9 de marzo 2001 - 00:00

Se fue Meijide; será segunda de Colombo

El Frepaso resignó ayer la figura principal que conservaba en el gobierno, Graciela Fernández Meijide, al promover su renuncia al Ministerio de Desarrollo Social. La reemplazará un ex cavallista cercano a Chacho Alvarez, Marcos Makón, quien tendrá la misión de desfigurar ese ministerio y convertirlo en una "Agencia" que no sería más que un cambio de rótulo. Igual satisface a Fernando de la Rúa, que tenía en ella al ministro con menos prestigio de todo el gabinete. Satisface también a Alvarez, que logra establecer a cargo de una formidable caja política a un hombre que le responde fielmente, y ponerle a De la Rúa el nuevo secretario general de la Presidencia, el íntimo Ricardo Mitre. Este cambio es el preludio de otros. El gobierno piensa en una reducción de ministerios fusionando oficinas y funciones para llevarlos a la mitad de lo que son ahora. Las alternativas son diversas, desde fusionar Educación, Justicia y Trabajo, o llevarlas como secretarías a Economía, además de unir Salud y Desarrollo Social. Es polémico el nuevo destino de Meijide, la vicejefatura de Gabinete, debajo de Chrystian Colombo, la persona a quien ella acusa de haberla desbancado del gabinete. Allí cumplirá una tarea de vigilancia que complacerá a De la Rúa, a quien parece gustarle tener acotados a sus funcionarios por gente que le responde directamente a él, como ocurre en otros ministerios. Interesante jugada de Alvarez: se queda con una importante cartera con recursos que le da un poder que no tuvo cuando era vicepresidente. Además gana méritos ante De la Rúa por sacar a Meijide, algo que cree mejorará su posición para discutir candidaturas para sus seguidores en las próximas elecciones.

El Frepaso superó anoche la primera prueba de amor que le pidió el radicalismo para seguir manteniendo la Alianza en el gobierno: Chacho Alvarez suspendió su viaje a Canadá y logró bajar a Graciela Fernández Meijide de su cargo de ministra de Desarrollo Social. La reemplazará -como adelantó ayer este diario-el ex cavallista Marcos Makón. La funcionaria asumirá un cargo de menor exposición, casi decorativo, la vicejefatura de gabinete. Como premio a este parto que promueve Chacho a pedido de Fernando de la Rúa, el privadísimo del ex vicepresidente, Ricardo «El turco» Mitre, quedó finalmente habilitado para asumir en reemplazo de Horacio Jaunarena en la Secretaría General de la Presidencia.

El gobierno proyecta para el mediano plazo, además, una drástica fusión de ministerios para reducir las oficinas de ese nivel casi a la mitad.

La movida la precipitó en la noche del miércoles De la Rúa en una críptica cena en Olivos de la que participaron Chrystian Colombo y Ricardo López Murphy, y por la que pasó unos minutos el otro De la Rúa ministro, Jorge, de Justicia. Allí el Presidente escuchó el cronograma en tres tiempos que le acercaron Colombo y el jefe de Economía:

1) anuncio del equipo económico (acompañado esa noche de una carpeta de nombres que De la Rúa terminó recién entonces de aprobar);

2) lanzamiento de un plan económico negociado con la UCR y el Frepaso; 3) anuncio de cambios en la integración del gabinete. Este cronograma ocuparía la atención del gobierno hasta la semana que viene con un pico alto en los anuncios de las medidas entre martes y miércoles.

Quejas

De la Rúa, después de escuchar a los invitados, se quejó de los efectos negativos que percibía en los incontrolables rumores de cambios en el elenco de gobierno. «¿Por qué les pedimos a todos las renuncias?», se lamentó mirando a Colombo, a quien muchos le atribuyen ese reclamo colectivo de dimisiones que tantos heridos ha dejado como parte de un plan de copamiento general del gabinete que no pudo lograr. Con la mirada el jefe de Gabinete le respondió que la idea no había sido de él sino del Presidente. «¿Qué hacemos?», pidió De la Rúa, «Pinchemos el globo», aconsejó uno, que fue escuchado.

Esa es la razón por la cual ayer el gobierno apretó los tiempos, atacando en varios frentes.
López Murphy debió acelerar los últimos hilvanes sobre su equipo, incurriendo en alguna desprolijidad que el protagonista no olvidará. Como desbancar al alfonsinista Antonio Berhongaray de su cargo (Secretaría de Agricultura), cuando hace 48 horas lo habían confirmado, con su padrino fuera del país y sin que De la Rúa le hubiera levantado el teléfono a su amigo, el pampeano «Pacheco». Anoche éste negaba que será candidato a senador por su provincia. «No voy a disfrazar esto con la candidatura», dijo minutos después de atender en su despacho, en el palacete que ocupa en la avenida Paseo Colón, al futuro secretario de la Producción, Víctor Savanti. Este lo halagó recordando su amistad con Alfonsín (en los tiempos más duros del ex presidente, cuando el empresario animaba cenas con capitanes de la industria) y halagando la belleza del despacho que ocupó Berhongaray. Tanto que anoche se especulaba que en ese edificio se instale la cartera de la Producción.

Por otro frente,
Colombo y De la Rúa le reclamaron la gestión final de Alvarez ante Meijide para que dejase el ministerio a Makón. Esta se desayunó denunciando operaciones de prensa para inducir su renuncia, de las que culpó al «entorno del Presidente, que no quiere que siga existiendo la Alianza. Creo que se equivocan fiero», alardeó.

Esa atribución tenía nombre y apellido:
Chrystian Colombo. «He señalado fuertemente ante el jefe de Gabinete que espero que terminen estas operaciones. No porque lo haga responsable a él, sino porque es ante quien tengo que presentarlo para que se vea de dónde salen esas versiones y se frenen», explicó la saliente ministra en discutible concepto sobre lo que hacen los periodistas.

Aceptación

Alvarez la interceptó antes de que viajase a Neuquén, santuario frepasista, pero «Ella» logró que todo se postergase hasta la noche. Le hubiera arruinado su último viaje como ministra nada menos que al único distrito del interior donde el Frepaso fue importante (el fallecido obispo De Nevares logró allí un triunfo aplastante de esa fuerza en la elección nacional de 1994 a convencionales constituyentes). La esperó hasta anoche, previa suspensión del viaje a Canadá para un tour de conferencias, en la Casa del Frente. El aguante lo extendió el ex vicepresidente en una extensa peña por la que transitaron las principales espadas del Frepaso (Darío Alessandro, José Vitar, Rodolfo Rodil, el propio Mitre y Aníbal Ibarra, que entraba por teléfono).

«Ella» deliberó, al llegar de Neuquén, en un diálogo muy tenso con
Alvarez, los detalles de la salida. Su distancia del ex vice es inmensa, casi insalvable, como que Chacho pedía su cabeza hace rato aunque intentó que fuera De la Rúa el ejecutor. En fría pulseada termina ganando el Presidente porque Chacho paga el costo. El consuelo a Meijide de estar debajo de Colombo hasta nuevo aviso era inevitable y cumple otro viejo axioma de De la Rúa: Graciela es la Alianza y tiene que estar adentro del gobierno.

Igualmente, Chacho simuló con acierto la emoción de la hora como una refundación de las relaciones con la UCR, es decir con el gobierno. Algo similar hizo al recibirla en su despacho De la Rúa, curioseado de lejos por secretarios, amanuenses, edecanes, moviconeros y choferes de entorno que, es cierto, dedicaron el último año a pinchar fotos de «Ella» esperando la hora de anoche.

Ante
De la Rúa, Meijide aceptó el enroque con que se disfraza su final como ministra del gobierno al que ayudó a construir de manera principal y del que sale para que ingrese, casi como un castigo para lo que ella es y significa, un Manuel Solanet.

En la nueva función,
Meijide tendrá oportunidad de tomar represalias sobre su nuevo jefe, Colombo, a quien atribuye su despido, con una vigilancia paso a paso, hora a hora, que hará las delicias del propio De la Rúa. Este la pone allí para controlar a su propio jefe de Gabinete, fiel al viejo lema de que en el castigo está la penitencia.

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