modo a la CGT. Primero, porque Rinaldi es un empleado de Moyano, no del sector en su conjunto. Segundo, porque el Presidente dispuso que la APE renuncie a su autonomía y se convierta en una dependencia de la Superintendencia de Salud. Al frente de este organismo de control fue designado Héctor Capaccioli, secretario de Descentralización del Gobierno porteño, cargo al que llegó por su amistad con Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. Con Capaccioli volverá a la Superintendencia, como gerente general, uno de los funcionarios más caracterizados del menemismo en el manejo de esos fondos sindicales, el médico Néstor Vázquez. Ambito Financiero adelantó estas designaciones con detalle. Pero hay que volver sobre ellas para comprenderlas en todo su significado político:
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• En un plano general, Kirchner vuelve a apostar a que, entregándole prebendas a Moyano, controlará al sindicalismo en su conjunto. La preocupación por moderar al jefe de los camioneros y secretario general de la CGT es comprensible: ese gremialista ya anunció que en marzo va a renegociar el convenio de trabajo de su actividad, que ya se está convirtiendo en el «testigo» para toda la economía. En un momento en que el Presidente, en persona, se preocupa por cerrar acuerdos de precios con las entidades empresarias más diversas, un suba dramática en los salarios en el área de distribución y logística podría derribar fácilmente aquella arquitectura de por sí muy frágil. En otras palabras: Moyano tiene, en el poder de fuego de sus camiones, un arma letal en contra de la única política antiinflacionaria que está exhibiendo el gobierno. Por otra parte, si los camioneros deciden arrancar a sus empleadores salarios más abultados, es posible que desencadenen una espiral difícil de contener. Muchos gremialistas aspiran a que esto suceda: se lo dijeron a Moyano en la casa marplatense de Luis Barrionuevo el fin de semanapasado, como ya se publicó aquí: «Hugo, deberías pensar que en la renegociación de tu gremio tenés que arrastrarnos a muchos que no tenemos ese poder de bloqueo que te dan los camiones». . Sin embargo Kirchner resolvió limitar un poco lo que, graciosamente, le concede a Moyano. La APE es el organismo desde el cual, con algún margen de arbitrariedad, se reparten subsidios entre las obras sociales para las prestaciones de alta complejidad técnica o para aquellas que, siendo más simples, resultan muy caras. Es, por lo tanto, un resorte eficiente para la distribución de premios y castigos para los alineamientos políticos del sindicalismo. Como allí hay un sector que no está encolumnado detrás de Moyano, el de los « gordos» (Armando Cavalieri, Oscar Lescano, Carlos West Ocampo, José Pedraza, etc.), hubo quienes temieron que Rinaldi, el hombre del camionero en esa «caja» exija algún tipo de contraprestación para la extensión de los subsidios. Ginés González García, el ministro de Salud y principal contacto de los «gordos» con el gobierno, le abrió los ojos a Kirchner sobre esa posibilidad.
El santacruceño encontró un antídoto razonable: anular la independencia de la APE y subordinarla al superintendente. En este caso, Capaccioli. Este funcionario tiene un origen sindical que ya es borroso: perteneció hace mucho al gremio de los operadores de radio. Todo el mundo sabe que llega a su nuevo rol por impulso de su jefe Alberto Fernández. Pero Moyano pretende disimular esa situación. Reunido con Capaccioli, comenzó a darle golpes intermitentes en el hombro mientras, fija la mirada en los ojos del «albertista», le aclaraba: «Acá llegás por el movimiento obrero así que, andá sabiendo, en adelante reportás a mí». El operador radial parecía aquel Moisés Ikonicoff que, por distracción de Carlos Menem, terminó también aterrizando en la ANSSAL ( antiguo nombre de la Superintendencia). Duró dos días: el tiempo en que algunos amigos de Barrionuevo (entre ellos el fallecido Mario Frangella) lograron expulsarlo después de destrozarle los lentes sobre el suelo. Julio Bárbaro, quien en aquellos tiempos militaba en el menem-sanitarismo, recuerda exactamente el episodio y, casi seguro, celebraría su repetición: es que Capaccioli quiso soplarle su silla al frente del COMFER hace pocos meses. ¿Se animará Moyano a hacer lo que hizo Frangella?
• La respuesta a la pregunta anterior es «tal vez sí». Sucede que el camionero deberá demostrar al resto de los gremios que él no está garantizando el pacifismo de la CGT a cambio de empleos en la estructura inferior del Estado para sus empleados del sindicato. Cada vez está más claro que en el líder de los camioneros se cumple también la frase que su segundo, José Luis Lingieri, le dijo en la cara a Kirchner: «Néstor, vos te quedás con todo, acumulás poder, acumulás poder, pero nunca repartís nada».
• La restricción de poder hacia Moyano imaginada por el Presidente, es decir, la subordinación del sindicalista a Alberto Fernández en el campo de la Salud, abre un frente problemático. Ya el Banco Mundial había prescripto hace años que la APE no podía depender administrativamente de la Superintendencia ya que ésta es su organismo de control. En otras palabras, a partir de la reforma con la que se acompaña la llegada de este elenco a la «caja» sindical, Capaccioli será quien audite su propia firma. Una aberración que vuelve virtuosa por un momento las formas de fiscalización doméstica del matrimonio De Vido (él, ministro; ella, vicesíndica de la Nación).
• A propósito de De Vido, tal vez sueñe con convertir a Moyano en una lanza propia en los enfrentamientos con Alberto Fernández.Ya lo consiguió en el caso de Roberto Lavagna, a cuya gestión el sindicalista le hizo sonar el gong diciendo que «no sabe controlar la inflación». El arquitecto de Infraestructura tiene la siguiente instrucción del Presidente: «El día en que todos nos hayamos peleado con Moyano, vos le tenés que seguir atendiendo el teléfono, ¿ entendiste?». La rivalidad entre el jefe de Gabinete y De Vido alcanza ya la jerarquía de saga. ¿Se extiende también a la administración municipal? Fernández intentó reemplazar allí a su amigo Capaccioli por el jefe de los « jóvenes K», Nicolás Trotta. Pero el alcalde interino Jorge Telerman se lo impidió: hizo que la Secretaría de Descentralización quede subrogada en el secretario de Desarrollo Social, Sergio Beros, el hombre de su máxima confianza. «Estoy cumpliendo mi palabra, no designar gente en ausencia de Aníbal Ibarra» explicó Telerman a quienes le pedían por Trotta.
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